El mes pasado tuve la suerte de tomarme 3 semanas de descanso del trabajo — el mayor tiempo que me he tomado en mi vida. Era más que necesario, ya que mi salud mental había bajado y no tenía la energía para lidiar con lo que estaba pasando ahí adentro. 

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Lo que hacía era llenar cada momento del día con ruido para no tener ni la más mínima oportunidad de procesar cualquier pensamiento que apareciera. Me alimentaba de podcasts, música, videos, lo que fuera que sirviera de distracción. A eso le llamo “warpear” o evadir. Pasaba días en ese piloto automático de mal humor, distraído y desinteresado, hasta que chocaba contra una o dos horas de lucidez donde por fin procesaba algo de mi acumulado emocional, quizás lloraba, expresaba una insatisfacción intensa y en última instancia me enfrentaba a una corazonada repetida de que algo necesita cambiar. Después de no encontrar la solución, o quizás el valor para crearla, me ponía los audífonos y warpeaba de nuevo. 

Así que tuve que obligarme a dejar de warpear. Y la mejor manera de hacerlo era alejarme de mis rutinas. Pedí tiempo extendido en el trabajo y me lo dieron. Me decidí en un viaje de más de 3,300 millas manejando yo solo, interrumpido por algunas estadías en lugares con personas que en algún momento significaron mucho para mí. 

De ese tiempo libre aprendí tres cosas. 

Una. Todos estamos buscando algo. Es fácil olvidar que tus sentimientos y problemas no son únicos. No sé si son los tiempos que vivimos, o que la mayoría de mis amigos ya está saliendo de sus veintes, o ambas cosas, pero todos con los que hablé en mis viajes traían sus insatisfacciones puestas en la cara. Una vez tuve una conversación con una chica sobre cómo ella solo quería dos o tres opciones de salsa BBQ en el súper porque tomar decisiones le resultaba demasiado difícil. Ahora que llevo más de diez años tomando las riendas de mi vida adulta, lo entiendo perfectamente. Las opciones se vuelven intimidantes. ¿Estoy tomando la decisión correcta? ¿Y si me arrepiento de no haber elegido aquello? 

Una decepción enorme de la vida es que no puedes ser todos, así que simplemente te pierdes de la variedad que la humanidad tiene para ofrecer. Los más iluminados que nosotros nos dirán que eso es lo que hace la vida aún más dulce y que deberíamos saborear la vida que tenemos. 

Pero qué coraje me da de todas formas. La gente tiene un superpoder para arreglárselas. Los que están buscando van a encontrar algo. Quizás no lo que buscan, quizás lo que necesitan. Pero en última instancia lo tendrán que aceptar como suyo. Y gran parte de la felicidad en la vida depende de qué tan bien puedas aceptar la distancia entre lo que quieres y lo que tienes. 

Dos. A donde quiera que iba, ahí estaba yo. Quisiera poder decir que regresé siendo una persona diferente. Pero me di cuenta temprano de que podía escapar de mis circunstancias pero no podía deshacerme de mí mismo. A veces quisiera poder viajar a algún lugar y simplemente convertirme en otra persona. Dejar mis cosas en casa y asumir la vida de un desconocido. No porque sus problemas fueran más fáciles de cargar, sino porque podría simplemente soltar mis compromisos sin culpa en lugar de tener que enfrentarlos. A donde quiera que fuera, seguía siendo yo quien tenía que lidiar con eso. 

Tres. Prefiero lidiar con las consecuencias de actuar con convicción que aguantar el anhelo que viene de jugar a lo seguro. Si llevas tiempo esperando que llegue lo siguiente y ya ha pasado un rato, quizás es hora de tomar las cosas en tus propias manos. Siempre he sido algo cobarde. Me gusta parecer que tengo todo bajo control, pero en realidad soy muy bueno jugando a lo seguro para siempre salir ganando. Vale la pena practicar el valor porque nunca sabes cuándo de verdad lo vas a necesitar y quieres que esté fuerte cuando lo llames. Me gustaría irme de este mundo sabiendo que más seguido de lo que no, elegí actuar en lugar de dejar que las cosas se desenvolvieran solas. Porque o vives en un mundo que elegiste y del que estás orgulloso, o en un mundo en el que no tuviste voz y del que te quejas. 

Ahora estoy de vuelta en casa, de vuelta en mi oficina, de vuelta al trabajo. No ha cambiado mucho. Pero regresé con un plan para poner las cosas en movimiento en algunas áreas clave de mi vida y con suficiente convicción prestada de la gente que conocí en el camino como para realmente mantenerlo. Y eso le da a mis días la energía y el gusto que me habían faltado. 

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