El Spanglish no es un error: es identidad, adaptación y cultura. Esta columna celebra la creatividad lingüística de los latinos bilingües que mezclan inglés y español en su vida diaria, mostrando cómo el idioma evoluciona junto con su comunidad.

Felipe Perez

Para nadie es un secreto la amplia multiculturalidad de nuestra comunidad. Cuando dos culturas se entrelazan —además de la comida, claro— lo que más nos une es la lengua. El idioma de Cervantes, el español, se mezcla cada vez con más naturalidad con la lengua de Shakespeare, el inglés. De esa fusión cotidiana nace el Spanglish: no solo lo que hablamos nosotros, sino lo que habla nuestro cerebro. Y eso, créanlo o no, tiene sentido.

Muchos cuasi-puristas del lenguaje asumen que el Spanglish es una aberración lingüística. Lo ven como una deformación monstruosa del idioma, un atentado contra la “pureza” del español. Pero pensar así es, en parte, discriminación lingüística, y en parte, puro desconocimiento sobre cómo funcionan y evolucionan las lenguas. Esa visión rígida suele venir desde una perspectiva clasista y conservadora, que no soporta la idea de que el español también se transforma desde abajo, desde lo urbano, lo popular y lo cotidiano.

El hecho de que el Spanglish no sea un dialecto “blanco” o “europeo” como el gallego o el bávaro, no significa que esté mal o que empobrezca intelectualmente, como algunos personajes caricaturescos insisten en hacernos creer. Al contrario: el Spanglish revela creatividad, adaptabilidad y una inteligencia lingüística que opera a gran velocidad. Es el reflejo de una comunidad viva y compleja, que piensa y se relaciona en dos idiomas a la vez.

Hay muchas formas de interpretar el Spanglish, dependiendo del enfoque. Algunos lo ven como una lengua primitiva; otros, como una forma híbrida; hay quienes lo consideran una variante del español, y otros como un cambio sociolingüístico basado en economía del lenguaje. Incluso hay quien lo compara con un pidgin (un tipo de lenguaje simplificado). Puede que tenga ciertos componentes de todo a la vez, pero la definición precisa se la dejo a los lingüistas. Lo que cabe resaltar es que el Spanglish nace entre personas que comparten espacios comunes de trabajo, familia y educación. Que todos los usamos en nuestro día a día, que es sencillo y hermoso, y nos define como población única en el mundo: latinos bilingües o en proceso de adquirir la lengua. 

Nuestro cerebro, por naturaleza, tiende a economizar el lenguaje, a simplificarlo. Y cuando conviven dos lenguas —una dominante, como el inglés, y otra más receptiva, como el español— se dan fenómenos de préstamo, fusión e invención. Esto se ha acelerado con el auge de las redes sociales y la tecnología, donde el inglés actúa como lengua dominante no solo a nivel global, sino también local.

El Spanglish no es una lengua rota. Es un puente. Y para ilustrarlo mejor, aquí van algunos ejemplos:

Cuando se traduce literalmente del inglés al español según cómo suena o se interpreta, surgen expresiones como:

  • Call me backLlámame pa’ atrás (por “devuélveme la llamada”).
  • Vacuum the carpetVacúname la carpeta (por “aspira el tapete”).
  • MopMapear (por “trapear”).
  • Match the paintingMachear la pintura (por “combinar con la pintura”).

También está el famoso code-switching, donde se mezclan ambos idiomas dentro de una misma frase:

  • Estaba haciendo working en un project muy cool.
  • Mi mamá me dijo que si no hago el homework, no hay TikTok today.
  • We were in the party y de pronto llegó la policía.

Y por supuesto, los anglicismos que ya forman parte del habla diaria:

  • Dame un “raite” pa’ mi casa.
  • Voy a hacer “check-in” en el hotel.
  • Me encanta su “outfit”, está súper trendy.
  • Ese plan está full, mejor vamos al brunch del domingo.

Este fenómeno lingüístico no debe verse como un error o una amenaza, sino como lo que realmente es: un reflejo de la vida binacional, bicultural y bilingüe de millones de personas. Es una muestra clara de cómo el lenguaje se adapta, se reinventa y responde a las realidades de quienes lo hablan.


El Spanglish no empobrece el idioma, lo enriquece. No lo daña o lo deforma, solo lo transforma. Es un mestizaje lingüístico, un reflejo vivo de lo que somos como cultura en este país, una cultura trabajadora creativa y viva. Una que, lejos de dividirnos, muestra que en la diversidad también hay unidad. Así que si tú espicas Spanglish… no estás alone.

¡Leven Anclas!