La conducta es una forma de comunicación. Detrás de una actitud desafiante puede existir una emoción, una necesidad o una dificultad que el niño todavía no sabe expresar.
Frustración, miedo, ansiedad, tristeza, cansancio, hambre o dificultades para regular las emociones pueden manifestarse a través de berrinches, gritos, llanto, negarse a cooperar, aventar objetos o tirarse al suelo.
Muchas veces preguntamos: “¿Qué puedo hacer para que deje de hacerlo?” Pero una pregunta más importante puede ser: “¿Qué está intentando comunicarme con esta conducta?”
¿Cuándo es un berrinche esperado?
Los berrinches son parte normal del desarrollo, especialmente entre los 2 y 5 años, cuando los niños aprenden a manejar sus emociones. Generalmente ocurren ante una frustración específica, no son constantes, el niño logra recuperarse después del momento intenso y disminuyen con la edad.
¿Cuándo puede ser una señal de alerta?
Es importante buscar apoyo cuando los berrinches ocurren varias veces al día, son muy intensos o difíciles de manejar, incluyen agresiones hacia sí mismo u otros, continúan después de los 5 o 6 años, o afectan la vida escolar, familiar o social del niño.
Algunas causas pueden estar relacionadas con estrés, ansiedad, cambios familiares, problemas de sueño, dificultades emocionales o condiciones del neurodesarrollo como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y el Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Conociendo el TDAH
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que afecta la manera en que funciona el cerebro. Sus principales características son:
- Falta de atención: dificultad para concentrarse o mantenerse enfocado.
- Hiperactividad: necesidad constante de movimiento o dificultad para permanecer tranquilo.
- Impulsividad: actuar sin pensar en las consecuencias.
Con el apoyo adecuado, que puede incluir terapia conductual, apoyo educativo y, cuando es necesario, tratamiento médico, muchas personas con TDAH pueden desarrollar herramientas para manejar sus síntomas.
Conociendo el TEA
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) implica diferencias en la forma en que el cerebro procesa la información. Puede influir en la comunicación, la interacción social, los comportamientos, los intereses y la sensibilidad a estímulos del entorno.
Cada persona dentro del espectro es diferente y puede tener distintas fortalezas y necesidades.
Lo que NO ayuda:
❌ Gritar
❌ Humillar
❌ Comparar
❌ Amenazar
❌ Etiquetar con frases como “eres berrinchudo” o “eres malcriado”
Lo que SÍ ayuda:
✅ Mantener la calma
✅ Establecer límites claros
✅ Validar las emociones
✅ Enseñar formas adecuadas de expresar lo que sienten
✅ Mantener rutinas
✅ Buscar apoyo profesional cuando sea necesario
La regulación emocional no se aprende exigiéndola, sino con acompañamiento y ejemplo. Ayudar a un niño durante un momento difícil no significa permitir todo; significa darle las herramientas que todavía está aprendiendo a desarrollar.
