Bianca Godina consuela a su “yo” joven, interpretado por Annette Rascon, en la pieza original “Lo que soñaste, soy”. Foto por Iliana Renteria @LilysEnColorado

El pasado fin de semana concluyó “Nuestras Voces: Anhelo un café con estrellas”, en el Teatro Ute de Rifle. La obra, una colección autobiográfica de viñetas inspiradas en historias de nuestro propio valle, fue presentada por VOICES, la organización sin fines de lucro dedicada a amplificar historias locales y a promover la inclusión y la justicia social a través del arte.

Escena final de “Si el sueño fuera”, presentada y creada como una creación colectiva. Foto por Iliana Renteria @LilysEnColorado

El momento elegido para esta producción y su mensaje resultaron especialmente oportunos. Las tensiones dentro de la comunidad latina siguen siendo constantes, mientras la retórica divisiva en torno a la inmigración continúa. Como un respiro ante esa realidad, en este pequeño teatro de creación, familias hispanohablantes llenaron las sillas para ver sus historias representadas en un espacio que reconocía su ternura y su poder. Para quienes no hablaban español, se ofreció traducción en vivo mediante audífonos. El sábado anterior al cierre, el teatro superó su capacidad, y el personal tuvo que agregar sillas para responder a la alta demanda.

Fundada en 2016 por Barbara Reese, VOICES nació del amor por la poesía y el arte oral. Hoy produce cuatro proyectos de teatro colaborativo cada dos años. El llamado “devised theater o “creación colectiva” es un proceso colaborativo en el que los miembros del elenco son también los autores de la obra, combinando sus experiencias personales con el arte teatral. Cada uno de los cuatro proyectos de VOICES se enfoca en una comunidad diferente: Nuestras Voces para latinos, además de programas centrados en personas LGBTQ+, mujeres y adultos mayores (“sabios”).

“Anhelo un Café con Estrellas” giró en torno a los sueños, explorados a través de cinco escenas íntimas. El elenco (y sus personajes autobiográficos) incluyó a un locutor de radio, una maestra, una administradora de hospital, editora de periódico (Bianca Godina, de Sol del Valle) y varios estudiantes. Algunas escenas presentaron a familiares reales interpretando versiones estilizadas de su propia dinámica doméstica, por ejemplo, madre e hija realizando tareas del hogar. Durante meses antes del estreno, el elenco se reunió dos o tres veces por semana, ensayando casi a diario a medida que se acercaba la función inaugural.

La obra comenzó con el locutor de radio Samuel Bernal, de La Tricolor, reflexionando sobre sus propios sueños y los de su hija. Cuando ella anuncia, maleta en mano, que planea recorrer el mundo, Bernal le ruega que se quede. La exhorta a no dejarse llevar por lo que llama la “narrativa americana” de la emancipación a los 18 años, expresando en cambio la norma cultural latina de que las familias permanecen unidas hasta que los hijos forman sus propias familias. Dirigiéndose al público como si fueran sus oyentes en la radio, “la hermosa gente de las montañas”, Samuel realiza su transmisión en vivo, ofreciendo mensajes de herencia, solidaridad y futuro constructivo. Su historia, que contrasta la migración con el sentido de pertenencia, marca el tono de toda la obra.

El espectador Eric Tinajero, DJ de Carbondale conocido como TEAJ, comentó después: “La obra capturó la experiencia inmigrante de forma íntima: el deseo de viajar en el corazón de los inmigrantes, la necesidad de conocer el mundo”. Sus palabras resonaron no solo con quienes emigran en busca de prosperidad, sino también con las generaciones siguientes, que enfrentan nuevas preguntas sobre su identidad.

Otras viñetas adoptaron formatos distintos: una madre y una hija comparando sus vidas con la historia perfecta de una muñeca; un espectáculo de títeres donde un dragón con el estómago débil era derrotado por un taco con salsa suave; una entrada de diario acompañada de comentarios en video en vivo; y la visita que una niña recibe de su “yo del futuro”, quien la anima a mantenerse firme pese a las presiones.

A lo largo de la obra, el motivo del sueño apareció tanto con esperanza como con cautela. Si llegar a Estados Unidos es en sí mismo un sueño, entonces, como dice Bernal a su audiencia alpina: “Están en el techo de América, lo lograron”. Sin embargo, la obra insiste en que la llegada es solo el comienzo; los sueños deben permanecer activos y en evolución. La producción transmitió un profundo sentido de responsabilidad, explorando deliberadamente múltiples caminos en su búsqueda de un optimismo genuino. Cómo Bernal dijo The Sopris Sun tras la función, “Hoy en día, tanta hostilidad es oficial, incluso federal. Nuestro trabajo en los medios es expresar esperanza. Esta es una oportunidad para reafirmar lo que creemos que es bueno”.

Esa motivación fue reafirmada por MinTze Wu, directora ejecutiva y artística de VOICES, “Siempre existe el temor de llamar la atención. Pero cada vez que se nos pide guardar silencio, presentarse es un acto de valentía. El miedo puede seguir ahí, pero así como algunas fuerzas nos separan, otras nos unen”.

Y realmente se sintió así. Niños llenaban los pasillos, y una mujer comentó maravillada que era la primera vez que asistía a una obra que no fuera de cine. Esta fue una nueva experiencia para la comunidad, hecha a su medida. Como dijo la directora y maestra de kínder Gabriela Espinoza en sus palabras de apertura, “Todo lo que ven aquí fue hecho por su comunidad, por personas como ustedes”. Fue una revelación del potencial comunitario, plenamente exhibido.

En un momento en que la visibilidad puede sentirse riesgosa, incluso imprudente, “Anhelo un Café con Estrellas” ofreció una forma de consuelo, un diálogo que trasciende la mera supervivencia para acercarse al cumplimiento personal. La obra alentó la valentía, invitando a su público a nutrir las aspiraciones que tan a menudo se ven amenazadas. La función dejó al público con un recordatorio poderoso: soñar, en sí mismo, es un acto de libertad. Como se repitió en más de una viñeta: “Échale ganas”, hazlo con el corazón.