Si alguna vez escuchamos que ser un buen anfitrión es un deber, no es por casualidad. La historia nos ha mostrado a lo largo de los siglos que es una gran virtud para lograr una paz profunda.
En las últimas semanas, Colorado ha presenciado una llegada significativa de inmigrantes venezolanos. Este flujo migratorio no solo trae consigo diversas historias y esperanzas, sino también la oportunidad de explorar un valor profundamente arraigado en la historia de la cultura occidental: la hospitalidad.
Al sumergirnos en la rica tradición de la hospitalidad, desde los antiguos griegos hasta los días presentes, podemos comprender mejor la importancia de construir puentes culturales y fomentar la comprensión mutua. Empezaré con los antiguos griegos que creían en este valor como parte de la buena cultura.
En la “Odisea” de Homero, vemos como gobernantes y ciudadanos; ellas y ellos primero se mostraban amigables, generosos y pacíficos con los desconocidos, era la etiqueta a seguir y luego se sentaban a escuchar las historias de esos forasteros para comprender los porqués y los cómos habían llegado ahí.
Aunque estuvieran en guerra o fueran enemigos, los griegos recibían a los “otros” en el siguiente orden; primero con saludos cordiales, luego ofrecían un banquete y después de haber saciado el apetito, abrían un diálogo para saber cuáles eran las intenciones de esa visita o llegada. La hospitalidad era un deber sagrado; una oportunidad para demostrar generosidad y solidaridad. Constituía una verdadera virtud ser buen anfitrión.
En la antigua Roma también se reconocía esta virtud. Virgilio resalta con detalle en el libro “I de la Eneida”, el protocolo de la hospitalidad. Eneas llega a las costas de Cartago (actual Libia), con su tripulación en situación sin techo, es decir, náufragos y moribundos, después de arder Troya. La reina Dido le da la bienvenida a Eneas y su mermada tripulación.
Para ella eran unos perfectos desconocidos y posiblemente una amenaza a la paz de su reinado. Aun así, los recibe y les provee de baño y ropa limpia, para después encontrarse con ella y su corte, dignos todos de un banquete y, como iguales, discutir su procedencia e intenciones. No puedo evitar decir que este capítulo ha sido motivo y tela de la historia de un romance inolvidable en la literatura universal y las artes escénicas.
Avanzando en la historia, en la Edad Media. Los peregrinos que viajaban a Santiago de Compostela experimentaban una forma única de hospitalidad. Comunidades a lo largo de los “Caminos de Santiago” ofrecían alojamiento, comida y atención médica a los peregrinos, considerándolos como portadores de experiencias y conocimientos valiosos. Actualmente esa sinergia de “hospitalidad” la experimentan los hacen El Camino.
En este lado del mundo, la civilización azteca, en su apogeo imperial, también valoraba la hospitalidad. Los mexicas, al igual que otras culturas antiguas, consideraban que recibir a los huéspedes con respeto y amabilidad era esencial. Esto se reflejaba en sus rituales y ceremonias destinadas a honrar a los visitantes. Un ejemplo: el recibimiento de Moctezuma a Hernán Cortés que ha dado pie a obras pictóricas y relatos que nos han dado mucho que pensar y han contribuido a una identidad.
En el crisol cultural de Colorado, la hospitalidad no es un concepto nuevo. A lo largo de la historia, diversas comunidades han convergido en este estado, cada una aportando su propia riqueza cultural. La llegada de los venezolanos presenta una oportunidad para agregar un capítulo más a esta narrativa en constante evolución.
La historia de la hospitalidad nos enseña que la acogida de extraños no solo es una cortesía, sino también una inversión en la construcción de sociedades fuertes y resilientes. En un mundo cada vez más interconectado, las comunidades que abrazan la diversidad y practican la hospitalidad son las que prosperan.
En conclusión, los recién llegados a este Valle inundado de sol, representan para todos una oportunidad para reflexionar sobre la rica tradición de hospitalidad a lo largo de la historia. Desde los griegos hasta los aztecas, la hospitalidad ha sido un valor fundamental que ha fortalecido las comunidades y ha construido puentes entre diferentes culturas.
Nosotros tenemos la oportunidad de escribir nuestro propio capítulo en esta historia, abrazando la diversidad, celebrando las diferencias y construyendo un futuro más inclusivo y próspero para todos.
