Sor Juana Inés de la Cruz, una de las más grandes poetas del mundo, nació en una familia de sangre española en la hacienda de Nepantla, muy cerca de la Ciudad de México en 1651. Es la primera mujer poeta de fama mundial. En su escritura, dice poco de sí misma, pero cuenta que aprendió a leer y escribir a los tres años porque insistió en estar presente en las lecciones que sus hermanas mayores tuvieron de una institutriz.
Su abuelo fundó esa hacienda con una enorme biblioteca. La comunicación naval por la Armada Española y la marina mercante facilitaban el intercambio de libros mexicanos y europeos.
Sor Juana nunca quiso casarse, pero sí quería ir a la universidad. Apasionada del estudio, fue un golpe para ella saber que las mujeres no eran recibidas ahí; sin embargo, fue interrogada por catedráticos de la época para demostrar sus conocimientos y capacidades a los catorce años, lo que tal vez contribuyó a su fama.
Como era la costumbre, las jóvenes de clase media y alta que no se casaban, iban al convento. Sor Juana así lo hizo y ahí continuó su escritura y lecturas. Hizo amistades en círculos elevados de la cultura, y estableció discusiones transcendentales en su vida con otros intelectuales. Llegó a tener la biblioteca más grande del continente.
El Obispo de Puebla quería a toda costa que ella dejara de escribir, usó mentiras e incluso se hizo pasar por una monja para convencerla, y finalmente mandó quemarle su biblioteca.
Sor Juana escribía poemas de muchos tipos, incluyendo poemas de amor, de los que disfrutaban sus amistades, y fue reconocida en Europa, Sudamérica y Filipinas.
Algunos escritos sirvieron para ayudar a convertir al cristianismo a indígenas, quienes a veces todavía hacían sacrificios humanos como castigo a criminales y traidores. Escribió, por ejemplo, que formaban figuras de un dios con maíz mezclado con sangre humana para ofrecer en sacrificio a sus dioses. Sor Juana comparó en sus obras teatrales ese uso con la eucaristía que ofrecía el pan de trigo y vino, aclarando que ya no había necesidad de sacrificios pues Jesús ya se había sacrificado por los hombres. Sus poemas más conocidos hablan de la relación entre hombres y mujeres.
He aquí una parte de uno de los más célebres poemas, una redondilla, en que critica a los hombres que convencen a una mujer de las caricias y luego se quejan de que ella es una fácil:
“Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?…”
A Sor Juana se le ha estudiado mucho, notablemente por Octavio Paz, Premio Nóbel de Literatura de 1990. Él le dedicó cerca de setecientas páginas en su libro “Sor Juana Inés de la Cruz o Las Trampas de la Fe”.
Algunos datos de la vida de Sor Juana se basan en los retratos en óleo de Sor Juana, creados poco después de su muerte. Los retratos dicen que ella nació en 1651, y que están basados en un autorretrato de ella hecho en acuarela. Esa pintura hecha por ella fue muy posiblemente hecha en papel no muy resistente para perdurar, o puede haber sido incluida en sus cuadernos de escritura, matemáticas y ciencias, hoy perdidos. Sin embargo, Paz arguyó que Sor Juana no pudo haber nacido en ese año porque él no cree que ella haya aprendido a escribir a los tres años como ella dijo, entonces le agrega tres años y dice que debe haber nacido en 1648, tal vez para poder decir que ella aprendió la escritura a los cinco años, como él. Dice él también, que seguramente ella no sabía pintar.
Me parece inquietante que Paz, efectivamente gran poeta, tal vez haya querido desvirtuar las facultades de Sor Juana. Tengo la sospecha de que Paz quiso ser el poeta más reconocido de México. Pero Paz no fue víctima de malos tratos como Sor Juana – las mujeres muchas veces lo somos.
Sor Juana dejó de escribir como se lo exigió aquel obispo. Ella murió de sólo 44 años durante una epidemia que afectó al convento en donde pasó sus últimos tiempos cuidando a otras monjas enfermas.
Sor Juana merece todos los homenajes que podamos brindarle.
