Los efectos de los incendios forestales sobre la calidad del aire van mucho más allá del humo visible. En un año en el que Colorado ha registrado 17 incendios de más de 1,000 acres, seis de ellos iniciados en el último mes, la calidad del aire se ha convertido en una preocupación para muchas personas.

The Sopris Sun habló con el experto en contaminación del aire y salud ambiental Michael Petroni, PhD, para conocer cómo los incendios forestales afectan la calidad del aire y qué pueden hacer las personas para protegerse.

Petroni realizó sus estudios de posgrado en la Universidad de Syracuse y en la Universidad Estatal de Nueva York de Ciencias Ambientales y Forestales. Aunque estudió fuera del estado, tiene vínculos familiares con Colorado y visita las Montañas Rocosas desde que era niño. Ha colaborado con ProPublica en investigaciones sobre los factores de riesgo relacionados con la exposición a contaminantes del aire y trabajó durante más de tres años en la División de Sostenibilidad y Prevención de la Contaminación de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). Petroni describe la motivación detrás de su trabajo como “hacer visibles las exposiciones ambientales invisibles y convertirlas en información útil para las personas”.

Captura de pantalla de la nueva aplicación PollutionProfile
Captura de pantalla de la nueva aplicación PollutionProfile muestran los incendios forestales en el oeste de Estados Unidos, los patrones de desplazamiento del humo y el seguimiento acumulativo de la calidad del aire. Foto de cortesía

Según Petroni, la clave para protegerse del humo y de otros episodios temporales de contaminación del aire es el momento en que se actúa.

“Lo más útil que puedo decirle a la gente es que el humo se puede pronosticar”, explicó. “El período antes de que llegue es cuando más se puede hacer. La mayoría de las personas reacciona cuando el cielo ya está anaranjado pero el verdadero beneficio está en actuar con un día de anticipación”.

La ubicación geográfica de Colorado en Norteamérica hace que los vientos normalmente se desplacen hacia el noreste a través del estado, aunque en ocasiones pueden dirigirse hacia el norte o noroeste cuando sistemas de alta presión provenientes del Golfo de México modifican los patrones atmosféricos. Incluso cuando Colorado no tiene incendios activos, el humo puede llegar desde Utah, Nevada, Arizona y Nuevo México.

Petroni recomienda que cada familia tenga un plan para los días de mala calidad del aire.

“Cuando sepas que el humo se aproxima, prepara una ‘habitación de aire limpio’, generalmente un dormitorio, utilizando un purificador con filtro HEPA antes de que cambie la calidad del aire. Estas medidas se complementan entre sí: cerrar las ventanas por sí solo puede reducir aproximadamente a la mitad la contaminación dentro de la vivienda, y agregar filtración HEPA puede convertir una habitación con niveles peligrosos de contaminación en un espacio con condiciones moderadas, dentro de la misma casa”.

Ten tus respiradores N95 o KN95 en un lugar donde puedas tomarlos rápidamente, utiliza el sistema de ventilación o aire acondicionado en modo de recirculación con un buen filtro y reprograma cualquier actividad extenuante al aire libre”, continuó Petroni. “También ten un plan específico para las personas con mayor riesgo en el hogar: los niños, los adultos mayores y cualquier persona con enfermedades cardíacas o pulmonares”.

“Además, es importante contar con un plan específico para las personas con mayor riesgo dentro del hogar: niños, adultos mayores y quienes padecen enfermedades cardíacas o pulmonares”.

Petroni señala que uno de los errores más comunes es pensar que un día con humo es simplemente una versión más intensa de un día normal con mala calidad del aire.

“No son lo mismo. En las ciudades, las concentraciones de partículas finas PM2.5 suelen alcanzar alrededor de 55 microgramos por metro cúbico en un mal día, y los niveles de ozono son relativamente predecibles. Un incendio forestal cercano puede elevar las PM2.5 por encima de los 450 microgramos por metro cúbico, un nivel de exposición completamente diferente. Además, la evidencia sugiere que las partículas PM2.5 provenientes de incendios forestales podrían ser más tóxicas por microgramo que las partículas típicas de la contaminación urbana”.

Otro concepto equivocado, según Petroni, es creer que una vez que el cielo vuelve a despejarse ya no existe ningún riesgo.

“La biología no se recupera tan rápido. Cada episodio intenso de humo desencadena inflamación pulmonar y cardiovascular que puede durar semanas. Con temporadas repetidas de incendios se observan cambios duraderos, como una disminución permanente de la función pulmonar, un mayor daño cardiovascular e incluso evidencia emergente de inflamación cerebral. El ejemplo más claro son los bomberos forestales, quienes, a pesar de ser adultos físicamente aptos, presentan tasas más elevadas de mortalidad por cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares”.

Afortunadamente, existen diversas formas de reducir los riesgos durante los periodos de mala calidad del aire.

“Lo primero es reducir la cantidad de humo que se respira”, explicó. Recomienda permanecer en espacios interiores con aire filtrado y utilizar mascarillas N95 correctamente ajustadas.

“El ajuste es tan importante como la clasificación del respirador. Moldee bien el puente de la nariz y revise que no haya fugas”. Añadió que “las mascarillas quirúrgicas y las de tela prácticamente no ofrecen protección contra las partículas del humo”. También aconseja disminuir el esfuerzo físico, ya que una respiración más intensa hace que las partículas penetren más profundamente en los pulmones.

Petroni destaca que también es importante cuidar el organismo.

“Algo que pocas personas escuchan es que la manera en que cuidas tu cuerpo también influye, porque gran parte del daño causado por el humo ocurre a través de la inflamación y el estrés oxidativo”. La evidencia científica más reciente sugiere consumir una alimentación rica en antioxidantes, abundantes frutas y verduras y ácidos grasos omega-3, los cuales podrían ayudar a reducir parte de esa respuesta inflamatoria. Además, mantenerse bien hidratado favorece los mecanismos naturales de eliminación del organismo, y recomienda limitar el consumo de alcohol durante los episodios de humo intenso, ya que aumenta la inflamación.

Finalmente, Petroni enfatiza la importancia de limpiar adecuadamente después de un incendio.

“Cuando el humo desaparece, el hollín fino y las cenizas no desaparecen. Se depositan sobre las superficies dentro y fuera del hogar, y no provienen únicamente de la madera quemada. Los residuos de incendios forestales, y especialmente de incendios estructurales, pueden contener hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAH), metales pesados y otros subproductos de la combustión. Las cenizas de edificios quemados incluso pueden contener plomo y asbesto. El problema es que estas partículas vuelven a quedar suspendidas en el aire cada vez que se alteran, ya sea al caminar sobre ellas, barrer en seco o utilizar un soplador de hojas”.

Para la limpieza, Petroni recomienda utilizar paños húmedos y aspiradoras con filtro HEPA en lugar de barrer en seco, usar una mascarilla N95 mientras se limpia, mantener a los niños y las mascotas alejados de las cenizas y evitar introducir hollín del exterior al interior de la vivienda.

Como herramienta para mantenerse informado, Petroni recomienda la aplicación WatchDuty para monitorear incendios y humo. Además, él mismo ha desarrollado una aplicación llamada PollutionProfile, que pronostica la exposición a contaminantes del aire y ofrece recomendaciones para ayudar a las personas a reducir esos riesgos.