Un poema íntimo y filosófico donde el tiempo deja de medirse en minutos y se convierte en río, memoria y transformación interior.
Hace tiempo
miro el reloj y no la hora.
Ya me dejaron de importar los minutos;
palitos que se mueven por parodia.
Aquel es mi principio libertario,
pues la maldad no me quita con jabón
ni con el tiempo que todo
lo cura.
Mis zapatos: ataúdes en los pies
que a veces no descalzan mis ideas,
son piedras en un río:
el tiempo resbala por ellas
erosionando su origen
hasta la arena.
Cambiando por los siglos,
de pez en pez
molécula a molécula,
así cambia el río que llevo adentro
debajo de rápidos y lentos.
Fui instruido por mis ojos para un crimen:
ver al mundo y robarle su belleza
Madre: fui concebido en movimiento
atado con tu pelo a tu sonrisa de sirena,
en rosarios de madera y de locura
ya no tan buena.
Es mi sonrisa la única testigo,
de cuando me escapé de la furia de los rayos.
Traje al mundo la semántica,
Y los rastros de inventarme con mi letra
siempre fea.
Hace tiempo hago canciones
mirando la guitarra sin tocarla
son baladas, mi público el cerebro,
sin propinas y sin miedos.
Hace tiempo miro la vida
y no a sus genios.
Hace tiempo olvidé el amor
y aprendí a hacerlo.
