Últimamente escuchamos hablar mucho sobre las proteínas y los péptidos. Hoy abordaremos el tema de los péptidos, basándonos en un artículo publicado en Wellness Letter, una publicación de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de California en Berkeley.

El artículo comienza con una advertencia: que un producto esté disponible no significa que sea seguro ni eficaz.
Al igual que las proteínas, los péptidos están formados por cadenas de aminoácidos, aunque más cortas. Nuestro organismo produce miles de péptidos que ayudan a regular funciones importantes, como la producción de hormonas, el sistema inmunológico y el crecimiento celular. La insulina, por ejemplo, es un péptido natural, al igual que el GLP-1, una hormona en la que se basan medicamentos utilizados para tratar la diabetes y la obesidad.
Actualmente, los péptidos sintéticos experimentales están siendo promocionados en internet por personas influyentes en los ámbitos del bienestar y el fisicoculturismo. Muchos de estos promotores tienen intereses comerciales porque venden los mismos productos que recomiendan y carecen de preparación profesional para ofrecer consejos de salud basados en evidencia científica.
Estos productos prometen mejorar el metabolismo, aumentar la masa muscular, acelerar la recuperación después del ejercicio, fortalecer el sistema inmunológico, retrasar el envejecimiento y favorecer la cicatrización de heridas. Sin embargo, muchas de estas afirmaciones no cuentan con estudios científicos suficientes que demuestren su seguridad y eficacia.
A diferencia de estos productos experimentales, la insulina y los medicamentos basados en GLP-1 aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) fueron sometidos a estudios clínicos rigurosos antes de recibir autorización.
En 2023, debido a preocupaciones sobre su seguridad y a la falta de evidencia científica, la FDA clasificó determinados péptidos utilizados en preparaciones farmacéuticas en una categoría que restringía su elaboración.
El actual secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., ha expresado públicamente su apoyo a los péptidos sintéticos, mencionando incluso una experiencia personal favorable con uno de estos productos. Sin embargo, las experiencias individuales no sustituyen los estudios científicos necesarios para recomendar tratamientos a la población.
En 2026, la administración federal impulsó cambios en la regulación de estos productos, generando preocupación sobre la importancia de mantener estándares científicos rigurosos y evitar conflictos de interés en las decisiones relacionadas con la salud pública.
Algunos péptidos sintéticos pueden adquirirse fácilmente por internet, incluso de proveedores extranjeros cuya confiabilidad es cuestionable. Algunos productos no fueron diseñados para uso humano y podrían contener ingredientes diferentes de los indicados en sus etiquetas o estar contaminados con sustancias potencialmente tóxicas.
Los medicamentos basados en GLP-1 pueden provocar efectos secundarios gastrointestinales y, en casos poco frecuentes, pancreatitis. Sin embargo, los posibles efectos adversos de muchos péptidos experimentales siguen siendo desconocidos debido a la falta de investigaciones suficientes.
Una preocupación adicional es que ciertos péptidos pueden estimular la angiogénesis, es decir, la formación de nuevos vasos sanguíneos. Aunque este proceso puede favorecer la cicatrización, también existe preocupación sobre su posible relación con el crecimiento o la propagación de células cancerosas. Este riesgo requiere mayor investigación.
El Instituto ECRI, una organización independiente dedicada a la investigación en salud, y el Instituto para el Uso Seguro de los Medicamentos (ISMP, por sus siglas en inglés) han expresado su preocupación por las empresas que promocionan y venden péptidos sin evidencia clínica suficiente que respalde su seguridad y eficacia.
Es posible que algunos péptidos sintéticos demuestren beneficios médicos en el futuro, especialmente para la cicatrización de heridas y otras enfermedades. Sin embargo, antes de recomendar su uso generalizado, es indispensable realizar estudios científicos rigurosos en seres humanos.
Como ciudadanos, tenemos derecho a exigir que las autoridades sanitarias tomen decisiones basadas en evidencia científica sólida, transparencia y ausencia de conflictos de interés.
La salud no debe depender de las modas ni de las promesas comerciales, sino de información confiable que nos permita tomar decisiones responsables.
Agradecemos al Dr. Feinsinger por su constante compromiso con la educación en salud y por compartir sus conocimientos, ayudándonos a tomar decisiones informadas para cuidar nuestra salud y el bienestar de nuestras comunidades.
