Poesía para el alma
Que bonita es la vida cuando el corazón se vuelve ligero…
Que fluye como esa hojita en la corriente del río con cada vaivén.
Que ligera se vuelve el alma tras una cena improvisada en casa de abuelita con olor a leña y mucho polvo.
Y que ligera se vuelve el alma con cada sonrisa de aquel pequeño tras el recordar tantos días llenos de llanto imparable.
Como aquellas personitas que son una curita al alma y ellos ni lo saben.
No se dan cuenta que con cada abrazo, cada “tia” y cada apapacho curan el corazón de aquella niña de 6 años que de pronto dejó de visitar la casa de los tíos.
Ellos no se dan cuenta pero cada que me dicen tía llenan esa promesa de ser la mejor tía para ellos y por ellos.
Y que ligera se vuelve el alma en esos cinco segundos que el mundo parece parar entre risas al son de las “ruedas del autobus” y la lechuza que hace “shhh”.
Y ese olor a tierra mojada que parece limpiar todo pesar como las gotas de lluvia qué se llevan toda la suciedad a su paso.
Y entre lágrimas poder reír y darte cuenta que hacía mucho no te reías a carcajadas hasta quedar sin aire.
Y de pronto te encuentras viendo la pintura más bella de Dios… entre colores morados, azulitos y una luna enorme y brillante con el sonido de aquel niño tirando piedras y la brisa del viento se lleva toda esa pesadez mientras te susurra… “Que ligera se vuelve el alma cuando aprendes a soltar a fluir y simplemente ser “.

