El Día de las Madres es un día muy especial para mí. Siempre sé que se acerca esta fecha cuando veo que los tulipanes que mi mamá plantó en la tierra hace muchos años comienzan a florecer. Desde que era niña, recuerdo que, en cuanto llegaba la primavera, a mi mamá le encantaba salir a nuestra yarda y cuidar su jardín. Es una de sus cosas favoritas.

Los tulipanes que florecen cada año no solo son un recordatorio de que ha llegado la primavera, sino también de que mi mamá tiene intereses y pasiones más allá de ser madre. No solo es mamá: también es, simplemente, una mujer.

Recientemente, ha surgido una nueva tendencia en las redes sociales en la que las mujeres hacen videos hablando sobre aspectos de ser mujer, y les agregan una descripción que dice: “Solo soy una mujer”. Esta tendencia abarca de todo: desde nuestros intereses hasta los desafíos que enfrentamos por el simple hecho de ser mujeres.

Existen distintas opiniones al respecto. Algunas personas opinan que es una tendencia negativa porque refuerza estereotipos dañinos sobre la mujer. Por ejemplo, hay videos que mencionan cómo a veces se nos olvidan las cosas o cómo no siempre lo sabemos todo, y hay quienes responden diciendo: “Ser mujer no justifica ser distraída o ignorante”. Pero yo no veo esos videos como una burla o como algo que refuerce estereotipos negativos. En realidad, todos, sin importar el género, somos a veces distraídos o no lo sabemos todo.

Para mí, es empoderador ver a otras mujeres hablando sobre sus desafíos o experiencias únicas como mujeres, porque me hace sentir que no estoy sola. Saber que muchas otras sienten y viven cosas similares me da fuerza. Al final, todas somos, simplemente, mujeres. Yo interpreto esta tendencia y el dicho “Solo soy una mujer” como una afirmación que dice: “¡Soy mujer y estoy orgullosa de todo lo que eso implica!”

Pero ese mensaje va aún más allá. También es decir: “¡Soy una mujer! Tengo mis hobbies, mis pasiones, mis cosas favoritas y mi personalidad única.” Es decir: “Soy una mujer, pero también soy mucho más que eso.”

Como mujeres, a veces enfrentamos discriminación por nuestro género, y muchas veces nuestros roles en la vida —como hijas, madres, hermanas o abuelas— nos colocan en una caja de la que parece imposible salir. Tal vez te estás preguntando: ¿Cuál es el punto de todo esto?

Bueno, piensa en esto: cuando éramos niños, muchos de nosotros creíamos que el nombre de nuestras madres era “mamá”. ¿Recuerdas el momento en que descubriste que en realidad tenían un nombre propio y una identidad más allá de ser tu mamá?

Para este Día de las Madres, quiero invitarte a que, mientras celebras a tu madre, también celebres a la mujer que es fuera de su rol como madre.

Celebra a la joven que bailaba en su cuarto por las mañanas al ritmo de Menudo, la que se delineaba los ojos para verse guapa, la que salía al centro comercial con sus amigas, la que se desvelaba estudiando para un examen importante y, aun así, se levantaba temprano para tomar el microbús y luego el metro, trabajando y estudiando a la vez.

Celebra a la niña que soñaba, que jugaba, que lloraba cuando tenía miedo por las noches.

Celebra a la mujer que tomó decisiones importantes, que se arriesgó a abrir su corazón al amor, que buscaba el consejo de sus padres, y que ha sacrificado tanto por ti y tu familia.

Yo entiendo que, a veces —y más siendo mujeres— discutimos con nuestras madres, tenemos diferencias y guardamos rencores. Entiendo ese coraje. Pero algo que siempre me recuerdo (y esto es desde mucho antes de que comenzara la tendencia) es que, al final del día, mi mamá también es una mujer. Como yo, no es perfecta. Pero aun así, la quiero, como sé que ella me quiere a mí.

Un llamado a las montañas