En Movimiento - Geraldine Pichardo

En recientes años, la idea de un sistema médico el cual se base en las igualdades de acceso para todos se ha convertido en un tema politizado y extremista. Aún más, si este acceso se ve afectado por el simple hecho de ser latina. 

Las consecuencias que conlleva ser madre en los EE.UU., por falta de asistencia de parte del sector público y privado, es el mayor de los inconvenientes al momento de hacer familia. De acuerdo a un artículo publicado por la Asociación de Infartos al Corazón y Síntomas de Embolia, “La estadística de mortalidad materna en mujeres latinas aumentó escalando en el 2020 con cifras del 44% comparado al año pasado”.

De acuerdo al Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés), por cada 100.000 nacimientos, ocurren 18.2 muertes entre mujeres Hispanas a diferencia de la estadística previa de 12.6 en el 2019. 

Así es el caso de Mora Brindisi, mi compañera de trabajo, argentina residenciada al sur de la Florida, arquitecta y madre primeriza. Brindisi pone al descubierto su experiencia como mujer inmigrante, latina, y madre en este país. 

“Elegí de obstetra a mi ginecologa que es con la que ya me atendía, que igualmente a diferencia de lo que yo estaba acostumbrada en argentina, aca mi ginecóloga la había visto una vez al año… por lo cual cruce pocas palabras”. Brindisi describe su experiencia de paciente a doctor como, “prácticamente nula”, alejada de la interrelación humana.

Parte de la práctica médica general y de su experiencia personal, Brindisi comentó que se subdividen las tareas. Está la gineco-obstetra de cabecera, la que realiza el ultrasonido, y luego la que lee los resultados. Haciendo el proceso de relacionamiento de paciente a doctor, aún más ausente y al mismo tiempo, causando conflicto de información.

Brindisi describió su embarazo como tranquilo, sin mayores complicaciones. El único inconveniente fue después de regresar de un viaje a la Argentina en diciembre del 2021 en el cual contrajo COVID-19. Al llegar la semana 36, Brindisi se vio en la necesidad de hacerse chequeos semanales, como de costumbre. La médico gineco-obstetra de cabecera le comento que le tocaba hacer una inducción ya que era posible que tuviera envejecimiento de placenta,  posiblemente producido por el COVID-19.

La placenta es un órgano que se forma en la concepción y dura hasta ser expulsado en el parto, sin embargo, en algunas ocasiones cuando se supera la fecha prevista de parto puede darse el riesgo de placenta vieja, y el órgano no puede cumplir sus funciones, afectando al bebe.Brindisi tratando de planificar la fecha de inducción, le preguntó a su doctora que hacer. El mayor problema que encontró en este punto fue que dado a la pandemia, se vio limitado el acceso de planificación de parto por no haber suficientes camas dispuestas para los pacientes, dándole prioridad a las personas afectadas por el COVID.

La doctora de cabecera de Brindisi le comento que ella tenía un equipo de 5 gineco-obstetras que se turnaban diariamente y que a ella le tocaba el turno del Domingo. Brindisi nerviosa de no estar con su médico de cabecera le pregunto a la doctora cuales alternativas tenía, a lo que ella le respondió diciéndole que entrara por emergencias y dijera que no estaba sintiendo al bebe y así le llamarían directamente a ella; su médico principal. 

El sistema tiene un quiebre y los mismos que se suponen deben mejorarlo y procurar de mantener el sistema, terminan quebrantándolo. 

La misma noche de lo que sería el último control de Brindisi, fue llevada a emergencias por su esposo, con contracciones. En ese momento, Brindisi no estaba clara de todo lo que estaba sucediendo. Su marido recurrió a la recepción para buscar asistencia, pero le respondieron que tendría que esperar porque no había ningún médico en el staff. Nadie podía decirles dónde estaban los profesionales de turno. Pasaron más de 30 minutos, y aun confiando en la posible asistencia médica, el esposo de Brindisi decidió nuevamente hablar con recepción y hacerles ver que si no podían atender a su mujer, que se la llevaría a otro hospital. 

Brindisi fue llevada a la sala de parto y su gineco-obstetra de cabecera, hasta dónde Brindisi tiene conocimiento, no fue contactada. La obstetra de turno tomó control, y la bebe de Brindisi nació en la madrugada. Cinco días después, la médico de cabecera de Brindisi seguía sin haber sido contactada por su equipo médico sobre el estatus de una de sus pacientes y pensaba que aún tenían que poner fecha para la inducción.

A pesar de todo, el caso de Brindisi tiene mucha fortuna. La realidad es que el sistema médico de este país tiene muchas fallas. Y no hablo de fallas superficiales ni pequeñas, hablo de un sistema que utiliza la mentira para otorgar un servicio básico a la necesidad de un paciente. Un sistema en donde la comunicación es fundamental y a la misma vez nula. Donde la relación de paciente a doctor es vista como un sistema numérico. Pero por encima de todo, donde la distribución del servicio médico adecuado, está reservada para aquellos con privilegios económicos que sobrepasan al común denominador.