Sacando la filosofía a las calles

En mi primera caminata por el sendero del Bosque Nacional de Ocala, Florida, me recibió un bosque amable al caminar, de terreno arenoso, contrastante en su flora y fauna. Largos y delgados pinos creciendo a lado de robles y palmeras, daban la extraña bienvenida a un ecosistema cuasiprehistorico, donde la presencia de osos negros de Florida, venados cola blanca y reptiles propios del pantano como los caimanes, variedad de ranas y serpientes, solo hacían aún más surrealista el recorrido.
Dentro del bello bosque, tuve la fortuna de encontrarme con Aron y Hanna quienes descansaban junto a su perro en el cruce de dos senderos. La charla fue inevitable y sirvió de pretexto para el reposo del cuerpo, fatigado después de algunas horas andando. La pareja de senderistas mencionaron que aquel era su segundo día de entrenamiento. Tienen meses planeando realizar el sendero de los Apalaches, el más extenso del mundo, con más de 3500 kilómetros, comenzando en el sur de Georgia y terminando en Maine. Aquella impresionante travesía, realizable de 5 a 7 meses, con un promedio de más de 20 kilómetros de recorrido diarios, es para lo que Aron y Hanna se preparaban física y mentalmente.
Esa charla, me ha llevado a la reflexión del caminante, aquella antigua técnica que Aristoteles practicaba en sus observaciones de la naturaleza y que posteriormente la llevó a cabo junto a sus discípulos entre los jardines y alrededores de su escuela llamada Liceo. Por estos paseos reflexivos los estudiantes fueron llamados peripatéticos, que proviene del vocablo griego peripatein, que puede significar dar vueltas, dar un paseo o una caminata.
Esta técnica filosófica la podemos rastrear con anterioridad a Aristoteles, en una curiosa historia narrada por Platón en su diálogo el Teeteto, donde Tales de Mileto, observando el cielo estrellado y manteniéndose absorto en su reflexión sobre el movimiento de los astros, mientras daba un paseo, cayó en un pozo. Los pensadores caminantes dieron inicio a lo que hoy conocemos como filosofía.
Posterior a los griegos podemos resaltar las caminatas de Tomas de Aquino por todo el continente europeo, donde, al igual que su maestro filosófico Aristoteles, reflexionaba sobre sus ideas y escritos, observaba y analizaba. Otro ejemplo es el de Hegel, en su recorrido por los Alpes berneses, entre las montañas, bosques y glaciares.
Un gran amigo de Hegel fue Friedrich Hölderlin, más conocido por su obra poética, aunque gran pensador y amante de la naturaleza. Caminante asiduo de los bosques alemanes, los Alpes berneses y los Alpes suizos donde observaba los paisajes para plasmarlos en su poesía, un ejemplo es su poema titulado, “El paseo”: Imágenes amables de este valle, por ejemplo, los huertos y los árboles. Después el angosto senderillo y el arroyo, que apenas es visible; que hermosa, en la serena lejanía, resplandece la espléndida visión de este paisaje, que con tanto gozo visito, cuando el clima se suaviza.
Siguiendo con algunos ejemplos, los filósofos Arthur Schopenhauer e Immanuel Kant fueron conocidos por ser caminantes puntuales a los parques y jardines, de las alamedas y kioskos alemanes. Además del nómada filosófico, Friedrich Nietzsche, el cual escribe en su libro Ecce Homo, “no hay que dar crédito a ningún pensamiento que no haya surgido al aire libre”. Caminante incansable entre senderos, bosques y montañas, lo llevaban al aislamiento continuo, sustituyendo las bibliotecas por los espacios abiertos, llegando a practicar el senderismo de manera continua, llegando a tener jornadas de más de diez horas de caminata diarias. En su libro La Gaya Ciencia, dice: “No somos de esos que solo rodeados de libros, inspirados por libros, llegan a pensar- estamos acostumbrados a pensar al aire libre, caminando, saltando, subiendo, bailando, de preferencia en montañas solitarias o en la orilla del mar donde hasta los caminos se ponen pensativos”.
Los senderos, montañas, ríos, valles y colinas, invitan al caminante y al pensador a congeniar, a mezclarse entre las particularidades de sus paisajes, donde el andar no reclama sólo otorga, libertad y reflexión.
