Los límites personales son las líneas que una persona hace para separar su espacio personal, sus sentimientos, necesidades, y responsabilidades. El comunicar los límites personales a alguien más es definir que es aceptable para uno y que no lo es.
La autora Nedra Glover Tawwab, en su libro “Set Boundaries, Find Peace: A Guide to Reclaiming Yourself” o “Pon límites, encuentra la paz: Una guía para recuperarte a ti mismo,” explica que existen seis diferentes tipos de límites: los límites físicos, significando los límites de nuestro cuerpo y espacio personal; los limites sexuales, el tratar de limitar los temas de conversación inapropiados, las bromas de contenido sexual y otros comportamientos que no estamos dispuestos a tolerar; los límites intelectuales y emocionales, cuales existen para que nuestras opiniones y nuestros sentimientos sean respetados por los demás aunque desaquerden con nosotros; los límites materiales, que indican cómo los demás pueden usar nuestras posesiones; y los límites de tiempo, que aseguran que los demás entiendan el valor de nuestro tiempo.
Aunque muchos de los límites están integrados dentro de la fábrica cultural, algunos ocupan ser comunicados para ser mejor entendidos. Aun después de comunicar los límites personales, los límites pueden ser porosos, o sea sin retención o seguridad, rígidos sin importar la situación, o saludables.
Un límite poroso es aquel que no se impone o que la otra persona puede ignorar o desobedecer fácilmente. Una persona con límites rígidos se cierra o amuralla para que nadie pueda acercarse a él/ella, ni física o emocionalmente. Esto suele ocurrir cuando alguien ha sufrido abusos físicos, emocionales o psicológicos. Los límites saludables son aquellos que permiten que cada persona de una relación o familia comunique sus deseos y necesidades, respetando al mismo tiempo los deseos y necesidades de los demás.
En contexto de relaciones domésticas, los límites personales aparecen en todos lados. Cada individuo en una relación tiene límites, tanto adultos como niños. Los límites físicos, sexuales, intelectuales, emocionales, materiales, y de tiempo de cada persona deben ser comunicados y respetados. Cuando hay niños involucrados, los padres también tienen la responsabilidad de crear, enforzar, enseñar, y emular los límites de los niños.
Muchas veces, el divorcio es solicitado porque uno de los individuos, o quizás ambos, han llegado a un punto en que la relación ya no funciona para los deseos, o límites, establecidos. Este punto de quiebre, probablemente, es causado porque un límite debe haber sido comunicado y/o respetado tiempo antes, y porque no fue respetado o comunicado, la relación se rompe irremediablemente.
Lo interesante es que en Colorado la corte no considera la mala conducta de ninguno de los cónyuges a la hora de conceder el divorcio o adjudicar bienes o manutención conyugal. La única base legal reconocida para el divorcio es que el matrimonio está irremediablemente roto. Sin embargo, si hay niños involucrados, el tribunal aplica una diferente ley al tema de custodia, conocida como el mejor interés del menor, que permite tomar en cuenta los hechos de una persona cuando se trata del mejor interés del menor.
Comprender nuestros propios límites, e incluso escribirlos, es el primer paso para establecerlos. El segundo paso es comunicar esos límites. Si el límite, o la relación, es saludable, se respetará. De lo contrario, puede que sea el momento de replantearse el tipo de relación que uno quiere tener con la otra persona si el límite no se respeta.
