Carlos Loya Rico, foto por James Steindler

Traducción por Dolores Duarte

Carlos Loya Rico es el encargado de la cuadrilla de calles del Departamento de obras públicas de Carbondale. Conversó con The Sopris Sun para compartir con los lectores un poco sobre su historia personal. La entrevista fue editada para mejorar la claridad y espacio.

Cuéntame cómo llegaste al valle.

Mi primer viaje a Estados Unidos fue en 1984, y me quedé en Mesa, Arizona, durante un año y medio. Vine aquí porque soy de Chihuahua, México, donde tenemos muchos manzanos.

De 1985 a 1988, venía a Hotchkiss a recolectar manzanas. La temporada de cosecha es de septiembre a mediados de octubre, así que durante esa época regresaba a México en diciembre. Pero hubiera preferido trabajar aquí todo el tiempo posible.

En 1989, el propietario del huerto de Hotchkiss, Ralph Melville, quien también era dueño del Mountain Chalet de Aspen, vendió el huerto y se trajo a todos a Aspen. Empecé a trabajar en el Mountain Chalet como lavaplatos.

¿Cómo llegaste a trabajar para el ayuntamiento de Carbondale?

En 1991, traje a mi esposa e hijo mayor y nos quedamos aquí de tiempo completo. Trabajé para Mountain Chalet durante siete inviernos, pero en verano trabajaba en la construcción para Marty Schlumberger. Me quedé en Aspen hasta 1993, cuando compré nuestra primera casa remolque en Basalt. En 2000, nos mudamos a una casa remolque más grande en El Jebel; teníamos tres hijos y necesitábamos más espacio.

En 2000, dejé de trabajar para Schlumberger Construction y empecé a trabajar para Jack Wilkie Builders. Pero en 2005 el aserrín empezó a provocarme asma.

Así que lo dejé y me compré un camión de volteo. Empecé un negocio como subcontratista: Carlos Trucking.

En 2007, llegó la gran recesión. No había construcción, no había trabajo. Pero, con mi camión de volteo venía a Carbondale a remover la nieve en invierno, cuando Smiley Wise era supervisor [de Obras Públicas]. Me convertí en operario para la ciudad. Así que he estado aquí desde 2007 hasta hoy.

¿Es un buen trabajo?

Sí, me encanta mi trabajo. Ahora soy encargado y operador de maquinaria pesada. He puesto las luces del árbol de Navidad en Main Street durante los últimos 16 años. Estoy muy contento con la gente con la que trabajo y espero jubilarme aquí.

¿Actualmente vives en Carbondale?

No, vivo en Glenwood, donde compramos un dúplex en 2015.

¿Por qué decidiste venir a Estados Unidos?

Durante los años 80 en México, no había trabajo, no había dinero y casi todo el mundo ansiaba el sueño americano.

Háblame del proceso de inmigración.

Antes de ser ciudadano, fui residente. Obtuve mi primera tarjeta de residente en 1987. Mi esposa tardó siete años en obtenerla. Ella la recibió en 1996; pero antes de eso, podíamos quedarnos en Estados Unidos, pero no podíamos volver a México.

¿Fue duro dejar a tu familia? ¿Visitas de vez en cuando?

Sí. Después de arreglar papeles, viajábamos quizá dos veces al año a México. Arreglé una tarjeta de residencia para mi mamá y mi papá; y mi esposa arregló otra para su mamá. Nuestras madres fallecieron, pero mi padre, de 89 años, está ahora en México porque aquí hace demasiado frío.

¿Cuándo se hicieron ciudadanos estadounidenses?

Somos ciudadanos desde 1998. Yo estaba haciendo el GED en el Colorado Mountain College. Estudiamos mucho porque necesitábamos conocer la historia de Estados Unidos. Había 100 preguntas en el examen de ciudadanía y sólo podías fallar cuatro o cinco. Pero lo hicimos. Fue un gran, gran día para nosotros.

¿Tiene hermanos?

Sí, mi hermano es ciudadano y vive en El Paso. Mi hermana también es ciudadana y vive en Glenwood Springs.

¿Te sientes unido a la comunidad latina del valle?

Ah, sí. Tengo algunas historias al respecto. Jackie Morales, que dirigió Asistencia para Latinos en los años 90, era mi amiga. Ayudaba a los latinos del valle con la interpretación y otros asuntos, y yo era voluntario en su organización. Murió, pero dejó un legado para los latinos del valle.

¿Algo más que quieras añadir?

Soy muy feliz aquí. Carbondale es mi hogar.