Siempre me ha apasionado la obra de J. R. R. Tolkien. Bueno, parte de su extensa obra, porque llegar a leerlo completamente requeriría años de lectura sin parar. Para quienes no lo conocen, es el genio escritor de El Señor de los Anillos y El Hobbit.

Este man fue un genio, prácticamente el inventor de la fantasía moderna, pero lo que más me ha impresionado de su obra es su capacidad de inventar distintos clanes o grupos de personajes ficticios con el fin de representar la realidad social y los sentimientos humanos.
El caso es que Tolkien inventó la Tierra Media, Middle-earth. Un mundo fantástico basado en la historia de la sociedad occidental. Y son varios grupos humanizados los que la habitan. Su obra está llena de analogías que hoy en día utilizo personalmente para entender el mundo cotidiano, la política y muchas culturas. Me gustaría explicarlo desde mi propia interpretación, aquella que me sirve para entender el jodido mundo en el que vivimos.
Bien, el primer grupo son los Elfos. Aquellas criaturas rubias, altas, bellas, cuasi inmortales, bien habladas y versadas en el arte de la guerra. Algunos estudios dicen que Tolkien se inspiró en los nórdicos, es decir: suecos, daneses, finlandeses… ¿Su problema? El ego y la soberbia.
Para mí son los mismos Elfos que para el autor: gente linda, europeos intelectualmente avanzados, buenos lectores y estudiosos de su cultura. Hay que ver cómo se comportan en los mundiales de fútbol, las empresas que crean, sus ciudades y sobre todo su sistema sociopolítico. Esta élite intelectual que sabe organizar sus países a través del socialismo pragmático y el estado del bienestar. Gente classy, linda, avanzada, competitiva y, sí, ególatra.
El otro grupo que llama mi atención son Los Enanos. Gente de montaña, mineros arraigados a sus tradiciones, rudos pero informados, guerreros, trabajadores. Pero lo más importante de todo: codiciosos. ¿Para mí? Las montañas de Colorado están llenas de enanos. “Excavaron tanto buscando oro que despertaron al dragón”. Esa fue su destrucción. Atesoran riquezas en la montaña, algo que los deja aislados, viviendo en una burbuja inmobiliaria y cultural. La codicia es su perdición. Miran hacia adentro, pocas veces hacia fuera de las minas de Moria.
Luego vienen Los Hobbits. Frodo y sus amigos. Los medianos que viven en una comarca. Según interpretaciones, eran los irlandeses. Para mí es la comunidad latina o los hispanos de Europa. Personas con vidas sencillas y humildes, trabajadores, arraigados al costumbrismo, habitantes de una comarca llamada bi-culturalidad. Por medio del anillo, el destino de la existencia de muchos estaba en sus manos. Así como la economía y la cultura de este país está en sus manos. Los que cargan el anillo, o la cruz de ser nobles migrantes y verse diferentes.
Luego están los Orcos. Mis favoritos a la hora de compararlos con los humanos de a de veras. Se dice que son Elfos corrompidos, deformados. Quienes antes eran rectos y éticos, ahora son criaturas casi despreciables, mono-neuronales, fabricados, no engendrados.
Cuando conduzco por Commerce City y veo lo antiestético de las edificaciones industriales, siempre me acuerdo de Mordor, lugar que representa la maldad. En donde “hacían” a los Orcos. Con humor siempre le comento a quien quiera que sea mi copiloto: “Mira, es ahí en donde fabrican a los Trump supporters”.
Y no puedo terminar esta columna sin la honrosa mención a Gollum. Esa famosa criatura que repite con voz pantanosa “Mi preciosoooo…”, quien antes era un Hobbit, pero se corrompió con el poder de un anillo. Otro deformado, que nos recuerda el destino de quienes se dejan corromper con tan poco. Con cualquier cosa literalmente, un pedazo de metal, algo de dinero, una posición de poder, un radio en la mano que indique que eres un supervisor. Gollum es uno de mis favoritos porque representa perfectamente cómo se vería un alma corrompida bajo una forma humanoide.
La fantasía siempre ha sido un género vehículo (así como el humor) que sirve para hacer crítica política, social y cultural, y elevar los temas más humanos. También para representar e imaginar un mundo. El mismo Tolkien escribe que “el corazón de los hombres se corrompe con facilidad”. No es exclusivamente propiedad de los geeks que fervorosamente la defienden y hacen un gran trabajo en preservarla. Es una manera de comprender la realidad y también reflexionar sobre la misma.
Todos tenemos un anillo, un “precioso” que nos negamos a soltar, ya sea material, emocional o espiritual, que nos vuelve Gollum, Orcos, Elfos o Enanos.
