A veces, la vida te cambia el rumbo de una manera que jamás imaginaste. Y aunque pasan los años, hay momentos que siguen viviendo dentro de ti como si hubieran ocurrido ayer.

Hoy quiero escribir desde ese lugar. No solo como mamá de un joven dentro del espectro autista, sino como la mujer que hace años tuvo que aprender a reconstruir la idea que tenía sobre el futuro, sobre la maternidad y sobre sí misma.

Mi nombre es Erika Vargas. Soy esposa, mamá de dos niños y tenía sueños, metas y una idea muy clara de cómo imaginaba mi futuro profesional. Pero hace más de 16 años llegó un diagnóstico de autismo que cambió el rumbo de todo.

En ese momento había muy poca información, demasiadas preguntas y muy pocas respuestas. Recuerdo sentir miedo, incertidumbre y también una enorme necesidad de aprender. Aprender cómo comunicarme, cómo acompañar y cómo encontrar herramientas que ayudaran a mi hijo a salir adelante. Y así empezó todo. Hubo un tiempo en el que una foto se convirtió en nuestra manera de entendernos.

Después llegó el lenguaje de señas. Y con el tiempo, poco a poco, llegaron más palabras y más formas de expresar lo que siente y lo que piensa. Cada avance se volvió importante.

También aprendí algo que cambió por completo mi manera de ver este camino: cuando dejamos de enfocarnos solamente en las dificultades y comenzamos a reconocer sus fortalezas, las cosas empiezan a transformarse.

En Grand Valley High School el cambio fue enorme. Este último año hubo más comunicación, más confianza, más participación y, sobre todo, más felicidad de venir a la escuela. Para nuestra familia, este lugar fue mucho más que una escuela: fue un lugar donde lo hicieron sentir visto, aceptado, incluido y capaz.

El apoyo y la dedicación de maestros y paraprofesionales hicieron una diferencia muy grande en su crecimiento. Gracias por mirar más allá de las diferencias y por reconocer todo el potencial que había en él. Eso no sucede por casualidad. Sucede cuando hay personas comprometidas, humanas y dispuestas a hacer una diferencia verdadera en la vida de un estudiante.

Siempre buscaron impulsarlo y hacerlo sentir parte de cada experiencia. Hoy veo a Gerardo vivir su graduación de una manera muy especial. Uno de los momentos más emotivos para mí fue verlo presentar su capstone y compartir parte de su recorrido durante la high school.

Escucharlo expresar parte de su historia y ver la emoción con la que vive su graduación es algo que jamás imaginé experimentar de esta manera. El arte también se convirtió en una forma muy importante de expresarse.

Hoy tiene su página de Instagram, comparte su creatividad con el periódico y se emociona al ver su trabajo publicado. Ver que el periódico Sol del Valle le dé la oportunidad de compartir su arte significa muchísimo para mí.

Y como mamá, verlo sentirse orgulloso de quién es me llena el corazón. Y hoy, después de tantos años, estoy viviendo un momento que alguna vez pareció incierto. Este año, Gerardo se gradúa de Grand Valley High School en Parachute. Y aunque para muchos puede parecer algo esperado, para mí no lo es.

Para mí, es un logro inmenso. Porque esta graduación representa años de esfuerzo, aprendizaje, constancia y pequeños pasos que con el tiempo se convirtieron en algo enorme. Representa todo lo que sí fue posible.

Verlo llegar a su graduación con emoción, orgullo y seguridad en sí mismo es también reflejo de todo el apoyo que recibió de esta escuela.

Y si algo quisiera dejar con esta historia, es que siempre hay maneras de avanzar, de aprender y de comunicarse. Ojalá esto ayude a comprender con empatía… a mirar más allá de las diferencias… y a entender que cada proceso es distinto, pero todos tienen valor.

Porque cuando aprendemos a entender a la persona… todo cambia.

Agradecimiento especial