Me criaste entre montañas y ríos. El río Colorado por siempre correrá por mis venas.
Tú que fuiste ese viento que me recordaba respirar cada que sentía la vida salir de mí.
Volveré a ti como aquel turista que busca escapar de su realidad y, a pesar de que en más de dos décadas jamás dejé de admirarte, seguiré maravillándome en cada esquina, en cada curvatura de tus montañas, cada vez que te disfrazas de rojos vivaces y morados tan tenues.
