Cuando escuchamos la palabra “trauma”, muchas veces pensamos en algo difícil que ocurrió en el pasado: un accidente, una pérdida, violencia, abuso o una situación en la que alguien sintió que su seguridad estaba en peligro. Sin embargo, para algunas personas, el trauma no se queda solamente en el pasado.

foto de Mónica Grijalva Ruiz

Sus efectos pueden aparecer años después en situaciones normales: una discusión con la pareja, una crítica en el trabajo, alguien que no responde un mensaje o hasta un momento de tranquilidad.

El trastorno de estrés postraumático (TEPT), y del trastorno de estrés postraumático complejo pueden afectar la vida cotidiana de diferentes maneras. Una forma sencilla de entender el TEPT es imaginar una alarma. Cuando existe peligro, esa alarma nos ayuda a reaccionar y protegernos. El problema aparece cuando el peligro termina, pero la alarma continúa encendida.

Una persona puede tener pesadillas, recuerdos negativos, problemas para dormir o dificultad para sentirse segura. También pueden evitar lugares, conversaciones o personas que le recuerden lo sucedido.

Desde afuera, alguien podría decir, “Pero eso ya pasó”. Y sí, ya pasó. Pero saber que algo terminó no siempre significa sentirse seguro nuevamente.

Por ejemplo, alguien que sufrió un accidente puede sentir ansiedad al manejar. Una persona que vivió violencia puede sobresaltarse con ciertos sonidos. Incluso una canción, un olor o una frase pueden provocar emociones inesperadas.

No significa que la persona quiera vivir en el pasado. A veces su mente y su cuerpo simplemente aprendieron a mantenerse preparados para el peligro.

¿Qué hace diferente el TEPT complejo? El TEPT complejo puede afectar no solamente cómo reaccionamos ante ciertos recuerdos, sino también nuestras relaciones, emociones y la forma en que nos vemos.

Una manera para pensarlo es que el trauma puede dejar la sensación de “algo malo me ocurrió”, mientras que experiencias difíciles repetidas pueden llevar a alguien a sentir “hay algo malo en mí”.

Imaginemos a un niño que crece en un hogar donde nunca sabe cuándo alguien se va a enojar. Puede aprender a observar cada gesto y cambio en el tono de voz. “¿Está enojado? ¿Hice algo mal? ¿Será mejor quedarme callado?”

En ese momento, estar pendiente puede ayudarlo a protegerse. Pero ese niño eventualmente se convierte en adulto. Años después, puede seguir observando cuidadosamente el tono de voz de su pareja, familiares o compañeros de trabajo. Un mensaje sin respuesta puede sentirse como rechazo. Una discusión pequeña puede sentirse como si toda la relación estuviera en peligro.

Para alguien que observa desde afuera, la reacción puede parecer exagerada. Cuando conocemos la historia detrás de ella, puede tener más sentido.

El trauma no siempre aparece de manera “dramática”. Puede aparecer cuando el jefe dice, “Necesito hablar contigo”. Cuando la pareja está más callada de lo normal. Cuando recibimos una crítica o cometemos un error. 

Una persona puede pensar inmediatamente, “Hice algo mal.” Otra puede sentir que será abandonada. Alguien puede ponerse a la defensiva, mientras otra persona se queda completamente callada.

Estas reacciones pueden ser interpretadas como ser “dramático”, “enojón”, “frío” o “demasiado sensible”. Sin embargo, quizá vale la pena preguntarnos, ¿qué aprendió esta persona que tenía que hacer para sentirse segura?

No todos reaccionamos al miedo de la misma manera. Algunas personas pelean y se ponen rápidamente a la defensiva. Otras escapan y evitan conversaciones difíciles. Algunas se paralizan y se quedan en blanco durante una discusión. Otras aprenden a complacer. Dicen “sí” cuando quieren decir “no”, se disculpan constantemente o sienten culpa cuando intentan poner límites.

Aunque estas respuestas parecen diferentes, pueden tener algo en común, un intento de encontrar seguridad.

Las relaciones pueden ser uno de los lugares donde más se nota el trauma complejo.

Una persona puede querer profundamente a alguien y aun así tener dificultad para confiar. Puede interpretar el silencio como rechazo o sentir que una discusión significa que la relación va a terminar.

Otras personas se vuelven extremadamente independientes. “Yo puedo sola.” “No necesito ayuda.” “Prefiero hacerlo yo.” A veces esto es independencia saludable. Otras veces puede esconder una experiencia aprendida: depender de alguien nunca se sintió seguro.

Así, una persona puede querer cercanía y al mismo tiempo sentir miedo cuando alguien se acerca demasiado.

El trauma no siempre se presenta como tristeza o miedo. Puede parecer irritabilidad, perfeccionismo, necesidad de control, aislamiento, dificultad para pedir ayuda o trabajar demasiado. También puede aparecer como no saber decir “no”, sentirse responsable por las emociones de todos o alejarse antes de que alguien tenga la oportunidad de abandonarnos.

Esto no significa que cada comportamiento difícil sea resultado de un trauma. Tampoco significa que una experiencia dolorosa justifique lastimar a otras personas. Comprender una conducta no significa justificarla.

Algunas personas aprendieron a quedarse calladas. Otras aprendieron a pelear, complacer a todos o no depender de nadie.

Esas estrategias pudieron ayudarlas a sobrevivir en algún momento, pero no necesariamente tienen que acompañarlas para siempre.

Hablar del TEPT y del TEPT complejo no es solamente hablar de lo que ocurrió. También es reconocer cómo una persona aprendió a sobrevivir. Porque, a veces, la parte más difícil no es saber que el pasado terminó, es comenzar a sentir que estamos seguros.

Armonia Mental