¿Cómo decir adiós cuando sabes que es la última vez?

portarretrato de Vanessa Porras

Conforme nos acercamos al Día de los Muertos, reflexiono sobre la vida y la muerte y aquellos seres queridos que ya han partido y a los cuales se recordará. Hay partidas que son más fáciles que otras. Despedidas que son una cuestión de tiempo y en algunos casos, un acto de compasión.

¿Pero qué hay de las despedidas repentinas? ¿Las que nos sorprenden y nos dejan sin el tiempo que pensábamos que teníamos? ¿Cómo te despides de alguien cuando sabes que será la última vez que lo veas? 

A pesar de que la muerte es la única cosa que tenemos garantizada en la vida, nunca estamos realmente preparados para la última vez que escucharemos la voz de esa persona ni mucho menos lo que les diremos al despedirnos. 

Cuando hace unos meses pensaba sobre el tema de esta columna, no imaginé cuánto me pesaría esta pregunta en mi corazón. Especialmente porque lejos de un adiós, pensé que finalmente habría más oportunidades para convivir con mi abuela. 

Habían pasado muchos años desde que había podido tener una conversación con ella porque tenía dificultades para escuchar. Un día hace dos meses me llamó, algo que en sí se me hizo extraño. Por el hecho de que no escuchaba, nuestra relación se había limitado a un simple saludo, un “dios te bendiga” y un adiós. 

La llamada se fue al buzón. Después de un rato le devolví la llamada y era como hablar con la abuela que recordaba de mi infancia. Me contó que tenía unos auxiliares nuevos que realmente le funcionaban y finalmente podía escucharme. Se escuchaba segura de sí misma y muy feliz, como si los auxiliares hubieran disipado la neblina que la había desorientado durante tantos años. 

Tuve la ilusión de que podríamos retomar nuestra relación. Le llamaría más seguido. Le preguntaría por más de sus recetas. Pero un mes después, mi mamá me llamó y me dijo que ya era hora de despedirme de ella. “¿Cómo me despido de ella?”, le pregunté. ¿Qué le dices a alguien sabiendo que será la última vez?

Le di las gracias por su receta de hamburguesas. 

Días después recordé una frase de un recorte de periódico, una carta de despedida que falsamente fue atribuida a Gabriel Garcia Márquez. La carta dice, “Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente”.  

Revisé mi buzón donde tenía su última llamada registrada, y ahí estaba: su voz grabada. Si hubiera sabido que sería la última vez que hablaría con ella, habría grabado la conversación completa. Le hubiera llamado al día siguiente. Le hubiera dicho muchas cosas más. 

Pero al momento de despedirme, pensaba ¿cómo resumir en unas cuantas palabras toda una vida? Decirle gracias no parece suficiente, pero a veces eso es lo único que tiene sentido. Gracias por una vida entera. 

Pienso que la despedida, al igual que el duelo, se vive en etapas mucho antes de la muerte y muchísimo tiempo después. Quizás, cada vez que decimos gracias es una forma de despedirnos. Por eso cuando llegamos al final, no hay mucho más que decir. 

Tal vez, hay cierta fe de que estén donde estén, sabrán lo que nuestros corazones quisieran comunicar pero no hay palabras para expresar. 

El problema siempre ha sido que pensamos tener más tiempo y luego la muerte cobra su cuota, estemos preparados o no. Cada vez que decimos adiós, es con la esperanza de que habrá un hasta luego y nos volveremos a ver otra vez. Y quizás así sea.  

El Día de los Muertos es un día para recordar, pero también nos da la oportunidad de despedirnos nuevamente. Nos da una nueva oportunidad de decir un poquito más de lo que dijimos la última vez. 

Por si acaso, diré gracias más seguido y tal vez dejaré que algunas llamadas se vayan al buzón, para poder guardar la voz de aquellos que tanto amo.

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