Creación por Felipe Perez

Un poema íntimo y filosófico donde el tiempo deja de medirse en minutos y se convierte en río, memoria y transformación interior.

Hace tiempo 

miro el reloj y no la hora.

Ya me dejaron de importar los minutos; 

palitos que se mueven por parodia.

Aquel es mi principio libertario,

pues la maldad no me quita con jabón

ni con el tiempo que todo 

lo cura.

Mis zapatos: ataúdes en los pies

que a veces no descalzan mis ideas,

son piedras en un río:

el tiempo resbala por ellas

erosionando su origen 

hasta la arena.

Cambiando por los siglos, 

de pez en pez

molécula a molécula,

así cambia el río que llevo adentro

debajo de rápidos y lentos.

Fui instruido por mis ojos para un crimen:

ver al mundo y robarle su belleza

Madre: fui concebido en movimiento

atado con tu pelo a tu sonrisa de sirena,

en rosarios de madera y de locura 

ya no tan buena.

Es mi sonrisa la única testigo,

de cuando me escapé de la furia de los rayos.

Traje al mundo la semántica,

Y los rastros de inventarme con mi letra

siempre fea.

Hace tiempo hago canciones 

mirando la guitarra sin tocarla

 son baladas, mi público el cerebro,

sin propinas y sin miedos.

Hace tiempo miro la vida 

y no a sus genios.

Hace tiempo olvidé el amor 

y aprendí a hacerlo.

Destellos del alma