Si fuera madre por un día,

sentiría cada olor como si fuera el último

y vería un arcoíris en cada gris.

Si fuera madre por un día,

me armaría un ramo de raíces (no de flores).

Si fuera madre por un día,

me sentaría en la banca donde cuido mi terraza

de aves del paraíso y girasoles.

Me acostaría sobre mi vientre a llorar sobre las fumarolas de las guerras,

y nada me importaría más que el pasar de los eones.

Si fuera madre por un día,

apoyaría mis codos en el mesón de la cocina

mientras la sopa está lista;

tomaría la cuchara y probaría el caldo

solo en el hervor que una madre conoce.

Olería el cabello de las sirenas,

remendaría las heridas con algodón de azúcar

hasta que duelan menos.

Si fuera madre, aunque fuera por un segundo,

llamaría a todos los habitantes de la Tierra por su nombre.

Leería el libro de sus vidas

y no le haría correcciones a nada…

pues disfrutaría cada letra, cada respiro,

cada travesura de los hijos de esta tierra.

Si fuera esa madre, aunque fuera por un instante

me haría llamar Pachamama, 

Sol y Rabia, Alondra del amanecer.

Abrazaría el globo y coleccionaría los ojos

de cada mamífero del orbe dentro de mi caja de hilitos.

Trenzaría caballos en secreto 

y pondría leche en cada tumba,

mandaría a detener todos los relojes

para que nada pase a través de ellos,

y sería madre para siempre:

qué es lo que dura un momento entre sus dedos.

Destellos del alma