A las cuatro de la mañana, un grupo de personas se despiertan. Entre bostezos mantienen el silencio, y uno a uno se sientan en el suelo con las piernas cruzadas y comienzan a meditar. El proceso es sencillo, pero no es fácil. Tienes que soltar cada pensamiento, dejar la mente en blanco y estar en el presente. Esa fue mi experiencia en un retiro de silencio años atrás.

Al paso del tiempo, recuerdo esas madrugadas casi como si hubieran sido un sueño. Tal vez porque me movía como una sonámbula, más adormecida que despierta, intentando soltar cada pensamiento en vez de dejar que me arrastraran.
La idea detrás de soltar los pensamientos es que cada pensamiento viene acompañado por una emoción. A veces esa emoción nos hace sentir bien, y otras veces nos hace sentir mal. Suena lógico, ¿verdad?
La filosofía budista nos enseña que la vida es sufrimiento, pero podemos escapar una vez que hayamos obtenido paz interior. Muchas de las enseñanzas eran difíciles de aplicar en mi día a día y las fui dejando, pero hoy, casi siete años después, vuelvo a preguntar: ¿Cómo se supone que debemos soltar?
A veces me ha pasado que cuando menos pienso, ya llevo media hora peleándome con la cajera que me atendió de mala gana. Me imagino todo lo que le hubiera dicho, e incluso lo que me hubiera contestado. Como todo ocurre en mi mente, los únicos que sufren son las sartenes que sigo tallando bajo agua hirviendo, mis manos y mi ritmo cardiovascular.
Pensar positivo también es su propia trampa. Creamos toda una novela con un extraño, nos imaginamos que nos dan la promoción, o pasamos días y años imaginando la casa que algún día tendremos. Luego llega la descripción.
Te das cuenta que el extraño con el que creaste tu romance ya tenía pareja y es feliz, la promoción se la dan a tu compañero que se destacó más en el trabajo y la casa con la cual soñaste se la venden a alguien más.
Según los budistas, la paz interior se obtiene a través del autoconocimiento y la eliminación del deseo y la ignorancia.
Pensar que algo te pertenecerá para siempre solo porque te pertenece en este momento es la raíz del sufrimiento. Cuando se trata de cosas materiales es fácil aceptar que hay una fecha de caducidad, pero cuando eso se aplica a las personas que amas, el tiempo que pensabas que tenías o la vida que con tanto esfuerzo has construido, es mucho más difícil soltar.
Esto no tiene nada que ver con el ser positivo ni mucho menos con las manifestaciones que provienen de la supuesta vibración alta. Admito que también me han pasado cosas que parecen ser por arte de magia. El problema es que no duran y ahí es donde empieza el proceso de soltar.
De chiquita, mi sobrina segunda decía, “no pasa nada” y como un mantra, lo adopté en mi vida. Hoy, mientras le cambio el pañal a mi hijo, que grita como si lo estuviera torturando, le susurro, “no pasa nada, no pasa nada”, para consolarlo.
No pasa nada, ya va a pasar. Todo termina, todo pasa.
En este punto de mi vida, no solo tengo que soltar, tengo que dejar que todo pase, porque todo va a pasar. Me refiero a que todo ocurrirá y todo es efímero. Todo lo que categorizo como lo bueno y lo malo pasará, y todo será pasajero. Esa es la bendición y también la gran tragedia de la vida.
Cada etapa de mi hijo será una versión diferente de él y no me quedaré con ninguna. Cuando estoy entre dormida y despierta a las cuatro de la mañana cambiando su pañal mientras grita porque tambien él está entre dormido y despierto, mi mantra sigue siendo, “no pasa nada” solo que ahora también le recuerdo a él y a mi misma, “todo pasa,” esto es temporal, asi que disfrutalo.
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