No le den mucha vuelta a esto, pero he estado imaginando cómo sería cometer un homicidio en primer grado. No tanto la parte de matar a alguien, sino más bien la de cómo escapar, la gente se mata todos los días, no es nada nuevo ni creo que sea particularmente difícil dadas las circunstancias correctas. Digo otra vez, esto es solo para fines del argumento. Por favor no me pongan en ninguna lista de vigilancia.

Evadir las consecuencias hoy parece más difícil que nunca, principalmente porque como país hemos aceptado y nos hemos acostumbrado a una cantidad perturbadora de vigilancia.

Por ejemplo, los servicios de GPS de mi teléfono y mi carro pueden ubicarse en la escena del crimen cerca de la hora de la muerte. Mi proveedor de internet puede ver que googleé el precio de una llave de tubo días antes. Las cámaras Ring de mi calle me agarraron caminando por la calle después del hecho. Los lectores de placas registran todos los carros en la carretera. El software de reconocimiento facial nos escanea en silencio en aeropuertos, cines y hasta en tiendas departamentales. Cada paso que damos deja una huella que puede ser registrada y analizada. Y todo eso ya es completamente normal.

No quiero sonar como un loco, de verdad. Pero nuestros cerebros simplemente no pueden entender cuánta información nuestra se rastrea, recopila y vende cada día. Tu historial médico, tus transacciones con tarjeta de crédito, tus llamadas, las rutas al trabajo. Aunque no tengan tu nombre, con todo eso se puede construir el retrato más preciso de quién eres que jamás haya existido.

Y es importante decir que esta vigilancia no es equitativa. Las comunidades más vigiladas son las que menos pueden permitirse las consecuencias. Los algoritmos de policía predictiva, entrenados con décadas de datos de arrestos sesgados, le dicen a los policías dónde ponerse, y casi siempre es en las comunidades de color.

Nuestra información vale más que el petróleo, y quienes los compran no siempre son los que uno quisiera que los tuvieran. Yo a veces manejo anuncios en Facebook para el trabajo, y las herramientas de segmentación de audiencia son francamente repugnantes. Puedo escoger personas por ciudad, edad, ocupación e intereses. A partir de ahí puedo construir una segunda audiencia más grande, con gente que se comporta y es demográficamente similar al grupo original con una pequeña variación. Imagínate cómo será la tecnología de vigilancia de punta.

La gente dice todo el tiempo que su teléfono los está escuchando. La verdad es que no… que sepamos. Pero es muy difícil no creerlo cuando a veces nos salen anuncios de cosas de las que literalmente acabamos de hablar. Si tú y tu amigo están en el mismo wifi y uno de los dos googlea algo, el otro puede empezar a ver anuncios de eso poco después. Las herramientas de vigilancia usan redes locales y los permisos que tú mismo les das sin pensarlo para encontrar nuevas personas a quién rastrear. Por eso Facebook quiere tus contactos y TikTok quiere tu galería de fotos.

Volviendo al tema del homicidio. ¿Es bueno que ahora sea casi imposible cometer homicidio y escapar? Claro, está el argumento de que así se hace justicia con más consistencia, o que eso disuade a los asesinos. Pero aunque eso fuera cierto, ¿es un intercambio justo si, entre tanto, cada vez más partes de nuestra vida privada están siendo accedidas, extraídas y vendidas?

La mejor pregunta es esta ¿quieres vivir en un mundo donde no puedas cumplir un asesinato? La respuesta honesta es que al mundo le importa muy poco lo que tú quieras. Esa decisión se fue tomando poco a poco, por gente que no conoces, a cambio de comodidades a las que apenas recuerdas haberte suscrito. Y en algún punto la comodidad dejó de sentirse como un intercambio y simplemente se volvió parte de la vida. Y aquí estamos, teniendo que vivir con el hecho de que, hagamos lo que hagamos, en algún lugar, algo nos está escuchando.

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