Versión vectorial de fotografía del Jardín botánico de Denver. Foto por Ingrid Celeste Zuniga

“En el medio del odio me pareció que había dentro de mí un amor invencible. En medio de las lágrimas me pareció que había dentro de mí una sonrisa invencible. En medio del caos me pareció que había dentro de mí una calma invencible”. –Albert Camus, El verano

Hablando de sentimientos y poemas, 

alguna vez un amigo me cuestionaba: 

Si existiera una sola razón para dejar de amar,

¿la tomarías? 

Si algún extraño te dijera que los amores

pueden ser perpetuos,

¿le creerías? 

¿O eres de esos que prefiere que la finitud alcance al sentimiento? 

Si algún artista, supongamos que un pintor, 

presume lograr plasmar lo que él llama amor, lo piensa perpetuo.

Lo plasma con un pincel delgado, con algún color claro, 

con luces, sombras y contrastes. 

Respetando las formas y proporciones. 

Dice romper los cánones de su escuela y los prejuicios de sí mismo,

explotando en emociones que se reflejan,

entre colores y pinceladas. 

¿Podrías sentir la contradicción de su obra y su sentimiento? 

Si algún poeta dice no haber amado,

no solo es un mentiroso, sino que no es un poeta. 

¿Eres un poeta?

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