Luis Cardoso

Por motivos de seguridad mía y de mi familia, hay muchas situaciones que no puedo compartir, y son cosas que no fueron tan positivas, pero que sí marcaron mi camino al Valle de Roaring Fork.

Para empezar a hablar de por qué llegué aquí, primero me presento: soy Luis Cardoso, ciudadano venezolano. Estudié Producción y Distribución de los Alimentos en la Universidad Politécnica del Oeste de Sucre, pero no terminé mis estudios, ya que fue muy difícil para nosotros como comunidad estudiantil entre 2016 y 2017, y la situación me obligó a salir del país en busca de nuevas oportunidades para intentar cambiar mi vida y mi situación.

Todo empezó ahí, desde la necesidad de cambiar. Como muchos saben, es muy difícil para nosotros dentro del país obtener un pasaporte y aún más difícil conseguir una visa. Así que la mayoría de nosotros tuvimos que atravesar la selva más densa del mundo, el infierno del Darién. Arriesgando nuestras vidas, no por dinero, sino por un sueño: llegar a una nación segura que acoge a los desplazados y a los menos afortunados, un lugar donde tus metas pueden convertirse en realidad. Así que atravesamos toda Centroamérica enfrentando muchísimas dificultades, con la esperanza de poder llegar a la frontera.

La primera semana que estuve en Texas, trabajando en roofing, me rompí la mano. Por unos fuertes vientos, se cayó la escalera en la que estaba montado y me fracturé la mano. Tuve dos fracturas.

Luego de eso, me mudé a Denver, donde vendía paletitas mexicanas en un carrito por todo el centro de la ciudad. Viví en un refugio, y cada día me tocaba enfrentar nuevos retos. Pero cada situación, por más difícil que fuera, me motivaba a seguir adelante, ya que en mi vida hubo momentos en los que realmente estaba en peligro. Por eso, le doy gracias a Dios por cada día vivido. Le doy gracias por haber salido de esas situaciones.

En esta búsqueda incansable de encontrar un lugar donde pudiera empezar de cero, escuché a unos paisanos hablar sobre el Valle de Colorado, donde las personas tienen un estilo de vida auténtico y sano, con seguridad, sin habitantes de calle y lejos de las toxicidades de las grandes ciudades. Y estaban en lo cierto. Aquí encontré lo que buscaba: un espacio donde pudiera ser yo mismo, lejos de las distracciones y enfocado en lo que realmente importa: cambiar.

Este cambio no solo fue geográfico, sino también personal y espiritual. La mejor decisión que pude tomar fue llegar al Valle de Colorado. Significó muchísimo para mí poner una distancia entre mi pasado y el futuro que quiero construir. Este lugar me ofreció la tranquilidad que tanto necesitaba para concentrarme en mis sueños, mi música, mis estudios, mi familia y mi propósito. Aquí, entre las montañas, las calles tranquilas y el aire fresco, supe que estaba en el lugar correcto. Mi visión es clara, y con cada paso que doy, me acerco más a transformar mi vida y la de otros. Siempre con la intención de ayudar a quienes más lo necesitan.

Jóvenes del Valle, les digo esto de corazón: aquí tienen todo lo que necesitan para crecer. He vivido en ocho países y no hay un lugar tan seguro como este para sentirte bien contigo mismo. La constancia es la base del éxito. Recuerden que hay personas que la están pasando mucho peor que ustedes y que quisieran tener ni la mitad de lo que tienen aquí. Aprovechen lo que tienen, busquen la paz y sigan siempre adelante con fe. Al final, la verdadera base del éxito es la felicidad. Es la esencia de la vida, y es lo que realmente nos da fuerza para seguir adelante.

Ya debo despedirme, pero quiero tomar un momento para expresar mi más sincero agradecimiento a los habitantes y nativos del Valle de Colorado, por abrirnos tantas puertas y brindarnos oportunidades que muchos pensábamos imposibles. De verdad, me siento profundamente agradecido, porque sé que aquí encontramos un lugar donde nuestras vidas pueden cambiar para bien.

No quiero despedirme sin antes dejar claro que, en todo momento, pueden contar conmigo, al igual que yo conté con la generosidad y el apoyo de personas como Peter y Kate. Ellos han sido un faro de luz para nosotros, los migrantes. Nos defendieron, nos protegieron, nos abrigaron cuando más lo necesitábamos.

Gracias por todo eso, de corazón. Estoy convencido de que, si seguimos unidos, las bendiciones que hemos recibido se multiplicarán, y eso es algo de lo que no tengo dudas.

Pero hoy, 4 de julio, los protagonistas son ustedes.
Por ayudarnos, gracias.