Por Omar Sarabia
En estos días, la Oficina de Administración de Tierras (BLM) está revisando sus estrategias de gestión en todo Colorado para ofrecer una mejor protección a especies de caza mayor como venados, alces, ciervos mula, antílopes y borregos cimarrones. El objetivo del BLM es limitar los impactos del desarrollo de gas y petróleo en estos animales icónicos del estado.
Si bien, el plan inicial del BLM da pasos firmes para proteger hábitats vitales para la vida silvestre, no alcanza una protección integral, con casi un 86% del hábitat prioritario del estado que sigue siendo vulnerable a la explotación de petróleo y gas bajo el plan preferido de la agencia.
Los latinos en Colorado mencionan el bienestar de los animales como una preocupación principal cuando se trata del medio ambiente. Una de las formas en que los latinos participan cada vez más en las tierras públicas es a través de la caza. Los cazadores son cuidadores de la tierra y los animales. Como conservacionistas, quieren asegurarse de que las manadas de grandes animales, como los venados y los alces, estén sanas y prosperando.
Sin embargo, en este momento, los grandes animales de caza en Colorado están estresados.
Mientras pensaba en la caza mayor, las tierras públicas y el reciente evento “Caminando y platicando sobre vida silvestre”, de Defiende Nuestra Tierra, donde hablamos con algunos empleados del Servicio Forestal y pudimos ver hermosos alces, no pude evitar recordar a una amiga mía, Soira Ceja.
Soira es la única cazadora latina que conozco. Originaria de Chihuahua, México, se mudó al valle en 1994 estableciéndose con miembros de la familia que ya vivían aquí. Su padre tenía polio y no podía caminar, pero le encantaba pescar. “Pescar con mi padre fue mi primera exposición a la naturaleza,” me dijo recientemente. “Él era apasionado por la pesca. Simplemente le encantaba. Nos llevaba a los niños a lagos de la región, y pasábamos todo el día al aire libre.” Fue solo el comienzo para ella. Soira pronto comenzó a hacer senderismo, luego a escalar montañas de 14,000 pies. Más tarde, su esposo la introdujo en la caza. Se enamoró de ello. Soira ahora es una dedicada cazadora de alces con arco.
Para ella, la caza es una forma de cosecha. Si logra cazar un animal sano, tiene alimentos saludables para su familia. “Si obtengo un alce, significa menos exposición de mi familia a químicos y menos basura en nuestros cuerpos.” Sin embargo, últimamente ha estado viendo menos alces en la unidad cerca de donde ella vive. “Solía ver alces todo el tiempo, y también escucharlos. Pero los últimos dos años han sido difíciles.” Las preocupaciones de Soira han sido compartidas por muchos cazadores de Colorado.
La caza en Colorado es un gran negocio. Según el Consejo de Vida Silvestre de Colorado, la caza es una industria de $843 millones. Si se combinan la caza y la pesca, la industria añade 25,000 empleos a la economía estatal. Pero según los funcionarios, las manadas de alces no son actualmente sostenibles.
Soira rompió más de un estereotipo sobre lo que pensamos del típico “Cazador de Colorado.” A Soira le gustaría ver más apoyo para los cazadores latinos y latinas, y más mentores y guías que hablen su idioma. También cree que sería de gran ayuda, y para poder inspirar a más Latinos a ser cazadores, si se tienen clases de instrucción bilingües.
Las tierras públicas son el núcleo de lo que Soira ama. “La exposición a las tierras públicas es crucial. Puedes respirar aire fresco y disfrutar de la naturaleza con tu familia. Es hora de conectarse. Puedes alejarte de la tecnología y del trabajo. Es ideal para el vínculo familiar,” dijo.
La historia de Soira trata no solo de disfrutar de nuestras tierras públicas, sino también de la necesidad de proteger las tierras que tenemos para que la próxima generación las disfrute como nosotros. Nuestras tierras públicas son precisamente eso: públicas. Son nuestras. Necesitamos asegurarnos de entregárselas a la próxima generación tan buenas como las recibimos.
