Abril es el Mes de la Prevención del Abuso Infantil—un momento para visibilizar un tema complejo pero vital. Si bien el problema es grave, quienes trabajan para prevenir el abuso y apoyar a las familias afectadas en el Valle de Roaring Fork aportan compasión, experiencia y resiliencia a sus funciones.
Mary Cloud, directora de desarrollo, y Amy Gomez, proveedora de salud mental y coordinadora de prevención del Centro Regional River Bridge, son dos de esas personas.
“River Bridge es un centro de defensa infantil sin fines de lucro”, dijo Cloud. “Brindamos apoyo a víctimas de abuso infantil en cuatro condados: Eagle, Garfield, Rio Blanco y Pitkin.
Trabajamos con las fuerzas del orden y servicios humanos para ayudar en sus investigaciones de abuso infantil, pero en un entorno más neutral, amigable y cómodo para el niño y sus familiares no agresores.”
El Centro Regional River Bridge ofrece entrevistas forenses que pueden ser confirmadas en un tribunal, dijo Cloud, brindando defensa familiar, terapia de salud mental, evaluaciones, atención médica y alcance comunitario para casos de abuso infantil.
“Ayudamos a la comunidad a aprender sobre el abuso infantil”, dijo Cloud. “Para aprender cuáles son las señales y, sin duda, cómo denunciar cualquier caso de abuso infantil o cualquier preocupación sobre un niño”.
En la oficina de Gómez—un espacio lleno de juguetes, un sofá, lápices de colores y un dibujo de un oso—los niños encuentran consuelo y seguridad.
“Siempre me ha atraído este tipo de trabajo”, dijo Gómez. “En la preparatoria, hice prácticas en bienestar infantil en un programa extraescolar, y no sé qué era específicamente, pero me encantó. Es horrible decirlo porque es un tema muy delicado, pero alguien tiene que hacerlo, alguien tiene que estar ahí para ayudar y apoyar a estas familias que están pasando por algo muy traumático”.
Cloud, exprofesora de matemáticas en la escuela secundaria Glenwood Springs, dijo que empezó a reconocer señales de abuso en sus alumnos.
“Cuando los niños tienen hambre o cuando simplemente no pueden mantenerse despiertos en clase, o cuando faltan constantemente los viernes o los lunes”, dijo Cloud. “Esos fines de semana largos, podrían ser víctimas de trato, tener que viajar con su familia o con alguien más”.
Identificar el trato puede ser especialmente difícil, añadió Cloud, porque las ausencias también pueden deberse al horario laboral de los padres.
Gómez se incorporó al campo de forma diferente, con una exposición temprana a casos de abuso infantil y sus consecuencias.
“No puedes desconectarte”, dijo Gómez. “Trabajas y lo ves casi a diario, así que hacemos presentaciones sobre trauma secundario, porque si escuchas o ves historias de trauma constantemente, eso puede afectar tu salud mental”.
Recordó ejemplos de niños que lloraban desconsoladamente o rogaban al personal escolar que no informara a sus padres sobre algo que había sucedido; señales comunes de problemas más profundos.
“A menudo hay abuso generacional”, explicó Cloud. Si los padres le dicen a su hijo: ‘Te voy a pegar,’ eso es algo que sus padres hicieron. Por eso, cuando vemos a niños que vienen de situaciones de abuso, también trabajamos con los padres para que puedan manejar esos comportamientos y evitar que se repita en sus relaciones.
Gomez trabaja con niños y sus padres para romper estos ciclos.
“Si vemos a un niño golpeando a otros en la escuela, podría ser algo que estén presenciando en casa”, dijo Gomez. “Así que también se trata de enseñar a los cuidadores diferentes alternativas, diferentes estrategias de afrontamiento; probémoslas, y a veces hacemos que un niño enseñe a sus padres en una sesión para que puedan practicarlo juntos”.
Comprender el trauma generacional es clave, dijo Gomez.
“La gente dice: ‘Esto es lo que hicieron mis padres y yo salí bien’”, dijo. “Así que les pido que enumeren lo que funcionó y lo que no. Reconocer los aspectos positivos y negativos de su crianza ayuda”. El objetivo, añadió Gómez, es garantizar que los niños se sientan seguros al acudir a sus cuidadores si ocurre algo traumático.
“Si ese padre se pone nervioso, les grita o se enoja con ellos, es menos probable que el niño les hable de lo sucedido”, dijo Gómez.
Algunos padres se enojan por la situación o por el hecho de que su hijo estuvo en peligro o pasó por una experiencia terrible, lo cual es comprensible, pero el niño no lo sabe.
Gómez explicó que los padres a menudo reaccionan con enojo—no hacia el niño, sino hacia la situación—lo cual puede disuadir a los niños de hablar.
“Mucha gente se resiste a decir: ‘Tienen 3 años, no necesitan saber nada,’ pero la seguridad corporal, mantener las manos en su sitio, ser un cuidador comprensivo, eso les enseña que su cuerpo es suyo”, dijo Gómez. “También les enseña el consentimiento, como quién puede tocar su cuerpo”.
En este contexto, el consentimiento incluye reconocer cuándo alguien no quiere un abrazo o cuándo un niño no quiere que lo toquen.
“En cuanto los niños pequeños aprenden a hablar, se les enseñan los nombres correctos de las partes del cuerpo y quién puede verlas o tocarlas, como que mamá y papá pueden bañarlos o que el médico pueda examinarlos”, dijo Cloud. “Conocer esas partes del cuerpo es muy importante a esa edad”.
Si bien los abusadores suelen ser retratados como desconocidos en lugares públicos, la mayoría de los abusos provienen de personas que el niño conoce.
“El abuso infantil que dura meses o años lo comete alguien conocido”, dijo Cloud. “Si un niño es secuestrado en un parque y abusado sexualmente, lo contará porque le da miedo. Los niños que son manipulados durante años por un familiar, un vecino o alguien de confianza de la familia porque han tenido acceso a ellos durante años. Se trata de saber con quién pasa el tiempo su hijo”.
La comunicación abierta y las reglas claras pueden reducir el riesgo, dijo.
“Es como usar el cinturón de seguridad en un auto”, dijo Gómez. “No puedes evitar que te ocurra un accidente automovilístico, pero el cinturón de seguridad puede ayudarte a mantenerte seguro”.
A menudo, los abusadores manipulan tanto a los padres como al niño, dijo Gómez.
“Se ofrecen a cocinarte la cena o a llevar a tu hijo a casa de la escuela, y comienza con cosas muy pequeñas”, dijo Gómez. “El cinturón de seguridad consiste en que hayas tenido estas conversaciones con tu hijo y luego les creas cuando dicen que alguien les tocó la vagina o el pene, y el siguiente paso es decir: ‘Está bien, vamos a mantenerte seguro’”.
Los niños que han tenido estas conversaciones y cuyo abuso se aborda rápidamente tienden a necesitar menos apoyo a largo plazo, agregó Gómez.
“El abuso infantil no se limita a una sola raza, religión o nivel socioeconómico,” dijo Cloud. “El abuso puede ocurrir en cualquier lugar, incluso si es entre niños o entre un adulto y un niño. Siempre tengan esas conversaciones”. Si bien los niños no son responsables de prevenir su propio abuso ni de su seguridad, dado que es responsabilidad de sus cuidadores y adultos en su vida, informarles de forma saludable que existen peligros en el mundo puede contribuir a su seguridad.
“A veces, vemos a un niño por abuso y una madre revela que sufrió abuso de niña y que nunca se denunció”, dijo Cloud. “El año pasado atendimos a 179 niños y sabemos que hay más niños afectados”.
El Centro Regional River Bridge recibe referencias de las fuerzas del orden y servicios humanos durante los casos, y cualquier persona puede solicitar ser referida al Centro si lo necesita mientras el caso está en curso.
Para denunciar abuso o negligencia, llame al 1-800-264-5437. Para obtener más información sobre el Centro Regional River Bridge, visite riverbridgerc.org/.
Traducción por Edgar Barrantes
