Poema a papá

Estas hojas de otoño

del otoño con sombrero que se para en esta ceiba

y de nuevo ese padre que se va

ese olor madera se devuelve,

permea y me recuerda lo profundo de la tierra

su ataúd blandido, sórdido y frío.

Ese padre que se va y no se devuelve

que introduce de repente mi tristeza

La canción fue ya tocada.

Ya las cuerdas oxidadas…

ya la agreste parca…

ya su nota helada

se me cuela en la garganta

Ese padre que se va y no se devuelve

que en la foto me hace muecas

que me habla entre sonido

y rebota en el silencio

Ese padre y su maleta

empacando su peinilla y mi tristeza

estas hojas de la ceiba

que humedecen mi cuaderno

heridas por el humor del viento.

Ya la ceiba deshojada…

ya la parca helada…

ya sus gritos que congelan mi garganta…

quedó armero sin su espada.

Ya las voces alentadas,

esas voces me consuelan y me alaban,

que practican ejercicios lastimeros,

 dicen que me aman.

Ya su tumba verde, ya la tabla blanca

y una cinta ocre con su nombre:

me hago el que no lee,

“no veo, no oigo nada”

Y la ceiba sin sus ramas

y ese padre se deshoja

ese padre entre fantasmas

que me chillan y me braman

Lo divisó entre los muertos que se alejan,

metido siempre entre alpargatas,

Quiere pero no dice nada,

lo veo cuando calla.

Lo veo que se va y no se devuelve

y no devuelve su mirada,

empacando su penilla con mis alas.

Estornudo, ya no hay padre

ya no veo nada.

Destellos del alma