¿Alguna vez les ha pasado que hay mañanas en las que todavía no han terminado el primer café y ya sienten que han peleado con media humanidad?

A mí sí me ha sucedido esto últimamente y lo quería compartir con ustedes.

Un día nos despertamos y ya no encontramos cómo apagar la alarma. Abrimos una aplicación que usamos todos los días y, de la nada, alguien decidió cambiar de lugar justo el botón que necesitábamos. Entramos a una página web de toda la vida y ahora resulta que nuestra contraseña ya no sirve: necesitamos una mayúscula, un número, un símbolo, y, aparentemente, una muestra de ADN.

Cuando finalmente logramos salir de la casa, nos encontramos con ese letrero en un estacionamiento que hay que leer tres veces para saber si podemos dejar el carro ahí o si al regresar, cinco minutos después, tendremos una multa esperándonos. Ante eso, uno se pregunta, ¿Quién diseñó esto?

Porque sí, aunque parezca extraño, alguien tomó cada una de esas decisiones. Alguien decidió mover ese botón. Alguien decidió cómo debía funcionar esa página. Alguien organizó la información de ese letrero que nadie entiende. Y seguramente todas esas personas pensaron, en algún momento, que estaban haciendo nuestra vida un poquito más fácil. A veces funciona. Otras veces… claramente NO.

Es justamente ahí donde quería comenzar esta conversación con ustedes.
Hola soy Ricardo Villa. Soy colombiano, diseñador gráfico y educador, y desde hace algún tiempo también vivo en este maravilloso rincón de Colorado que llamamos el Valle de Roaring Fork.

He pasado buena parte de mi vida trabajando con diseño, imágenes, marcas, empaques, publicidad y comunicación. También he tenido la oportunidad de enseñar durante muchos años y hay algo que todavía disfruto muchísimo, ver cuando alguien que no es diseñador descubre lo que hay detrás de algo cotidiano y me dice, “Nunca lo había pensado de esa manera”.

Quiero que hablemos de ese menú que misteriosamente logró que pidiéramos el plato más caro. Del empaque que nos convenció de que un producto era mejor que el de al lado. Del anuncio que recordamos durante años. De colores, fotografías, marcas, publicidad, arte, tipografía y de todas esas decisiones visuales que forman parte de nuestra vida sin que necesariamente sepamos que alguien las diseñó.

También quiero que hablemos de algo que está cambiando las reglas bastante rápido, la inteligencia artificial.

Hace relativamente poco tiempo, hablar con una computadora y pedirle que creará una fotografía de una persona que nunca existió parecía ciencia ficción. Hoy podemos pedirle imágenes, videos, música, textos, ideas e incluso diseños mientras esperamos que esté listo el café.

Y ahí empiezan las preguntas interesantes, ¿Eso es creatividad? ¿Es diseño? ¿Es arte? ¿Quién es el autor de una imagen creada con inteligencia artificial? ¿La persona que tuvo la idea? ¿La máquina? ¿Ambos? ¿Y qué pasa cuando esa imagen se parece demasiado al trabajo de alguien más?

No tengo intención de llegar a este espacio con una verdad absoluta debajo del brazo. Algunos temas tendrán respuestas claras, otros seguramente nos dejarán con más preguntas que respuestas.

Quiero utilizar este espacio para contarles sobre las nuevas herramientas y tendencias que están apareciendo, explicar para qué pueden servirnos y, especialmente, conversar sobre cómo podemos utilizarlas responsablemente. Hablaremos de inteligencia artificial, derechos de autor, propiedad intelectual, privacidad y de esa línea cada vez más difícil de distinguir entre inspiración, creación y copia.

Tampoco quiero que pensemos que la tecnología vive en un universo separado del nuestro. Todo esto ya está llegando a nuestro entorno. También está llegando al arte, la fotografía, el mercadeo y la manera como nos comunicamos aquí mismo, en nuestra comunidad.

Por eso quiero invitarlos a algo: no lean estas columnas simplemente para saber qué pienso yo, los invito a cuestionarme.

Si algo les genera curiosidad, pregúntame. Si no están de acuerdo conmigo, mucho mejor. Si han visto algo relacionado con diseño, creatividad o inteligencia artificial y pensaron “¿qué está pasando aquí?”, cuéntamelo. Quizá su pregunta termine siendo el comienzo de nuestra próxima conversación.

Estamos entrando en una época fascinante, extraña y, por momentos, un poquito confusa. Vale la pena entenderla juntos.

Así que la próxima vez que una aplicación cambie de lugar ese bendito botón que llevan años utilizando, antes de insultar al teléfono, deténganse un segundo y pregúntense: ¿por qué alguien decidió hacer esto así?

Tal vez ahí empiezan a mirar el diseño de una manera diferente. Y si además comienzan a preguntarse quién está tomando ahora esas decisiones una persona, o una máquina o un poquito de ambos entonces definitivamente tenemos mucho de qué hablar.

Los invito a acompañarme en las próximas columnas, compartir sus opiniones y seguir haciendo preguntas conmigo. Yo, por mi parte, prometo seguir trayendo tendencias, herramientas y uno que otro tema que seguramente nos hará discutir.