VOICES ARTery Tiny Stage es un espacio móvil e íntimo para la música y la narración de historias. En este evento titulado “HerStory – Mujeres Fuertes en el Valle”, copresentado por VOICES y Bookcliffs Art Center, y grabado y coproducido en vivo por Creative Archeology, cuatro narradoras de diferentes ámbitos de la vida en las comunidades del Valle del Río Colorado comparten historias sobre sus orígenes, su formación y su forma de ser como madres, escritoras, líderes comunitarias y creativas.

Llegué a Estados Unidos cuando tenía 16 años, cargando una maleta con sueños y una esperanza tambaleante. No conocía el idioma, no entendía la cultura y no tenía ni idea de qué camino seguir. Lo único claro era que estaba en un país nuevo, extraño, y que mis prioridades cambiaban rápidamente: ahora había que trabajar, ayudar en casa, y sobrevivir.

Mi primer trabajo fue en un Burger King. Ahí aprendí a envolver hamburguesas a velocidad de rayo y a voltear la carne con precisión. Pero mientras mis manos trabajaban, mi mente no se detenía. Pensaba en todo lo que había dejado atrás. Me preguntaba si algún día volvería a tocar una computadora, si tendría una segunda oportunidad para regresar al colegio o soñar con una carrera profesional.

Había días en los que la tristeza pesaba tanto como una jornada doble. Me sentía frustrada, enojada, invisible. Ser inmigrante es más que cruzar una frontera; es aprender a vivir entre dos mundos sin soltar ninguno. Y cuando no entiendes el idioma, todo se complica. Sientes que tus metas se vuelven borrosas, lejanas. A veces parece más fácil renunciar a todo, concentrarse solo en pagar cuentas y sostener a la familia.

Pero algo dentro de mí se negó a rendirse. Empecé a estudiar inglés mientras trabajaba. A veces tenía dos empleos pero nunca dejé de tomar mis clases. Era agotador, claro. Pero cada palabra nueva que aprendía era un paso más hacia mi libertad. Y un día, finalmente, pude sostener una conversación en inglés. Ese momento cambió todo.

Gracias a personas valiosas que creyeron en mí y me motivaron, decidí prepararme para obtener mi GED. Me inscribí en clases y me preparé con disciplina. El día que recibí mi certificado fue uno de los más emocionantes de mi vida. No era solo un papel; era una llave. Una prueba de que sí se puede. Que aún sin recursos, sin idioma y con miles de obstáculos, los sueños no se cancelan: se adaptan.

Con el GED en la mano, empecé a tomar clases en el colegio y poco a poco a descubrir qué quería estudiar. No fue fácil. Fueron años de retos, de cansancio, de días que empezaban antes del amanecer y terminaban después de medianoche. Pero en todo ese tiempo, nunca solté el valor que la educación tiene para mí.

La educación abre puertas, sí. Pero también nos da poder. Nos da libertad. Nos conecta con lo que nos gusta, nos enciende. En este país, donde todo es tan rápido y competitivo, encontrar tu voz y propósito a través del aprendizaje es un acto de resistencia y esperanza.

Hoy, sigo formándome, con nuevas metas y nuevos sueños. Soy una persona resiliente, y sé que muchas otras como yo también lo son. Esta historia no termina aquí. Es solo el comienzo de algo más grande.

VOICES Radio Hour