Descubre cómo volver a nuestras raíces alimenticias puede ser un acto de sustentabilidad y conciencia cultural.

No es fácil regresar el tiempo en la historia, pero hoy en día es indispensable ser más consciente sobre los cambios que se dan hoy en día. El escrito de esta semana es para hacernos conscientes del término sustentabilidad. 

La sustentabilidad es un mecanismo que conceptualiza tres grandes conceptos de la sociedad ordenada en la que vivimos. Aunque muchas veces es muy complicado con el día al día entender o incluso tener el tiempo para gastar energía en comportamientos de carácter impuestos por una forma de vida. Es importante como hispanoamericanos el no desligarnos de la importancia de nuestras raíces, muchas veces con los cambios de la era moderna las personas se contra disponen de manera cultural, por dar un ejemplo. 

Me gustaría ir a Estados Unidos para ganar mucho dinero y poder cómprame lo que yo quiera, este concepto se desvirtúa de lo que realmente es importante o bien necesario en la vida, puede y es un concepto capital. Aunque lamentablemente muchas veces la compra se vuelve más superficial de lo que la gente puede conceptualizar, es decir, se termina gastándo en comida rápida pensando que la comida al ser elaborada en un país rico como el de Estados Unidos es un alimento que satisface nuestras necesidades. Pero si analizamos las raíces de los alimentos e identificamos de dónde vienen y cómo es que son elaborados podemos tener muchas respuestas negativas que posiblemente no sean fáciles de aceptar.

¿Es decir, por qué voy a comer frijoles, “eso como en mi rancho” o “cuando era pobre”? La cuestión en realidad es que etiquetamos cierta clase o estatus social en base a la comida y este es solamente un problema del día a día. 

Para que entendamos bien la sustentabilidad, primero habrá que entender, el medio ambiente como la parte ecológica donde vienen todos los recursos que necesitamos para sobrevivir. Por ejemplo, el agua, tierra, plantas, animales etc. 

Segundo hay que tener en mente la sociedad, es decir todo los humanos y pensar que somos un colectivo que tiende a tener diferentes gustos por ejemplo ir al cine, hacer ejercicio, estudiar, tener una familia, en fin todo lo que nos hace ser parte de una comunidad y claro depende de los gustos. 

Por último, el tercer eje de la sostenibilidad es la economía que lamentablemente mueve al mundo y que es necesaria para poder realizar nuestras actividades sociales y a su vez es indispensable tener los recursos para producir el dinero que será intercambiado por el sustento (es decir alimentación). 

La gran problemática de hoy en día es que no solamente produciendo dinero y trabajando mucho tendremos acceso a todo lo que la gente sueña y quiere, ¿por qué? Por que hay demasiadas fallas en el comportamiento del capital si vemos el tiempo que tenemos, más el gasto que ejercemos y al final de cuentas las necesidades esenciales. La capacidad de visualizarlo tiende a tener consecuencias de frustración porque muchas veces la realidad de los sueños es simplemente imposible. 

Pero al ser un tema tan complejo, se puede partir de una simple observación sobre lo que hacemos en el día a día. Si regresamos a la raíz de consumir frijoles o arroz —productos que, en teoría, siguen estando al alcance de todas las clases sociales—, podemos observar de manera muy simple sus beneficios.

En primer lugar, se trata de alimentos sanos que nos ayudan a tener energía para realizar nuestras actividades diarias. Sin embargo, existe un problema: los frijoles que consumimos ya no provienen del campo. Ahora son elaborados o modificados en laboratorios. Esta alteración puede causar problemas gastrointestinales e incluso afectar el medio ambiente. Por ejemplo, el uso de fertilizantes contamina la atmósfera y el aire que respiramos.

¿Qué pasa aquí? Tenemos un panorama claro del primer eje de la sustentabilidad. El recurso que proviene del medio natural —en este caso, el frijol— puede terminar afectando nuestra salud. Además, impacta nuestra economía, ya que probablemente gastaremos más en atención médica que lo que ahorramos al comprar el producto barato.

A la larga, esto también perjudica socialmente a mi familia, porque altera la dinámica cotidiana. Esto puede llevar a tomar decisiones como dejar de consumir frijoles inorgánicos y optar por comida rápida, ya que es más accesible, deliciosa y rápida. Sin embargo, desconocemos su composición, pues los restaurantes no detallan todos los ingredientes de una hamburguesa, por ejemplo.

En este ejemplo, el capital (dinero) se mueve hacia las cadenas de comida rápida, apoyando así un mercado imperial. Estas corporaciones venden comida más barata y sin necesidad de analizar el producto, como sí harías con el frijol al comprarlo en una tienda.

¿Qué pasa? Que terminé poniendo mi dinero en una empresa económicamente poderosa, dándole prioridad a la economía, no al recurso ni a la actividad social. Muchas veces se confunde el acto de ir a un restaurante con una actividad social. Y claro, no está mal; forma parte de la vida social. Pero, ¿qué pasa cuando esto se convierte en un hábito diario? Por ejemplo, comer en ese restaurante con la gran letra “M” durante la hora de descanso en el trabajo.

Cuando el frijol está contaminado, existe la opción de consumir frijol orgánico. Sin embargo, lamentablemente, es más caro, no se encuentra en todos lados, y en algunos contextos se percibe como “comida de pobres”.

El consejo es volver a la raíz. De esa manera, cuidamos al planeta. Recordemos cómo comían nuestros abuelos y los ancestros indígenas. Tal vez no sea del todo posible replicarlo hoy, pero tampoco es imposible. Se empieza con pequeños cambios. Como sociedad, uno de nuestros sueños debería ser proteger a las futuras generaciones.

Comprar un carro o ropa nueva ya no responde a una necesidad; digámoslo de una manera más directa: es puro capital.

No al materialismo, sí a proteger los recursos.

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