Angelica Breña -- Sopa de Letras

Un dato muy curioso de la radio mexicana es que al final de cada anuncio publicitario de botanas y golosinas se escucha una voz masculina que dice atropelladamente “Coma frutas y verduras”.

Si bien es cierto que nuestro cuerpo es el resultado de lo que comemos. Nuestro espíritu o mente es en gran parte reflejo de lo que leemos. En esta ocasión voy a hablar de dos lecturas que he leído recientemente y que me han servido para identificarme con mi ciudad natal. La Ciudad de México.

La primera es de la autora Isabel Revuelta Poo, “Hija de la Historia” es un libro tan llamativo como los textiles mexicanos. Cada capítulo es de una mujer sobresaliente apenas conocida en el imaginario colectivo. El más estupendo es su primer capítulo donde nos habla de una niña llamada Malintzin que nació en 1502 en la región de lo que ahora es Veracruz.

Fue vendida como un objeto de lujo en el mercado entre plumas, frutos y textiles. Su virtud era ser bilingüe, dominaba dos lenguas, el popoluca y el náhuatl. Fue comprada por unos comerciantes mayas, con lo cual aprendió rápidamente el maya y sus amos por conveniencia y para congraciarse con los conquistadores, la entregaron como obsequio junto con otras 20 mujeres a Hernán Cortés que tenía la firme intención de conquistar la Gran Tenochtitlan.

Revuelta Poo nos cuenta en menos de 20 páginas como esta mujer conocida como la Malinche tuvo la habilidad y visión para ser la intérprete de los nuevos conquistadores convirtiéndose en una persona esencial en las altas esferas de la nueva clase gobernante y dejar de ser una oprimida esclava.

Malinche vivió en el palacio de la Gran Tenochtitlan convertida en la Nueva España. Participó activamente en la corte de Hernán Cortés como una gran dama, de buen ver, inteligente y políglota. Muy al contrario de lo que me habían enseñado en la primaria en las clases de Historia de México, cuando mencionaban que la Malinche era una traidora.

Revuelta Poo me abrió los ojos a una de las personalidades femeninas más influyentes en el capítulo de la historia de la Ciudad de México y que dio resultado a una de nuestras mayores riquezas; el mestizaje.

La Ciudad de México (CDMX) es una macrópolis de más 20 millones de habitantes que habitan el Valle de Anáhuac, es un manto inmenso de casas, de colonias, vecindarios y asentamientos irregulares que se extienden hasta las faldas de los volcanes Iztaccíhuatl o la Mujer Dormida, Popocatépetl alias Don Goyo y del cerro del Ajusco. Parece un inmenso manto sideral de estrellitas multicolores cuando la miras desde el avión en la noche.

Cuando un viajero, no un turista, quiere conocer y visitar la CDMX se vuelve loco por la complejidad de su geografía, por el caótico tráfico, por sus múltiples niveles culturales y sociológicos, por sus barrios y colonias tan diferentes y singulares.

“El Vértigo Horizontal, Una Ciudad llamada México” de Juan Villoro, actualmente es una lectura imprescindible para comprender algunas de las muchas aristas y niveles que hay en el modo de ser de la Ciudad de México.

El Vértigo Horizontal es un conjunto de crónicas y relatos organizados en un mapa del viajero como las líneas del Metro de la CDMX, en vez de la línea verde de Pantitlán es la línea de los Sobresaltos, la de la Travesías, la de los Lugares, etc. Sus íconos son tan geniales y elocuentes como los íconos de las estaciones de Metro.

“Voy a México, dice alguien que está en México. Todo mundo entiende que se dirige a la capital, que en su voracidad aspira a confundirse con el país entero. Extrañamente ese lugar existe”.

Así comienza la travesía de Villoro, nos lleva por avenidas gozosas y vericuetos dolientes de la forma de ser de los habitantes, de los mitos y ritos que nos identifican. Cada capítulo denota un conocimiento profundo de la Ciudad relatado con humorismo negro o blanco, según sea el caso.

Me gustó mucho como menciona los cambios y desapariciones que ha sufrido esa Ciudad por el crecimiento acelerado y aterrador que ha sufrido en las últimas décadas. A veces me daban ganas de llorar de la impotencia de poder cambiar las circunstancias, como el capítulo de los Niños de la Calle.

Pero también me arrancaba una carcajada el capítulo del Ministerio Público donde con un diálogo muy realista resume el gran problema de la burocracia y la zona gris y empañada de la legalidad. Los que vivimos ahí nos hemos topado necesariamente con un trámite burocrático de ese calibre.

Últimamente la CDMX se ha convertido en un destino muy atractivo y popular para los nómadas del mundo. Yo sugeriría que al final de cada anuncio publicitario para visitar la CDMX deberíamos poner “Lea estos libros antes de visitarla”.