A pesar de ser esta una columna con temáticas sobre el arte y la creatividad, me parece importante abordar el tema de la justicia lingüística, ya que nos afecta a todos. Más allá de los que vivimos en un mundo bilingüe, hay un cierto nivel de orgullo por nuestra lengua natal que todos compartimos, como si fuera la bandera misma que llevamos envuelta para representar nuestra cultura.
Sofia Chaparro es profesora de Educación para la diversidad cultural y lingüística de la Universidad de Colorado en Denver (CU Denver). Chaparro es Doctora de filosofía en educación y obtuvo un máster en educación con especialización en la enseñanza a estudiantes de inglés como lengua extranjera.
Originaria de El Paso, Texas, Chaparro ha vivido en carne y hueso la diversidad cultural y lingüística aparte de su experiencia profesional y académica. Hace unos meses atrás, Chaparro animó un taller llamado Linguistic Justice, Justicia lingüística, organizado por Manaus Fund Equity Speaker Series Symposium. Su presentación abrio con una cita por la activista y feminista chicana Gloria Azaldúa:
“Así que, si quieres hacerme daño de verdad, habla mal de mi lengua. La identidad étnica es piel gemela con la identidad lingüística: yo soy mi lengua. Hasta que no pueda enorgullecerme de mi lengua, no podré sentirme orgullosa de mí misma”.
Chaparro recuerda su propia crianza cuando de niña navegaba en un mundo transnacional, como ella así lo llama, donde se hablaba inglés y español por igual y donde ambos idiomas se valoraban entre la frontera de El Paso y Ciudad Juárez. Con un padre bibliotecario y su madre en educación bilingüe, Chaparro recuerda que hablar ambos idiomas era algo que se enfatizaba en su hogar y se fomento al cruzar la frontera de Juárez a El Paso a diario para asistir a la secundaria y preparatoria.
“Desde siempre me identifico mucho con ser mexicana, con hablar español y siempre me encanto la educación”.
Atribuye su amor por la educación y el aprendizaje al ejemplo de sus padres, ambos educadores, y por la experiencia que tuvo en la primaria en una escuela Montessori en Ciudad Juárez. “Creo que esas dos pasiones, por el aprendizaje y por el idioma, me llevaron a querer ser maestra”, dijo Chaparro.
Pero en contraste a su experiencia personal en un área del país donde se celebraba el bilingüismo, y la habilidad de hablar el español “bien”, su primera experiencia como maestra bilingüe fue en las escuelas públicas de Boston donde la cultura valoraba el idioma de forma diferente. “Los niños migrantes llegan con este gran regalo, este gran don, este gran talento de su idioma, su cultura, sus tradiciones y ¿por qué en las escuelas se los quitamos? ¿Por qué les robamos ese regalo?”
Al contrario, Chaparro piensa que hay que desarrollar ese talento, fomentarlo y valorarlo. “Me fui dando cuenta de adulto que no todo mundo había tenido una experiencia tan positiva como yo”. Fue esta realización la que impulsó a Chaparro a hacer algo más. Se convirtió en su misión personal hacer el cambio y tener un mayor impacto en el sistema educativo para que su experiencia no fuera única.
Esto la llevó al doctorado en Philadelphia, esta experiencia fue el punto crucial donde profundizó su conocimiento del idioma. Se expuso a puntos de vista más críticos hacia el mundo y a analizar la inequidad en las escuelas que antes como maestra no veía. Como la diferencia entre los privilegios que gozaban sus estudiantes blancos que hablaban español, o sus niños como ella les dice, a comparación a sus niños latinos que hablan inglés a pesar de ser una escuela de inmersión.
“Hay una ideología muy fuerte, [que dice] aquí estamos en los Estados Unidos, aquí se habla inglés”. Chaparro hace referencia al movimiento, English Only, Solamente inglés, que tiene una larga historia desde principios de los 1900 con el presidente Theodor Roosevelt y que aún continúa. En 1998, la proposición 227, hizo ilegal la educación bilingüe en el estado de California a pesar de que se esperaba un incremento en la población latina de 83% entre los años 1990 a 2010 de acuerdo a 1998 Cal Facts California’s Demographics.
Chaparro dice que desde estos movimientos, los programas bilingües se convirtieron en programas de transición. Es decir, ¿cómo podemos acelerar el proceso para que aprendan inglés lo más pronto posible? En vez de preservar y fomentar el idioma que ya existía.
“Recuerdo que me atraparon hablando español en el recreo – que era bueno para los tres golpes en los nudillos con una regla afilada. Recuerdo que me mandaban al esquina de la clase por “contestarle” a la profesora anglosajona cuando lo único que intentaba era decirle cómo pronunciar mi nombre. “Si quieres ser americano, habla ‘americano’. Si no te gusta, regresa a México, donde perteneces”, escribe Anzaldúa en Borderlands: La Frontera en 1987.
Durante su presentación, Chaparro compartió su investigación; transcripciones de entrevistas en forma de poemas con madres de hijos en programas bilingües. Pero incluso dentro de estos grupos, a pesar de que habían madres que querían preservar el idioma, también habían mujeres que preferían que sus hijos perdieran su lengua natal completamente para así asimilarse mejor a su nuevo hogar.
El trabajo de Chaparro continua, pero como hispanohablantes y anglófonos nosotros también tenemos la decisión de preservar nuestro idioma, nuestra cultura, o modificar el idioma al espanglish que muchos ya navegamos y nos ayuda a deslizarnos de una cultura a la otra. Porque el español es tan mío como es tuyo, y el inglés es tan tuyo como lo es mío.
