Criticas
Hector Salas-Gallegos
Recientemente me diagnosticaron con TDAH, lo que tiene mucho sentido. Toda mi vida he sido de los que prueban de todo. La habilidad es mi segundo nombre. Un todólogo, maestro de nada. Eso me hace útil en la mayoría de situaciones. Llámame si tienes un trabajo raro. Aun así, no quiero nada más que someterme a la rutina, el proceso, la estructura.
Casi todos mis hobbies sufren el mismo destino. Empiezan con un periodo de intensa dedicación, donde exprimo todo lo que puedo lo más rápido posible. En un instante, quiero saberlo todo. Pero eventualmente, la pasión se desvanece y me quedo aburrido, quedándome nomás con el cadáver de otro hobby que maté.
¿Me estoy perdiendo de algo más profundo? ¿O simplemente no he encontrado eso que encienda mi llama? Algo que se quede. Después de esa fase de luna de miel, queda mucho proceso. Pura espera. Ahogándome en la mediocridad.
Para buscar sabiduría, siempre es mejor acudir a los amigos.
Durante la temporada navideña, la Sociedad Audubon realizó su 125° Conteo Navideño de Aves (CBC), que tiene lugar del 14 de diciembre al 5 de enero de cada año. En Navidad, innumerables observadores de aves voluntarios en todo el país pasan un día contando tantas aves como sea posible en sus territorios preseleccionados y planificados, cada uno de unos 14 kilómetros de ancho.
Cada territorio tiene un coordinador y se divide en distritos más pequeños, cada uno encabezado por un observador local con experiencia y dispuesto a liderar el conteo. Desde la perspectiva de un amateur, es como un equipo de Avengers de los mejores nerds de aves de la región, reuniéndose por un día para entusiasmarse con la ornitología y profundizar en la comprensión de cómo está cambiando su ecosistema local para bien o para mal.
Mira, me gustan las aves. Pero mi interés es superficial. Voy de vez en cuando, pero no algo a lo que le dedique tiempo activamente. Normalmente solo hago la observación de aves con verdaderos nerdos de aves. Aquí es donde presento a mi amigo Logan, un auténtico loco y voluntario del CBC en el condado de Mesa.
Admiro a Logan porque realmente está interesado en el mundo de las aves. No solo ahora, sino desde que lo conozco. No desde que lo conozco, sino toda su vida. Pero más allá de eso, admiro cómo está dedicado a algo. Planear rutas, ser capaz de identificar qué tipo de halcón está en el poste telefónico. Diferenciar un Chingolo de Lincoln entre cientos de coroniblancos. Logan tiene compromiso y disciplina, cosas que me dan envidia. Tal vez, si hablara con él, podría encontrar las claves para mi parte de virtudes.
Así que me fui a encontrarme con Logan en el extremo oeste del condado de Mesa, en el inicio del sendero de Riggs Hill para comenzar el conteo. Me subí a su SUV y salimos en su ruta pre planificada de “birdwatching”, observación de aves, desde el coche.
Logan tenía acceso especial a propiedades privadas, lo que nos permitió conducir por el terreno hasta llegar a un estanque donde estan los aves acuáticas. Nos deteníamos de repente cada vez que notábamos movimiento en los álamos o en el follaje seco de invierno. Nos bajábamos, levantábamos los binoculares y miramos las aves.
“¿La viste?”, preguntó Logan.
“Sí”, confirme yo. Marcaba la especie en la app, subíamos al coche, repetíamos. “Este lugar huele a paloma”, decía al pasar por una gasolinera.
“Estaba absolutamente desesperado por ver aves este fin de semana”, me decía. “Es lo único en lo que puedo pensar. Tan divertido”, decía en el sendero.
En el camino, lo sonsacaba, intentando descubrir su fórmula secreta para la rutina y estructura sostenidas, pero cada vez me encontraba con un apasionado soliloquio sobre las aves del condado de Mesa. No importa cómo orientara la pregunta, llevándolo hacia la respuesta que anhelaba, él simplemente se explayaba sobre la ornitología y hobbies adyacentes.
Incluso tuvo la desfachatez de decirme: “Siento que todavía hay tanto por aprender”.
Maldito bastardo. Escondiendo los secretos de la vida. O tal vez, solo tal vez, estoy buscando algo que ni siquiera puedo definir.
Al final de nuestro día, nos paramos frente a un terreno seco y frío y llamamos a un Rascón de Virginia usando una app que imita el canto de las aves. El Rascón de Virginia es un ave pequeña, con cara gris, patas largas y un pico anaranjado que se curva ligeramente, con rayas cafe en el cuerpo y una coloración blanca y negra alrededor de su glúteo. Solo había escuchado su llamado hasta que salió de detrás de un joven árbol detrás de mí. Fue solo un momento en que lo vi, pero ver a ese maldito marrón desaparecer detrás del follaje me hizo sentir magia. Un momento de adrenalina y asombro. La satisfacción de ver un ave que nunca antes había visto. La paz de estar allí perdido en el canto de las aves.
La pregunta sigue: ¿Qué es un auténtico loco? Un loco es alguien apasionado por lo suyo. Un loco ha amado algo antes, durante y después de que se hiciera popular. Sigue ahí cuando se prenden las luces y mucho después de que todos los demás se han ido. Un loco auténtico lleva el peso de saber demasiado, destinado para explicar lo básico a los casuales. Guardián del proceso. Esponja. Caño. Un loco ama algo por lo que es. Un loco es una bestia, lo suficientemente enamorado como para dedicarle su vida. No es un vicio, sino una tierna alegría. Un ritual, oración, meditación: he encontrado algo que vale la pena hacer. Declarar tu amor por un hobby es un acto radical. Parte de tu vida a cambio de… solo porque sí.
En una era donde todo se me ofrece en pequeños golpes de dopamina, pequeñas transacciones de mi tiempo a cambio de…
…una vida, parece una eternidad. No estoy seguro de sí dividir nuestro tiempo así nos permite ver la vida por lo grande que es o bastardiza nuestra percepción del tiempo al creer que tenemos más de lo que realmente hay.
Me intimida todo lo que este mundo tiene para ofrecer. No temo la mortalidad porque la muerte sea desconocida, sino porque ya no tendría tiempo para interesarme en cosas. Amo estar vivo, ¿qué más podría estar haciendo? No temo a la muerte porque intente probar qué alturas alcanzo. En cambio, quedarme sin tiempo significa que ya no podré explorar, asomarme a las ventanas de las vidas de otras personas y ver qué han elegido hacer. Tengo hambre de posibilidades. Para mí, la vida se trata de probar sus infinitas alegrías.
Puedo dormir tranquilo sabiendo que un loco certificado está ahí fuera, cuidando el fuerte, completamente comprometido con algo, mientras yo sigo probando, todavía buscando esa cosa muy especial.
Gracias a mis amigos como Logan, estoy aprendiendo que esa cosa especial no tiene línea de meta. Las cosas pueden tener un propósito y no tener expectativas. La excelencia y la sabiduría no necesariamente están ligadas. El proceso, la estructura y la rutina quizás no se traten de fuerza y disciplina, sino de amor sin fin, sin rumbo, sin sentido.
