Un rayito del sol
Lizbeth Durán
Mi pequeño,
Descubrir la vida a través de tus ojos es una aventura que no imaginaba cuantos arcoiris explorariamos contándote qué…
Los tomates son rojos, el color favorito de tu prima es el naranja, las flores favoritas de tu mami no son solo las blancas sino también las amarillas, la naturaleza se viste de verde, los lagos y ríos son de agua azul y que cuando empezaste a gatear tus rodillitas se vestirían de morado.
Jamás imagine lo bonito que sería ver una tormenta de lluvia después de llorar contigo y poder contarte que el cielo también llora, ver tus ojitos llenos de una mezcla de lluvia y fascinación.
Y como olvidar cada momento que has ido descubriendo tu voz… gritos de alegría y balbuceos.
Volteo hacia atrás y puedo vernos en el reflejo de aquella ventana.
Yo un poco perdida, un tanto cansada.
¿Y tú? Dormido en mi pecho, tal vez era el mundo frío y desconocido o la familiaridad de escuchar mis latidos un poco agitados.
Y ese reflejo se convirtió en olas pequeñitas qué golpeaban tus manitas como queriendo juguetear.
Ese reflejo se torno clarito y el viento susurro, “lo hicimos”, papá tirando el anzuelo y esas preocupaciones de aquella mañana que escuchamos tus latidos acompañados por un suspiro de alivio se desvanecieron.
Le pedí a la vida un pedacito de cielo y mandó contigo un pedacito de néctar de la vida en tus ojos color café acompañados por destellos de las estrellas.
Gracias por elegirme en esta vida como tu mamá.
Y no se que misión tengas en esta vida porque me gusta pensar que te aferraste a mi cuerpo, al calorcito de mamá por algo tan inmenso como el agua.
Y gota a gota, hoja a hoja será un honor seguir descubriendo el mundo a través de esos ojitos color café.
Gracias por elegirme en esta vida como tu maestra, alumna y madre.
Te ama,
Mamá
