Un regalo del Sol

Bianca Godina, Daniel Torres, Jackie Ramirez

El equipo editorial de Sol del Valle compuesto por Bianca Godina, Daniel Torres y Jackie Ramirez le invita a reflexionar en estos días de celebración de independencia para varios países como Brasil, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Nicaragua. Elegimos el tema de “ni de aqui, ni de allá” con la intención de reflexionar sobre la belleza de ser inmigrantes en Estados Unidos ya sea como primera, segunda o tercer generación. 

Bianca Godina, editora para Sol del Valle

“Ni de aquí ni de allá”, es un concepto con el cual he estado familiarizada toda mi vida, tal como lo decía la India Maria en su película. Vivir en la ambivalencia de dos mundos que parecen ser tan diferentes el uno al otro y terminan siendo tan similares a la vez. Siendo méxico-americana e hija de inmigrantes a veces todo parece tan confuso. Hace poco platiqué con mis papas y veía la ilusión en sus ojos de que quizá pasarían este año el 16 de septiembre en mi pueblo, Temosachic, Chihuahua, y a la vez sentir su decepción al ver que esa posibilidad se desvaneció por otros eventos y responsabilidades. 

Es irónico pensar que mis padres han pasado más de la mitad de su vida en Estados Unidos y aun así el 4 de julio, día de la independencia Estadounidense es tan lejano a nosotros. Ver que mis padres con el tiempo lograron adaptarse a correr contra el reloj como muchos inmigrantes en el nuevo hogar que formaron aquí. Aún, sin embargo, nadie podrá negar que regresar a un despertar en el pueblo con los pajaritos cantando y el olor a tierra mojada acompañados de un rico cafecito siempre serán el calorcito que falta para reiniciar el alma. 

Personalmente son contados los eventos del Dia de la Independencia Mexicana y Estadounidense a los que he asistido y aún así recuerdo gratamente uno de los más emocionantes. Yo tenía 15 o 16 años y viajamos a mi pueblo ese fin de semana. 18 horas de viaje en carretera, 4 días de estadía, solo para disfrutar un poco de nuestras raíces. Dimos inicio con el desfile, al cual llevaron caballos bailarines, música y todo el pueblo se vistió de verde, blanco y rojo, y el viento cargado de alegría, honor y las notas musicales del grupo norteño. La noche terminó con cohetes de los colores de la bandera mexicana y el grito de Miguel Hidalgo, simulado por el presidente municipal, culminando un fin de semana lleno de amor a la patria. 

Llevo en mi corazón el amor a mi patria mexicana y el orgullo de ser la segunda generación en mi familia en formar mi vida en Estados Unidos. He aprendido a lo largo de los años que el ser ni de aquí ni de allá tiene cierta belleza. Jamás encajare por completo y ya no busco hacerlo. Es la belleza de poder cambiar de un idioma a otro sin titubear y el poder ayudar a mis paisanos latinos en el supermercado cuando las palabras en inglés no tienen sentido. Ciertamente he aprendido a ser dueña de mi identidad como mexicano-americana y estar 100% orgullosa de ello. Soy hija de inmigrantes y con ello llevo la gran responsabilidad de representar a mi pueblo en cada lugar donde pise. 

Daniel Torres, reportero para Sol del Valle

“No soy de aquí, ni soy de allá

No tengo edad ni porvenir

Y ser feliz es mi color de identidad”.

Es una canción escrita  por el cantautor argentino  Facundo Cabral. Musicalizada e interpretada ampliamente por muchísimos cantantes, como Vicente Fernández, Chavela Vargas, Julio Iglesias o Jorge Cafrune. Siendo esta mi versión favorita, no solo por el poder que le imprime a las palabras, sino por su guitarra acústica y su peculiar chiflido al inicio. Generando un preámbulo melancólico, perfecto para el acompañamiento de la letra. 

En lo personal, hablar de la metáfora “no soy de aquí, ni soy de allá”, no es en absoluto reciente, ya que mis raíces de pertenencia siempre estuvieron a distancia, alejadas de la ciudad donde crecí y viví. Siendo México un país muy diverso, culturalmente, económicamente, geográficamente, etc. Además de enorme en cuanto a extensión territorial (contando con casi dos millones de kilómetros cuadrados), con tradiciones sumamente variadas, influenciadas en mayor o menor medida, por la múltiple geografía, además de su fauna y flora. Sumándole a esto la cosmovisión católica que atraviesa por completo muchas de las imágenes que se exportan como lo realmente mexicano. Tal es el caso de la imagen religiosa por antonomasia en nuestro país: la virgen de Guadalupe. Asimismo, el día de muertos, como celebración-conmemoración que pretende generar una identidad como lo realmente mexicano y que para el extranjero que consume aquello a través de series, películas, redes sociales o libros, lo presupone como verdadero.  

Tradiciones, que van desde las celebraciones de agenda completamente religiosa, como la Navidad o la semana de Pascua, la celebración del Santo del pueblo o la colonia, influenciado sobremanera por el sincretismo religioso muy peculiar de cada estado o colonia. Llegando hasta las conmemoraciones de héroes nacionales, símbolos patrios o fechas importantes, que atienden a la agenda política nacional, estatal y regional. En adición a ello, se incorpora una cosmovisión muy específica, afiliada con el  grupo político de turno en el poder.  

Estando en la víspera de la conmemoración de muchas de las independencias en Latinoamérica y siendo un inmigrante mexicano en Estados Unidos, reflexiono acerca del entendimiento y conservación de las tradiciones (en todo el contexto que ellas conllevan) y me pregunto ¿Qué significa ser mexicano en México y que significa ser mexicano en Estados Unidos?, más aún ¿Qué significa ser latinoamericano en Latinoamérica y que significa ser latinoamericano en América del Norte? ¿Qué es lo que significa ser mexicano en Colorado?, y ¿Cuál es la esencia (si es que existe), de lo que el mexicano enseña que es -o debería ser- un mexicano? Preguntas que aún no tienen una clara respuesta en mis adentros y que las celebraciones, por más significativas que estas sean, no terminan de darle sentido a mi yo latinoamericano, a mi yo mexicano, a mi yo extranjero. 

Jackie Ramirez, reportera para Sol del Valle

Desde chica, mis padres siempre nos enseñaron a estar orgullosos de nosotros mismos y de nuestras raíces, aunque ellos estaban lejos de su país. Como les he platicado, yo siempre supe que era hija de dos padres inmigrantes y que era mexicano-americana. Cuando pienso en mi niñez, recuerdo la escena de la película de Selena, donde el papá de Selena dice: “Tenemos que demostrarles a los mexicanos cuán mexicanos somos y demostrarles a los americanos cuán americanos somos. Tenemos que ser más mexicanos que los mexicanos y más americanos que los americanos, ambos al mismo tiempo”.

En mi niñez, mis padres siempre hicieron su mejor esfuerzo para educarnos a mis hermanos y a mí acerca de nuestra cultura mexicana. Nos enseñaban la música que ellos escuchaban, mi mamá cocinaba los guisados y en casa solo hablábamos español. Cuando entré a la escuela y comencé a hacer amistades, me di cuenta de que no conocía mucho de la cultura americana. No conocía a Oprah, pero conocía a Cristina. No sabia quien era Beyoncé, pero si sabia quien era Selena. Algunas cosas de ese tipo.

Recuerdo que siempre me generaban curiosidad los intereses de mis amigas americanas, que veían Disney Channel y llegaban a la escuela con peinados sueltos. Yo, al contrario, llegaba a la escuela con una cola de caballo bien apretada que casi me ponia en riesgo de tener una línea de cabello en retroceso a la edad de cinco años, pero con actitud de estrella de telenovela. Poco a poco fui dejando cosas de mi cultura mexicana para poder hacer más amigos. Cuantos más amigos tenía, más olvidaba mi cultura.

Pero aun cuando estaba conectada con mi cultura mexicana, no era suficiente para los mexicanos. Cuando fui a México, por primera vez, en mi niñez, mis primos y mi hermano me hacían burla porque yo no había nacido en México como ellos, pero mi tía me decía, “cuando te hagan burla, diles: yo soy más mexicana que la tuna”. Aún llevo ese consejo en mente, especialmente ahora que escribo para periódicos como el Sol del Valle.

Siempre te dicen que no puedes hacer dos cosas al mismo tiempo sin perder calidad en ambas. Existe verdad en esto, relacionándolo con ser mexicano-americana. Lo mejor es aceptarlo y recordar lo que mis padres me enseñaron: “estar orgulloso de uno mismo”.