Al No Artista – Vanessa Porras

Lo peor de tener una columna de arte no es convencer a los demás de la importancia de la creatividad, sino seguir convencida yo misma, especialmente cuando cada columna se siente como un grito al vacío. ¿Cuál es el impacto de lo que escribo o hago en el mundo? Esta pregunta se intensifica cuando te pones a considerar todo lo que está sucediendo en el mundo. 

El arte se convierte en algo trivial. El acto de crear, cuando pudieras estar haciendo cualquier otra cosa para apoyar a mil otras causas, se siente como una pérdida de tiempo y un acto egoísta.

Confieso que no solamente se me dificulta buscar maneras distintas mes a mes para escribir sobre algo relacionado con la creatividad y el arte, sino también crear. Se ha convertido más fácil consumir que crear. Una gran parte de eso es que he perdido mi atención y mi paciencia y sé que la gran mayoría de personas también.

El proceso de creación es largo, arriesgado y pocas veces gratificante. Es, como dije antes, un grito al vacío que casi suplica por un eco. Hay muchas otras opciones al alcance de nuestros dedos que nos distraen y que, por lo menos en ese instante, provocan una descarga de dopamina que nos hace sentir bien. Es un ciclo vicioso, pero es un ciclo que, si así lo queremos, podemos continuar infinitamente sin enfrentarnos al riesgo de crear… o por lo menos esa es la ilusión.

Pienso que como seres humanos, nuestra naturaleza es conexión. Por lo tanto, llegamos a un punto donde el sobreconsumo nos hace sentir más vacíos que nunca. No estamos aportando nada, no hay riesgo, pero tampoco hay la posibilidad de compartir y co-crear. Hemos intercambiado nuestro tiempo por entretenimiento barato. 

Realmente, no creo que estemos tan preocupados por “perder el tiempo”. Si somos honestos, la mayoría de nosotros perdemos horas al día consumiendo contenido en las redes sociales. Según la Universidad de Maine, a partir de 2023, el promedio de las personas están conectadas aproximadamente dos horas y media al día. ¿Qué sucedería si usáramos esas horas de manera diferente?

No se trata de ser artistas, sino de compartir esos proyectos que hemos guardado y que nunca han visto la luz porque pensamos que no les servirán a nadie. Creo que es más egoísta conservarlos que dedicarles el tiempo que merecen. Tal vez no inspirarás a millones y tal vez tu creatividad no se convierta en un legado, pero quizá tu creación sí pueda cambiarle la vida a alguien. Es una oportunidad para procesar aquello que sentimos y una de las pocas posibilidades de crear mundos con nuestra imaginación. 

El proceso creativo es muy vulnerable, pero esa misma vulnerabilidad también le permite a otros empatizar contigo y crea conexión. Imagínate que toda la música, las películas, los libros, etc., que has disfrutado o que te han movido no existieran porque el creador tenía demasiada pena o simplemente estaba demasiado ocupado viendo sus redes sociales. 

Recuperar nuestra atención es, en sí mismo, un acto creativo y un acto de rebeldía frente a la distracción constante. Vivimos en una realidad de gratificación instantánea, y nuestro enfoque se debilita un poco más cada día. Hay un gran valor en la creación lenta, en dedicar tiempo al proceso en lugar de obsesionarnos con el resultado.Tal vez no se trate de crear para ser vistos o reconocidos, sino de crear para recuperar nuestra atención y nuestro sentido de propósito.

Artista existencial