Mi querido Valle,
Me criaste entre montañas y ríos. El río Colorado por siempre correrá por mis venas.
Tú que fuiste ese viento que me recordaba respirar cada que sentía la vida salir de mí.
Volveré a ti como aquel turista que busca escapar de su realidad y, a pesar de que en más de dos décadas jamás dejé de admirarte, seguiré maravillándome en cada esquina, en cada curvatura de tus montañas, cada vez que te disfrazas de rojos vivaces y morados tan tenues.
He admirado cada rincón de ti y me has dado los más grandes regalos.
En tu tierra siempre habrá un pedacito de mí, en cada rincón, en cada primer paso de valentía que di y en cada risa que compartí.
Tu tierra guarda mis lágrimas y tus flores mis logros.
Tú, mi querido Valle, serás por siempre mi amor más tóxico.
Dicen por ahí que hay que salir de tus tierras para crecer, y yo me aferraba a la idea de que aquí, entre los cantos de tus pájaros y el sonido de tus corrientes, llegaría a ser mi mejor versión.
Y no me malinterpretes, tú me has regalado los primeros pasos de mi pequeño, una hermosa familia, y en ti ha crecido mi amor por la vida.
Volveré a ti, tal vez para reconectar con cada pizca de amor que has sembrado en mí.
Me alejo de ti pero conozco el camino de regreso. Tus ríos los llevo tatuados en mi piel y el aroma de tu brisa impregnado también.
Mi querido Valle, espero que tú también puedas dejarme ir.
Sé que donde voy encontraré pequeños pedazos de ti, escondidos en los atardeceres y en los árboles disfrazados de palmeras; el sonido de tus corrientes, disfrazado en el bullicio de la gente.
Y llevaré un pedazo de ti por siempre, en aquella curiosidad que despertaste en mí, en aquella admiración que me enseñaste.
Hasta siempre, mi querido Valle.
