
Descubre las historias trágicas de filósofos antiguos como Sócrates, Platón, Diógenes y Crispo. Filosofía con humor y humanidad.
En la historia de la filosofía existen muchas anécdotas e historias, algunas trágicas, otras cómicas, relacionadas con la vida de algunos de los filósofos de mayor relevancia en la historia y, los que hasta ahora, siguen siendo motivo de estudios y análisis complejos.
Se ha tenido en una especie de altar epistémico a la mayoría de los filósofos antiguos, además de todo el misticismo e innegable relevancia de los primeros filósofos, su distanciamiento histórico con el nuestro y siendo los arquitectos de una de las épocas de mayor relevancia cultural para occidente, se ha promovido la idea, incluso aún imperante, del filósofo como una especie de chamán del conocimiento humano, un ente erguido que contestara a cada cuestión complicada que pueda surgir, un iluminado que derrocha verdades a diestra y siniestra. Sin embargo, se tiene acceso a algunos relatos que demuestran lo demasiado humanos que los filósofos pueden llegar a ser.
Según Platón, su maestro y amigo Socrates fue, durante su juventud, un habido soldado ateniense, habiendo participado en algunas de las guerras del Peloponeso, incluso llegando a ser reconocido como héroe de guerra por haberle salvado la vida a más de uno de sus compañeros, demostrando que la valentía es un valor moral, como más tarde argumenta, de manera un tanto irónica hasta su muerte.
El padre de la filosofía, Socrates o también conocido como “el tábano de Atenas”, ya que con sus cuestionamientos continuos y casi interminables, lograba molestar de igual manera que uno de aquellos insectos. Llegando a fastidiar a unos cuantos de los atenienses más influyentes de su época, o por lo menos a más de 500 que formaron el jurado en su juicio, para de esta manera ser sentenciado a muerte bebiendo cicuta de forma injusta por los cargos de “corromper a la juventud y no creer en los dioses”.
Entre las anécdotas de Aristocles, la primera de ellas es su apodo, que lo llevó a ser recordado en los anales de la historia, hablo de Platón. Apodo que puede ser traducido como “el de las anchas espaldas”, esto debido a su corpulencia y envergadura física. Pasando por sus roces y disputas con su mejor alumno Aristoteles, hasta llegar a su famosa sentencia “el hombre es un bípedo sin plumas”, a lo que otro de los grandes de la filosofía, Diogenes de Sinope o también conocido por su apodo “el perro”, tomó una gallina, la desplumo para arrojarla frente a todos los presentes sentenciando de manera retadora, diciendo: “aquí tienes al hombre de Platón”.
Siendo Diogenes uno de los máximos representantes del cinismo filosófico, el cual parte de la búsqueda de una vida simple y conforme la naturaleza, para de esta manera llegar a ser feliz. Logrando ser el protagonista en tantísimas anécdotas, como aquella vez que fue capturado por piratas y vendido como esclavo. Al ser interrogado por sus habilidades y preferencia de trabajo por sus captores respondió “puedo ser un amo”. También vale la pena recordar su encuentro con Alejandro Magno. Al haber sido uno de los alumnos de Aristoteles y conocedor de la gran sabiduría de Diogenes, Alejandro acude a él ofreciéndole cualquier cosa que deseara, a lo que el filósofo cínico responde, “no seré yo quien te impida demostrar tu afecto hacia mí. Querría pedirte que te apartes del sol. Que sus rayos me toquen es, ahora mismo, mi más grande deseo”.
Por último, existe una relato sobre la muerte de uno de los primeros maestros del estoicismo antiguo, no menos relevante que el estoicismo romano pero un poco olvidado por el gran público y tristemente célebre por relatos como este, habló sobre el ataque de risa que provocó la muerte de Crispo de Solas.
Se cuenta que el filósofo estoico, que en el día de su muerte contaba con alrededor de 73 años, bebía un poco de vino con algunos otros y junto a ellos se encontraba un burro. El pobre animal se encontraba comiendo higos y Crispo, al percatarse que el burro no contaba con agua para poder pasar los bocados, ordenó que le diesen vino. Al notar el gusto del burro por aquella bebida, Crispo entró en un ataque de risa, el cual lo condujo a su muerte. Así murió uno de los grandes pensadores del control y la templanza, por un arrebato de emociones.
Sacando la Filosofía a las calles
