Cuatro maestros internacionales viviendo hacinados en una casa de dos habitaciones. Una maestra de primer año que depende del apoyo económico de sus padres. Un educador con años de experiencia que destina más del 40% de su salario al pago de la renta.
La vivienda asequible sigue estando fuera del alcance de los maestros en todo Colorado, ya sea en distritos rurales, suburbanos o urbanos. Esto obliga a muchos a destinar una parte insostenible de su sueldo a la vivienda y a recurrir a medidas drásticas para asegurar un lugar donde vivir.
“La función de los distritos es garantizar que cada estudiante reciba la educación que le permita descubrir sus habilidades, lo que disfruta hacer, lo que el mundo necesita y por lo que puede recibir un pago. La responsabilidad debería recaer en los gobiernos estatales y locales, no en los distritos escolares”. Van Arsdale también coordina el Impact Career Innovation Center
Un informe publicado el miércoles por la organización sin fines de lucro Keystone Policy Center destaca las dificultades que enfrentan los educadores para encontrar vivienda asequible, un factor que influye en gran medida en su decisión de trabajar en un distrito y permanecer en la profesión. El estudio se basa en las respuestas de más de 3,200 educadores encuestados en 10 distritos de Colorado a principios de este año, como parte de un enfoque en iniciativas de vivienda para el personal.
El informe, titulado “No podemos vivir donde enseñamos”, amplía hallazgos de dos estudios previos publicados por la organización sobre la escasez de viviendas asequibles para educadores y personal escolar, así como la manera en que la disponibilidad de vivienda impacta la atracción y retención de maestros.
Según el informe —que sigue las historias individuales de docentes buscando vivienda adecuada y cómo los distritos están creando más opciones— muchos maestros de Colorado deben destinar una porción desproporcionada de sus ingresos a la renta. En cuatro de los distritos encuestados, más de la mitad de los maestros reportaron gastar más del 40% de su salario en vivienda. La preocupación por la asequibilidad y disponibilidad de vivienda es alta entre maestros de todas las edades y niveles de experiencia, y el informe advierte que la falta de vivienda podría empujar a los educadores a buscar empleo en otros distritos que ofrezcan soluciones habitacionales.
Mientras tanto, la mayoría de los encuestados dijo que estaría dispuesta a alquilar una vivienda en la que el propio distrito fuera su arrendador, un hallazgo que sorprendió a Van Schoales, director senior de políticas del Keystone Policy Center, quien señaló que esta respuesta refleja la desesperación de los maestros por encontrar un lugar que no desborde su presupuesto.
“Los maestros quieren vivir cerca de donde trabajan, y cuanto más cerca estén, mayor es el impacto que eso tiene en su capacidad de ser efectivos”, dijo Schoales a The Colorado Sun. “Conocen mejor a su comunidad, pierden menos tiempo en traslados y son personas más felices porque tienen un lugar donde vivir”.
El tema de la vivienda se ha convertido en una prioridad urgente para los líderes de los distritos, agregó Schoales, pues existe un reconocimiento generalizado de que si no participan en la búsqueda de soluciones habitacionales, corren el riesgo de perder a maestros de calidad.
La falta de vivienda se ha convertido en una crisis en los últimos años, especialmente para los educadores con salarios bajos, explicó. Esa crisis varía según la región: en comunidades de montaña, zonas turísticas y partes del Front Range, los precios de la vivienda son elevados, mientras que en áreas rurales la limitación es la escasa disponibilidad de unidades.
Uno de los distritos que ha tomado medidas proactivas es el Distrito Escolar Byers 32-J, ubicado a 50 millas al este de Denver y que atiende a unos 500 estudiantes. Este distrito lleva décadas ofreciendo vivienda a su personal: dispone de 10 apartamentos de una a tres habitaciones, con rentas considerablemente más bajas que en el mercado local. Por ejemplo, un apartamento de una habitación cuesta $250 al mes más electricidad, con un incremento anual de $40. En Byers, el salario inicial de un maestro es de $50,218 anuales.
El distrito también posee dos casas para empleados, incluida una adquirida recientemente por unos $500,000 de su fondo general. En el terreno de 2.5 acres donde se ubica una de ellas, el superintendente Tom Turrell planea desarrollar un centro agrícola y corrales para que los estudiantes críen ovejas o cabras.
Actualmente, casi todas las unidades están ocupadas y hay una lista de espera de tres empleados para el único departamento disponible, que está en remodelación.
Turrell señaló que ofrecer vivienda al personal ha fortalecido el sentido de comunidad: los maestros se reúnen para hacer parrilladas y ver juntos los partidos de fútbol americano los viernes por la noche. Además, la medida ha atraído a docentes que de otra forma podrían optar por distritos cercanos con semanas de cuatro días o por áreas metropolitanas con salarios más altos pero costos de vivienda mucho mayores.
“Acepto que ser arrendador ahora es parte de mi trabajo, porque me ha permitido tener maestros calificados en las aulas y darles una mayor estabilidad financiera”, dijo Turrell. “Quiero ser esa persona que los ayude a superar el momento difícil y que luego puedan decir: ‘Ya no vivimos de cheque en cheque. Ahora tenemos ahorros para emergencias’”.
Un enfoque equilibrado: vivienda y salarios
Nathan Van Arsdale, empleado del Distrito Escolar de Durango desde hace casi tres años, ha tenido que sortear varios obstáculos para tener un techo propio. Antes de ser técnico audiovisual en 2023, trabajó como camarógrafo, fotógrafo, reparador y guía de actividades al aire libre. Logró alquilar una vivienda antes de que el dueño la pusiera a la venta y consiguió un compañero de cuarto para reducir gastos.
Sin embargo, tuvo que mudarse cuando el propietario subió la renta y rescindió el contrato. Más tarde, alquiló un apartamento anexo en una casa, pero un mes después perdió su empleo. En un momento, gastaba más de un tercio de su salario en renta y se las arreglaba tomando fotos de bienes raíces y recolectando fruta de árboles en espacios públicos para complementar su alimentación.
Su suerte cambió al poder comprar un condominio de $250,000, gracias a un préstamo de su fondo de jubilación y a la ayuda de la organización HomesFund, que ofrece asistencia para el pago inicial. La vivienda, de 450 pies cuadrados, es para él “un sueño hecho realidad”.
Actualmente, Van Arsdale también coordina el Impact Career Innovation Center del distrito y planea quedarse hasta jubilarse. El Distrito Escolar de Durango, por su parte, destina unos $20 millones de un bono aprobado por los votantes para desarrollar vivienda para su personal.
Aunque reconoce el esfuerzo, Van Arsdale cree que no debería ser tarea de los distritos escolares actuar como arrendadores.
“La función de los distritos es garantizar que cada estudiante reciba la educación que le permita descubrir sus habilidades, lo que disfruta hacer, lo que el mundo necesita y por lo que puede recibir un pago. La responsabilidad debería recaer en los gobiernos estatales y locales, no en los distritos escolares”, dijo.
Esa postura coincide con una de las recomendaciones del informe del Keystone Policy Center: que organismos externos, consultores y agencias gubernamentales ayuden a los distritos a encontrar soluciones de vivienda para los docentes. El informe señala que el estado y las organizaciones sin fines de lucro pueden contribuir facilitando el intercambio de ideas y recursos para desarrollar proyectos habitacionales a gran escala y atraer a desarrolladores.
Los distritos, añade el informe, deben escuchar a los maestros para identificar sus necesidades de vivienda, al mismo tiempo que avanzan en el aumento de salarios. Schoales subraya que resolver el problema requiere atender ambas áreas por igual:
“Si solo se aumenta el salario, no se resolverá el problema porque en muchos lugares el costo de la vivienda es tan alto y crece más rápido que los sueldos”, explicó. “En algunas zonas, como en el Front Range, habría que duplicar los salarios, y eso no va a suceder”.
