El dolor en la parte baja de la espalda, conocido como dolor lumbar, es una de las razones más comunes por las que las personas consultan a su médico. Afecta a hombres y mujeres por igual, y aunque muchas veces se trata de un problema leve y pasajero, en otras ocasiones puede estar relacionado con afecciones más complejas que requieren atención específica.

La región lumbar de la columna está formada por cinco vértebras, numeradas de L1 a L5. Estas vértebras están apiladas una sobre otra y unidas por pequeñas articulaciones llamadas facetarias. Debajo de la quinta vértebra lumbar (L5) se encuentra el sacro, que a su vez se conecta a los huesos de la pelvis a través de las articulaciones sacroilíacas (SI). Más abajo se encuentra el cóccix, también conocido como “huesito de la cola”.

La médula espinal corre verticalmente por el interior de las vértebras. Desde allí salen nervios entre cada par de vértebras hacia ambos lados del cuerpo, llevando señales hacia los órganos, los músculos y las piernas. Entre cada vértebra hay discos intervertebrales que actúan como amortiguadores. Estos discos tienen un centro blando y gelatinoso, rodeado por un anillo resistente llamado anillo fibroso.

La causa más común de dolor lumbar es una distensión o esguince muscular, provocada generalmente por levantar peso de forma incorrecta o por movimientos repentinos. Este tipo de lesión produce dolor localizado en la zona baja de la espalda, que empeora al inclinarse hacia adelante, hacia atrás o de lado. En estos casos, no se requiere radiografía ni resonancia magnética para el diagnóstico.

El tratamiento de una distensión muscular incluye la aplicación de hielo intermitente durante las primeras 48 horas, seguido de calor local. Para el manejo del dolor, el acetaminofén (paracetamol) es el analgésico más seguro. Se deben evitar los medicamentos antiinflamatorios como el ibuprofeno o naproxeno si existen problemas digestivos o renales. La recuperación suele ocurrir en pocos días. Es importante mantener actividad física moderada, como caminar, ya que el reposo total en cama puede empeorar la situación. Si los síntomas persisten, la fisioterapia, la acupuntura o la manipulación quiropráctica pueden ser útiles.

En personas mayores o de mediana edad, el dolor lumbar también puede ser causado por artritis en las articulaciones facetarias. Este tipo de dolor se siente profundo en la parte baja de la espalda, a menudo hacia un lado de la columna, y puede irradiarse al glúteo. Otra causa frecuente es una lesión en la articulación sacroilíaca, que puede producir dolor en un lado del sacro y que a menudo se irradia hacia el muslo. Muchas personas describen este dolor como si proviniera de la cadera.

Las lesiones en los discos intervertebrales también pueden causar dolor lumbar. Cuando el anillo fibroso que rodea al disco se debilita, puede formarse un abultamiento o hernia que presiona los nervios cercanos, causando dolor en la parte baja de la espalda, así como síntomas como ciática, adormecimiento, hormigueo o debilidad en las piernas. En estos casos, la resonancia magnética es útil para confirmar el diagnóstico.

La mayoría de las lesiones de disco pueden mejorar sin necesidad de cirugía. De hecho, es recomendable evitar intervenciones quirúrgicas a menos que sean absolutamente necesarias, ya que algunas veces no alivian el dolor y pueden tener complicaciones. Si se propone una cirugía de fusión vertebral, es recomendable buscar una segunda opinión, ya que se trata de una intervención mayor con una recuperación prolongada y sin garantía de éxito.

Existen algunas señales de alarma que indican la necesidad de acudir al médico de inmediato. Por ejemplo, si el dolor lumbar aparece sin una causa clara, si no empeora al moverse o si va acompañado de fiebre, pérdida de peso, debilidad en las piernas, pérdida del control de la vejiga o del intestino, puede tratarse de una condición más grave como un tumor, infección o aneurisma abdominal. En los niños, cualquier dolor de espalda debe evaluarse sin demora.

El dolor lumbar también puede prevenirse. Las personas físicamente activas, con músculos fuertes en el abdomen y la espalda, tienen menos riesgo de sufrir lesiones. También es importante aprender a levantar objetos correctamente: usando las piernas, manteniendo la espalda recta, y evitando girar el cuerpo mientras se levanta peso.

Por último, se ha observado que la salud de los discos intervertebrales depende en parte de una buena circulación. Estos tejidos reciben nutrientes a través de pequeñas arterias. Si estas arterias están obstruidas por aterosclerosis, los discos se debilitan y se vuelven más propensos a dañarse.

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