En muchas familias, la “pancita” se ve como algo normal, incluso como una señal de buena salud o de que una persona está bien alimentada. Sin embargo, la ciencia médica hoy nos muestra una realidad distinta: la grasa que se acumula en el abdomen no solo se queda bajo la piel, sino que también se deposita dentro del cuerpo, alrededor de los órganos, especialmente en el hígado.

Cuando el hígado acumula grasa se produce lo que se conoce como enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD por sus siglas en inglés: Non-Alcoholic Fatty Liver Disease). Actualmente se estima que esta condición afecta a más del 36% de los adultos. Aún más alarmante es que entre niños y adolescentes con obesidad, entre el 70% y el 80% ya presentan hígado graso. Esta enfermedad es común y muchas veces avanza en silencio, sin síntomas evidentes.

El problema es que el hígado graso no es algo inofensivo. Puede progresar a hepatitis grasa, una inflamación del hígado que con el tiempo causa cicatrices, cirrosis e incluso cáncer de hígado. Además, la NAFLD está estrechamente ligada a la diabetes tipo 2, el colesterol elevado, la presión alta y las enfermedades del corazón. Es, en esencia, una señal temprana de que el metabolismo está en riesgo.

Una persona con grasa abdominal debe considerarse en riesgo de tener hígado graso hasta que se demuestre lo contrario. Muchas veces el primer indicio aparece en un análisis de sangre cuando las enzimas del hígado, como AST o ALT (antes llamadas SGOT y SGPT), están elevadas. Incluso valores ligeramente altos deben tomarse en serio. Un ultrasonido del hígado es una forma sencilla y accesible de confirmar si existe acumulación de grasa. Si los valores están muy elevados o el ultrasonido no explica el problema, es importante descartar otras causas como hepatitis viral, consumo excesivo de alcohol o enfermedad hepática avanzada.

Muchas personas son especialmente vulnerables a esta condición por una combinación de genética, metabolismo y estilo de vida. El exceso de azúcar, harinas refinadas, grasas animales, bebidas endulzadas y alimentos ultraprocesados crea una tormenta perfecta para que el hígado se llene de grasa. A esto se suman el estrés, los horarios laborales largos, la falta de sueño y el poco acceso a alimentos frescos. No es una falla personal, sino el reflejo de un sistema alimentario que prioriza lo barato y rápido sobre lo que realmente nutre.

La buena noticia es que el hígado es uno de los órganos con mayor capacidad de regenerarse. Puede sanar si se le dan las condiciones adecuadas. La investigación científica, incluyendo trabajos del Dr. Greg Feinsinger y del Dr. Michael Greger, muestra que los cambios en la alimentación y el estilo de vida pueden no solo detener el daño, sino revertirlo.

Lo más importante es reducir lo que llena el hígado de grasa. Esto incluye eliminar o reducir drásticamente el azúcar añadida, las bebidas dulces, los postres, los jugos comerciales y los productos ultraprocesados. También es clave disminuir el consumo de grasas saturadas, que se encuentran principalmente en carnes, queso, crema, mantequilla y productos hechos con aceite de palma o coco.

En contraste, una alimentación basada en plantas ofrece una poderosa herramienta de sanación. Las leguminosas como frijoles, lentejas y garbanzos han demostrado reducir el riesgo de hígado graso hasta en un 65%. Estos alimentos, junto con verduras, frutas enteras, granos integrales y semillas, ayudan a disminuir la inflamación, mejorar la sensibilidad a la insulina y permitir que el hígado libere la grasa acumulada.

La actividad física también es fundamental. No se trata de ir al gimnasio, sino de moverse de manera constante: caminar, bailar, subir escaleras o realizar cualquier actividad que eleve el ritmo cardíaco. El movimiento ayuda al cuerpo a usar la grasa como energía en lugar de almacenarla.

Bajar de peso es útil, pero hacerlo demasiado rápido puede empeorar el problema. La pérdida de peso gradual, alrededor de uno a dos kilos por semana, permite que el hígado procese la grasa de forma segura.

Por esta razón, La Clínica del Pueblo está organizando una charla titulada “Alimentación para el hígado graso” el miércoles 21 de enero a las 6 P.M. en el Centro de la Calle Tres, con transmisión por Zoom. Para registrarse o recibir el enlace, las personas interesadas pueden enviar un mensaje de texto al 970-989-3513 y conectarse desde casa, desde el trabajo o mientras preparan la cena.

Cuidar el hígado es cuidar la vida. Y hoy tenemos más información y más poder para hacerlo.

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