Como saben, en Latinoamérica creemos en el Niño Dios. Pero un día le propusieron a Santa que si quería cubrir el hemisferio sur.

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Rascándose la barba, Santa accedió, tímido y con recelo, porque ya le habían hablado de rarezas. El Hada de los Dientes le había contado una vez que su competencia el Ratón Pérez era una ratita sucia y desordenada.
En fin. Zarpó del Polo Norte. Le tocó viajar por Latin American Airlines y todo empezó mal porque le cobraron los nuevos aranceles del gobierno por el traslado de su trineo. En bodega apenas le cupo su bolsa mágica, que a su llegada fue olfateada por 3 diferentes pastores alemanes. En El Dorado, de Bogotá, se hizo famoso en el programa Alerta Aeropuerto porque Rodolfo tenía la nariz muy roja y llena de nieve… y eso les pareció muy sospechoso.
En Lima tuvo que esperar porque le desviaron su equipaje a las Islas Caimán, donde a propósito tiene sus cuentas personales que recibe por donaciones. Luego, en La Paz, le encarcelaron un duende por pensar que estaba pidiendo limosna al frente del parlamento. En Caracas le agarró la granizada del siglo, pero sintió alivio porque era lo más parecido a la nieve, pero le acabaría aboyando su trineo. Entonces le pagó a un mecánico de barrio para que le adaptara el vehículo y pudiera acuatizar en las inundaciones del Paraná, en Brasil.
En Cartagena de Indias pensaron que era otro gringo más, muriendo del calor, con su camisa empapada de sudor en las axilas y su gabardina amarrada a la cintura. Le hicieron uno de esos famosos masajes exóticos, por los que pagas $100 por 3 minutos.
Cuando leyó la lista de los nenes, vio que todo estaba en español y le tocó conseguirse a un Curita para que le tradujera, porque ChatGPT no pudo traducir trompo, golosa, matatena, palo encebado, guayos, cometas…
Le tocó pedir extra regalos en línea (por la plataforma Timo) dado a la cantidad de balones de soccer que le pidieron era inconmensurable, sobre todo en Argentina, ¡donde ya no era invierno sino verano! Se demoraron un jurgo en llegar porque todo venía en un contenedor oxidado desde China. No todos los niños se habían portado bien, así que tuvo que ir a conseguir carbón extra a las minas de Magallanes, en Chile.
Además, no se dio cuenta de que la mayoría de las casas no tenían chimeneas, ni cocheras, ni backyards para aterrizar el trineo siquiera. Le tocó timbrar en unas y meterse por la ventana en otras. Hasta lo llegaron a confundir con un caco maleante que usaba gorro navideño, pelo largo y barba. Tuvo que encarar un par de arrestos y pagar sobornos por fianzas.
Encima, lo está buscando la Interpol por incumplimiento de contrato. Llegó tarde porque en el sur los regalos se entregan a las 12 a.m. del 24 y no la mañana del 25, y dejó a una cantidad de muchachitos con lágrimas en los ojitos. Sin contar los retrasos por trancones de Bogotá, São Paulo y Ciudad de México. Tanto así que casi llegan primero los reyes Magos desde el Sahara.
Muerto del calor, infectado con Malaria, con unos renos que ya parecían perros, regresó al Polo Norte. Tenía escala en Estados Unidos, pero se le olvidó tramitar la visa. Entró por Sonora, llegó a Arizona y se quedó en un refugio por un par de días, mientras engordaba nuevamente a punta de tortilla y frijol y sacaba a sus rumiantes amigos de Animal Protection Services. Jamás volvió a ser el mismo, a tal punto que la señora Claus casi ni lo reconoce cuando lo vio por lo feo que se había puesto; hasta lo llegó a confundir con Bigfoot o Donald Trump.
Le dijo a su amada:
– No vuelvo al hemisferio sur, allá todo funciona al revés. Eso se lo dejo al Niño Dios, quien es el único capaz de infiltrarse en el bajo mundo.
Colorín Colorado… este cuento se ha acabado.
El Valle entre cuentos y risas
