Para todos es bien sabido que el diez de mayo en México, Guatemala y El Salvador se celebra el Día de las Madres. Es muy común por estos días ver encabezados de artículos como estos: “Cómo envolver sus regalos de día de las madres de una manera creativa”, “Los mejores lugares para ordenar flores en línea este día de las madres”, “Los mejores regalos para darle a mamá” y la lista continúa con sugerencias que van desde tarjetas, chocolates, bolsos, joyería, perfumes, guías de restaurantes, certificados de regalo para spas, hasta sofisticados tratamientos de belleza y un sin fin de ideas, todas ellas acerca de cómo consentir a las madres.
La celebración del día de las madres se ha convertido en algo tan importante en el mundo entero que en realidad son muy pocos los lugares donde no se festeja. Aquí en Estados Unidos se suele celebrar el segundo domingo del mes de mayo, de hecho, se conoce a mayo como el mes de las madres. Sea como sea, esta celebración se ha convertido en una de las ocasiones del año más importantes, especialmente para el comercio.
De acuerdo con Prosper Insights & Analytics, una organización que brinda información de mercado autorizada sobre los consumidores de Estados Unidos, el Día de la Madre representa ventas de más de 25.100 millones de dólares.
Muchos son los esposos, hijos, nietos y hermanos que tienen muy presente el día, sin embargo, muy poco se conoce acerca de la historia de cómo se originó la costumbre de conmemorar el amor materno en una fecha específica. La oficialización de esa costumbre se inició en el siglo XX en Estados Unidos, por insistencia de una mujer que nunca fue madre, pero decidió homenajear a la suya.
En 1851 durante la guerra civil, en Virginia, la activista Ann Reeves creó una especie de grupos de trabajo para cuidar de los soldados y para trabajar por mejoras en la salud pública.
En 1905 tras su muerte, su hija Ann Jarvis inició una campaña a favor de lo que llamó “Dia de las Madres”, esto a petición de su madre quien en vida expresó, “Espero y rezo para que alguien, un día, reconozca un día en memoria de las madres, para celebrar el servicio incomparable que prestan a la humanidad en todas las áreas de la vida”, por esa razón, Ann Jarvis se convirtió en una activista por la causa, con tal éxito que en 1914 se adoptó oficialmente que el segundo domingo de mayo se conmemoraría con un día feriado un homenaje a las madres. El deseo de Jarvis se había cumplido y ella se podía enorgullecer de haber sido la “madre” del Día de las Madres.
Muy pronto la fecha conmemorativa se convirtió en un excelente pretexto para los comerciantes que aprovecharon la oportunidad para estimular la compra de regalos. Ann Jarvis nunca quiso que esta festividad se convirtiera en día para dar regalos costosos e incluso llegó a realizar protestas contra las florerías, que aumentaban sus precios en el mes de mayo y amenazó con demandar a muchas empresas que lucraban con la celebración, sin éxito, por cierto.
A cien años de la institución de esta celebración, la costumbre de dar regalos a las madres es imposible de detener o cambiar, y lo más probable es que las mamás no quisieran que eso cambie. Algo que podemos hacer es, preguntar a mamá que es lo que ella realmente quisiera, tal vez sea pasar tiempo de calidad con sus hijos, o tal vez ella prefiera un tiempo a solas.
Como madres, haríamos bien en quitar la mirada de nosotras mismas, miremos a nuestro alrededor; mostremos amor a esa madre que ha perdido a su hijo, o cuyos hijos se encuentran lejos. No olvidemos a aquella mujer que aún no cumple su deseo de ser madre. Tampoco debemos poner cargas sobre nuestros esposos e hijos acerca de cómo nos deben celebrar, mucho menos ser presas de la competencia silenciosa.
El reto es, no pensar en lo que yo puedo recibir sino en lo que puedo dar, en cómo y a quién puedo servir desinteresadamente. Al final del día, servir es el llamado supremo que todos tenemos en la vida. Servir es ayudar, compartir, colaborar, contribuir y salir de nuestra área de confort para realizar un acto que no sea de beneficio propio. Como dijo la Madre Teresa de Calcuta “Quien no vive para servir no sirve para vivir”.
