Septiembre es el mes de concientización sobre la prevención del suicidio, una oportunidad para hablar de un tema que muchas veces permanece en silencio. En nuestras comunidades, hablar sobre salud mental puede ser difícil. A muchos nos enseñaron a “ser fuertes”, “echarle ganas”, no preocupar a la familia o resolver los problemas en casa. Aunque estas ideas pueden venir del cariño y de buenas intenciones, también pueden hacer que una persona esconda su sufrimiento.

Mónica Grijalva Ruiz

La prevención comienza cuando entendemos que alguien puede estar pasando por una crisis emocional sin demostrarlo abiertamente.

Cuando pensamos en una persona con pensamientos suicidas, quizá imaginamos a alguien diciendo directamente que quiere morir. Aunque hablar sobre querer morir o suicidarse es una señal que debemos tomar seriamente, existen otras señales menos evidentes.

Señales de alerta:

  • Sentirse como una carga para los demás
  • Aislamiento
  • Cambios extremos de humor
  • Dormir demasiado o muy poco 
  • Aumentar el consumo de alcohol o drogas
  • Actuar impulsivamente
  • Perder interés en actividades que antes disfrutaba

Sin embargo, algunas personas continúan con su día a día mientras atraviesan un profundo dolor emocional.

Por eso es importante reconocer también las señales silenciosas: alejarse gradualmente de familiares y amigos, descuidar el cuidado personal, o perder motivación. También debemos escuchar comentarios que podrían parecer casuales, “No puedo más”, “A nadie le hago falta” o “Todos estarían mejor sin mí”. Estas frases no necesariamente significan que una persona intentará suicidarse, pero nunca deben ignorarse.

Otra señal puede ser un cambio después de un período de profunda tristeza o desesperanza. Por ejemplo, una persona puede comenzar inesperadamente a despedirse, regalar pertenencias importantes, resolver asuntos pendientes o comunicarse con seres queridos como si estuviera cerrando una etapa. Cuando estos comportamientos aparecen junto con otras señales de riesgo, es importante acercarnos y preguntar qué está pasando.

Muchas personas tienen miedo de preguntar directamente, “¿Has pensado en suicidarte?” porque creen que mencionar el suicidio podría provocar esos pensamientos. Sin embargo, preguntar de manera directa y sin juicio puede darle a alguien la oportunidad de hablar sobre algo que ha estado enfrentando en silencio. No necesitamos ser profesionales de salud mental para iniciar una conversación. 

Después de preguntar, debemos escuchar y evitar frases como, “Tienes que ser fuerte”, “Piensa en tus hijos”, o “Échale ganas” pueden hacer que alguien se sienta incomprendido o culpable.

En cambio, podemos decir, “Gracias por decírmelo”, “Estoy aquí contigo” o “Vamos a buscar ayuda juntos”. Pedir ayuda también es fortaleza. 

Dentro de algunas comunidades latinas existen barreras para buscar atención de salud mental, incluyendo el idioma, el costo, el estigma y la dificultad para encontrar profesionales culturalmente sensibles. La familia, la fe y la comunidad pueden ser fuentes importantes de apoyo. Buscar ayuda profesional no significa abandonar esos recursos, ambos pueden coexistir.

Hablar con un terapeuta, médico, consejero escolar u otro profesional de salud mental no significa que alguien sea débil. Cuidar nuestra salud emocional es parte de cuidar nuestra salud en general.

La prevención del suicidio no es responsabilidad únicamente de terapeutas y médicos. Como familias y comunidades podemos aprender a escuchar, preguntar y hablar de salud mental sin vergüenza.

Durante este mes de concientización sobre la prevención del suicidio, prestemos atención más allá de las palabras, “estoy bien.” Preguntemos nuevamente cuando algo no parece estar bien. Escuchemos sin tratar inmediatamente de solucionar el problema y recordemos a quienes están sufriendo que no tienen que enfrentarlo solos. 

Si tú o alguien que conoces está experimentando una crisis emocional, pensamientos suicidas o necesita apoyo, en Estados Unidos puede llamar a la linea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis o enviar un mensaje de texto con la palabra AYUDA. 

El servicio es gratuito, confidencial y está disponible las 24 horas del día, los siete días de la semana. No es necesario tener pensamientos suicidas para comunicarse con 988; también se puede buscar apoyo ante angustia emocional o cuando estamos preocupados por otra persona.

Si existe peligro inmediato o una emergencia médica, llame al 911 o acuda a la sala de emergencias más cercana. 

Armonía Mental