El sargento de patrulla Paul Lazo, recientemente ascendido, ha estado en la fuerza policial de Carbondale desde 2019, y sirve con una devoción natural para proteger a su comunidad, y eso significa a todos.
Él y su familia se mudaron de Perú cuando Lazo tenía 7 años. Vivieron en California durante dos años, donde su padre reabastecía máquinas expendedoras por unos $5 dólares la hora en el centro de Los Ángeles, y la familia de cuatro compartía un apartamento de una habitación.
Lazo creció en un hogar religioso, ya que su abuelo fue pastor de la Iglesia de los Adventistas del Séptimo Día. Al padre de Lazo se le ofreció un puesto en una parroquia de aquí, razón por la cual la familia llegó al valle.
De niño, Lazo asistió a la antigua Columbine Christian School de Glenwood Springs. “Era una escuela de un solo cuarto”, recuerda, y había una profesora: Pam Dupper. “Sigue siendo una de mis mentoras y amigas”. Para el bachillerato, él y su hermano asistieron a un internado adventista en Loveland.
Allí había programas de trabajo para ayudar a pagar la matrícula, así que durante un verano Lazo trabajó como evangelista literario. “Iba tocando de puerta en puerta vendiendo libros adventistas… fue aterrador”, se ríe. Los hermanos estudiaron en el Union College de Lincoln, Nebraska. Sigue muy unido a su hermano, quien también trabaja en servicios humanos como enfermero registrado.
Antes de convertirse en funcionario de la policía, Lazo trabajó para Roaring Fork Family Physicians como asistente médico. Dice que atribuye su habilidad para conectar con las personas a su trabajo con el Dr. Rick Harrington. “Él era servicial, flexible y con él no se trataba de reglas y organización o dinero, [sino de] tratar de ayudarnos unos a otros. Eso lo aprendí de Rick Harrington”.
El ex jefe de policía Gene Schilling también vio lo bueno en Lazo, y le ofreció un trabajo cuando llevaba menos de una semana en la Academia de Entrenamiento Policial de Colorado en el Colorado Mountain College Spring Valley. “Yo era básicamente un cadete mientras cursaba la academia de policía en CMC”, dijo a The Sopris Sun. “Nos graduamos un viernes, y el lunes por la mañana estaba en la oficina”.
Hoy no lo pensarías, pero Lazo relató que una vez fue algo callado y tímido. Sin embargo, el trabajo policial le ayudó a salir de su coraza. La realidad del trabajo es que los agentes se enfrentan a menudo a situaciones difíciles y negativas, y el método de Lazo es intentar conseguir al menos un resultado más positivo. La forma de conseguirlo no es sencilla y puede requerir un gran esfuerzo emocional.
“Creo que mucha gente subestima la cantidad de traumas que tenemos que asimilar y guardarnos para nosotros mismos”, afirmó, “para que los demás no tengan que verlo o sentirlo”.
Los cuatro años previos a su cargo actual, Lazo trabajó en Roaring Fork High School como agente de recursos escolares. “Hizo que me orientara un poco más hacia la comunidad”, dijo de aquella época. Al tratar con los jóvenes, no abordaba el mal comportamiento por el mero hecho de castigar, sino que profundizaba en el “por qué” de las acciones de un joven. “Era más un ‘¿Cómo podemos ayudarte a tomar una decisión mejor en el futuro?”. Dijo que la experiencia influyó en su forma de dirigirse en su nuevo puesto.
A principios de este año, Lazo fue seleccionado entre cuatro aspirantes para ser ascendido a sargento de patrulla. Hay otra sargento de patrulla, Ciara Chacón. Son los supervisores directos de los oficiales y dependen del teniente y del jefe. El objetivo del puesto es asegurarse que “hacemos lo correcto, por la razón adecuada y en el momento apropiado”, resume Lazo.
Y los turnos de un sargento de patrulla son un tanto sacrificados: de guardia de tres a cuatro noches a la semana, de tres de la tarde a tres de la madrugada. El razonamiento es que las llamadas de “alta responsabilidad” son más frecuentes por la noche.
Hoy hay mucha gente que vive con miedo a ser deportada, y Lazo entiende esos sentimientos a nivel personal. Él mismo vivió con miedo a ser expulsado de Estados Unidos durante casi un cuarto de siglo. Sin embargo, consiguió su estatus de residente y, finalmente, después de mucho tiempo y dinero, Lazo se convirtió en ciudadano estadounidense en 2024. La ciudad de Carbondale, valorando el profesionalismo de Lazo, le ayudó a pagar los gastos legales, algo que él no da por sentado.
“Crecí temiendo a la policía porque sentía que de alguna manera estaba asociada con la inmigración”, compartió. Sabiendo ahora que la policía no necesariamente tiene que trabajar con el cumplimiento de la inmigración – lo cual es el sentimiento y la política en CPD – quiere que todos los miembros de la comunidad se sientan cómodos llamando al departamento en busca de ayuda.
“Si la parte indocumentada de nuestra comunidad teme a la policía, entonces no denuncian los delitos”, lamentó apasionadamente. “Se quedan como víctimas, sin recursos, sin justicia”.
Lazo es uno de los dos oficiales del CPD que son bilingües, pero dijo que sus compañeros están haciendo esfuerzos para practicar y aprender algunas palabras y frases clave. La necesidad de oficiales bilingües es grande, con muchas interacciones que ocurren entre víctimas o sospechosos que solo hablan el español.
“Creo que una de las partes más importantes [de este trabajo] es la conexión humana y poder hablar con la gente”, concluyó Lazo. “Creo que el error está cuando las personas se ponen el uniforme y creen que son mejor que alguien”.
Traducción por Dolores Duarte
