Lizbeth Durán comparte su experiencia íntima de renacer en la maternidad: entre desvelos, sonrisas y aceptación, descubre un amor profundo y transformador.

Hoy no empiezo desde 0 en este camino llamado maternidad.
Hoy empiezo desde el amor.
Cada día descubro más pedacitos de mí que estaban ocultos.
Hoy comienza una nueva aventura la travesía de ser el apoyo y la guía de esta nueva alma mientras juego a balancear el no perderme yo en el camino.
Hoy las noches de desveló van a acompañadas de leche, pañales y pequeñas sonrisitas llenas de gas.
Este renacer viene acompañado de lágrimas de orgullo, frustración y añoranza.
Son lágrimas de “lo logramos”
Lágrimas de reencuentro.
Me siento perdida en este renacer…
Pérdida recogiendo pequeños pedazos de aquella joven libre e independiente.
Piezas que poco a poco voy pegando.
Piezas con las cuales empiezo a decorar las paredes de este nuevo corazón
Un corazón más lleno de amor, de sonrisas, de siestas en compañía de esas manitas pequeñitas.
Renacer, reencuentro
En este nuevo renacer aprendo a amar todo aquello que alguna vez odie.
Hoy amo la nariz a la cual tantas veces odie porque la veo reflejada en esa carita.
Hoy los labios a los cuales les faltaba figura y les sobraba color son aquellos piquitos que adoro ver a mitad de un sueño profundo y los cuales se rodean con esos hoyitos a cada lado.
Aquel cabello lacio al que tanto le sobraba brillo y le faltaba el poder ondularse hoy cubren esa cabecita.
Gracias a este nuevo renacer llamado maternidad estoy aprendiendo a amar todo aquello que alguna vez odie.
Mi corazón hoy está inundado de amor.
Hoy mi corazón late más fuerte para así brindar tranquilidad y contención a esta nueva alma
Este renacer hoy va de la mano de un maravilloso título, mamá
