
Héctor Salas-Gallegos celebra los cuatro años de Sol del Valle, periódico en español con una emotiva carta de amor al periodismo comunitario y a las voces latinas del valle.
El Sol del Valle cumple cuatro años esta semana, y no me perdonaría si no tomo un momento para reflexionar sobre lo que este periódico y su gente significan para mí, como hijo de inmigrantes en el Valle de Roaring Fork.
Empecé a escribir para El Sol en diciembre de 2023. Justo antes de eso, pasé de 2020 a 2022 en Colorado Mesa University trabajando en vivienda para estudiantes cuando llegó la pandemia. Lo que iba a ser un rol en residencias y liderazgo estudiantil rápidamente se convirtió en responder a la crisis de salud pública. Fue una experiencia agotadora, de siete días a la semana, moviendo estudiantes para ponerlos en cuarentena, pasando por tantas cuarentenas yo mismo, y al mismo tiempo tratando de cumplir con mis responsabilidades laborales. Todos estuvimos al límite en esos días, pero para resumirlo, ese trabajo me canso de una manera de la que todavía no termino de reponerme.
Estaba desesperado por cambiar de trabajo y empezar lo que yo imaginaba sería mi carrera como escritor. Todas las noches buscaba en LinkedIn e Indeed trabajo en torno a mi interés. Para prepararme para ese sueño, escribía todos los días para mejorar y para intentar llamar la atención de periódicos y revistas. Mandé esos escritos a todos lados donde encontrará un correo electrónico de contacto. Se fueron acumulando los correos de rechazo, de los pocos que respondían amablemente. Finalmente, mi relación con la escritura se volvió tóxica: si a nadie le gustaba lo que escribía, para mí significaba que no era bueno y que no merecía perseguir un sueño. Eso me llevó a una autoestima por los suelos y a una ansiedad enorme que, en las peores noches, me hacía preguntarme cuál era la razón de una vida.
Después de varios meses atrapado en esa oscuridad, llegaron las vacaciones de Navidad, y el campus quedó desierto. Fui al restaurante mexicano, pedí una margarita gigante, la llevé a una mesa de afuera de la biblioteca, bebí y comencé a escribir mi manifiesto de escritor. Una especie de declaración para recordarme que escribía porque amaba hacerlo, no para que otros lo amarán. Para recordar que mis palabras no eran menos valiosas solo porque no me estuvieran pagando por ellas. No mucho después, publiqué por mi cuenta un artículo de opinión sobre Lauren Boebert, la ex-congresista de nuestro condado de Garfield, y al poco tiempo empezaron a abrirse algunas puertas.
Una de ellas fue El Sol del Valle. Me invitaron a colaborar para esta publicación digital, pensada como un lugar donde escritores locales en español pudieran darle voz al valle y construir una red de narradores para capturar la vida en esta comunidad. Al principio me aterraba la idea. Mi español, tanto al hablarlo como al escribirlo, era pésimo. Pero mi editora en esos tiempos, que también es la talentosa autora de la columna Artista Existencial, Vanessa Porras, me aseguró que podía escribir en inglés y ella me ayudaría con la traducción. Así que así empecé: escribía en inglés y trabajábamos juntos para darle vida en español. Ahora, casi dos años después, tengo mucha más confianza para comunicarme y traducir entre ambos idiomas.
El siguiente reto fue encontrar qué escribir y para quién. Al inicio pensé que era mejor para piezas más artísticas, pero no fue sino hasta que El Sol nos invitó a una llamada con Luz
Romano, directora de comunicación de Mexicanos Primero, aprendí qué era realmente una columna de opinión y cómo darle forma. Después de esa llamada, me sentí más cómodo para encontrar mi voz y mi perspectiva. Aún no sé con exactitud quién me lee cada mes, pero decidí hablar sobre temas que resuenan para mí: la experiencia de ser inmigrante, de haber crecido como hijo de inmigrantes, la política estatal, la justicia social y la vida adulta. Parecía que todas mis columnas eran críticas, así que decidí llamarla Críticas, inspirado por una de mis autoras favoritas, Jessica Hopper, y su libro The First Collection of Criticism by a Living Female Rock Critic.
No le conté a mi familia que escribía para El Sol hasta que habían salido algunas columnas. Mi mamá, que habla y lee principalmente en español, nunca antes había leído mi trabajo. Por primera vez podía compartir mi oficio en su idioma natal. Muchas veces la he hecho llorar al leerme (algo que considero un logro). Recientemente me dijo que cuando me fui a la universidad sintió que me perdió, pero que a través de mis escritos es como si me estuviera conociendo por primera vez. Gracias a la edición, traducción y confianza de El Sol del Valle, he podido cerrar una brecha entre mi cultura, mi familia, y mi autoestima.
Me considero un representante de la juventud latina en este valle. Si tú estás leyendo mis palabras, es porque tuve la oportunidad de hacerlo. Claro, me esforcé mucho, pero no soy el único en este valle que sueña en grande. Aquí todos trabajamos para cumplir un sueño, pero sin el apoyo adecuado esos sueños mueren. A veces parece que estos sueños quedan demasiado grandes para nosotros, para nuestro lugar de origen. ¿Por qué habría de importar la palabra de un muchacho de Rifle? Importa, y siempre ha importado. Simplemente no habíamos tenido un medio que hiciera brillar estos recursos para darle luz a todas esas voces.
La palabra escrita en español importa. Nosotros importamos. Estamos aquí. Y en estos tiempos donde nuestro bienestar, nuestro acceso a la comunicación, nuestro trabajo y nuestras libertades están en riesgo, contar con un medio como El Sol garantiza que ni nuestras ideas, ni nuestra cultura, ni nuestras historias serán borradas.
Algún día, no escribiré para El Sol del Valle, pero tengo la tranquilidad de saber que, cuando ese día llegue, mi lugar no lo ocupará un oportunista, sino alguien de esta comunidad con algo que decir… EN ESPAÑOL. Hasta entonces, agradezco a todas las personas que alguna vez han levantado esta publicación, la han hojeado y han leído a cualquiera de sus colaboradores. Porque cada mes para mí es un logro preguntarme: “¿Qué quiero compartir esta vez?”
Feliz cumpleaños, El Sol del Valle. Eres un periódico mágico en un lugar mágico, escrito para y por personas mágicas.
