Escucha “Juan Nicanor”, canción de Felipe Pérez que retrata el dolor de la migración, la frontera y la indiferencia social.

Allá en lo alto no es un aviador,
es un zopilote de la región.
Una familia fue quien llamó,
a su destino él nunca llegó.
Hace tres días que ya cruzó,
él se llama Juan Nicanor.
Parece duerme, pero en verdad que no,
lleva tres días tirado en el sol.
En una mano lleva un botellón,
en la otra una dirección,
del trabajo que se consiguió
en Arizona como constructor.
La indiferencia fue quien lo mató,
duele más que la prohibición.
La ignorancia como educación,
el silencio es la información.
La frontera es la división,
no te lo enseña la constitución.
El desierto es la población,
enajenada en su habitación.
Hace ya un mes que le pagó
al coyote allá en El Salvador,
10 mil grandes y un reloj,
fue todo lo que papá dejó.
Y un relicario que le regaló
su amada esposa, la señora Flor.
Su amada esposa, la señora Flor,
solo un zapato le quedó,
huyendo de inmigración.
Tres países, tres muros brincó,
sin contar el hambre y la indignación
de dormir solo en un rincón,
de escuchar el llanto de una menor.
La indiferencia fue quien lo mató,
duele más que la prohibición.
La ignorancia como educación,
el silencio es la información.
La frontera es la división,
no te lo enseña la constitución.
El desierto es la población,
enajenada en su habitación.
Así termina Juan Nicanor,
un voluntario fue quien lo halló.
Con tres rocas puso una cruz,
se persignó, hizo una oración.
Doña Flor lo reconoció,
logró cruzar, pero no llegó,
dijo ella con gran dolor,
solo soñaba una vida mejor.
Dijo ella con gran dolor,
solo soñaba una vida mejor.
…Lo volaron hasta El Salvador,
la única vez
que montó en avión.
La indiferencia fue quien lo mató,
duele más que la prohibición.
La ignorancia como educación,
El silencio es la información.
La frontera es la división,
no te lo enseña la constitución.
Un rayito del Sol
