¿Dónde aprendiste el español? 

Esa pregunta sencilla siempre ha sido difícil de contestar. 

Owen McArdle
Owen McArdle, editor de Sol del Valle. Foto por Miah Cornett

¿Fue en el kínder, cuando aprendí a nombrar números y colores? ¿En la escuela secundaria, mientras me rompía la cabeza buscando definiciones en mis libros de texto? ¿O en la universidad, cuando decidí estudiar español?

La respuesta verdadera es que no fue en ninguno de esos lugares. Empecé a aprender español de verdad en el mismo lugar donde me enamoré del idioma. No en las páginas de un diccionario, sino a través de las conversaciones con mis compañeros de trabajo en una tienda de comida italiana en mi pueblo natal en Arlington, Virginia. Tres mujeres, originarias de Guatemala, El Salvador y Colombia me enseñaron palabras y dichos de sus países mientras ganaban $13 por hora, lo mismo que yo, un chico de 14 años. 

Mientras mi español seguía mejorando, aprendí que ellas habían obtenido títulos universitarios para ejercer como abogadas o administradoras de empresas en sus países de origen, que sus hijas tocaban el piano, que tenían hermanos o padres en cuatro países distintos. Aprendí todo esto mientras los clientes las miraban por encima, solo porque no podían entenderlas.

Cuando llegué a la universidad, me involucré con la comunidad latina de mi universidad y la comunidad local de Charlottesville, Virginia. Empecé a trabajar como voluntario y tutor con una organización sin fines de lucro que ofrecía clases de inglés para adultos hispanohablantes. También colaboré estrechamente con profesores y otros miembros del personal universitario para establecer nuevos programas en la universidad, como un programa piloto de integración de idiomas en el plan de estudios y un programa de intercambio cultural para empleados y estudiantes internacionales de la universidad. 

Volví a escuchar las historias de personas interesantes, de artistas, de emprendedores y de visionarios. Había un montón de voces increíbles que no tenían dónde compartir sus historias. Había una barrera del idioma tan grande que las dos comunidades casi ni siquiera sabían de la existencia de la otra. 

Fue entonces cuando descubrí el periodismo.

Dos de mis profesoras de español, una española y una mexicana, reconocieron la importancia de crear una fuente de noticias que se publicaba en español y decidieron formar una revista trilingüe del departamento de español, italiano y portugués en la Universidad de Virginia. La revista se llamaba ‘La UVA’. 

Trabajé con ellas durante mi último año en la universidad para preparar la primera edición de la revista, que celebraba el papel de los idiomas en la comunidad local y en la comunidad universitaria. Con contenido publicado originalmente en español y también traducido al inglés, sentí que había hecho una brecha significante en el muro que separaba las dos comunidades.

Como el nuevo editor de Sol del Valle, me emociona mucho la oportunidad de seguir haciendo que el único periódico en español de los valles Roaring Fork y Río Colorado sea una plataforma para las voces, las historias, los artistas y los negocios latinos que existen en esta región. 

Mis objetivos como editor son ampliar la cobertura de las noticias del valle bajo y del valle Río Colorado, publicar más contenido original en español escrito por latinos y ver Sol del Valle crecer junto con esta comunidad.

Más que nada, quiero conocerlos a todos ustedes, compartir sus historias, escuchar sus comentarios y seguir aprendiendo y creciendo como editor de Sol del Valle y como miembro recién llegado a esta preciosa comunidad.

Este periódico es tuyo. Siempre estoy abierto a sugerencias, comentarios y colaboraciones. Sol del Valle existe para servir a la comunidad hispanohablante y no sería posible sin nuestros lectores, donantes y anunciantes. Tu participación hace que el Sol brille cada día un poco más fuerte. Por favor, siéntete libre de enviarme un mensaje a owen@soldelvalle.org. Me encantaría conocer tu perspectiva, tus opiniones y tu visión para este periódico.